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Foto: Alessandro Maradei

Joaquín Sequeira: “La gente precisa algo grande de lo que enamorarse”, y el rediseño de las transferencias “es lo más fuerte”

El diputado del MPP considera que el Congreso del FA “tiene que reivindicar los logros alcanzados” por el gobierno, pero que también “la fuerza política tiene que dar ciertas discusiones”.

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Joaquín Sequeira tiene 34 años y casi una década de trabajo parlamentario. Es economista por la Universidad de la República y magíster en Desarrollo Económico y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Aunque hoy es diputado suplente por el Movimiento de Participación Popular (MPP) del Frente Amplio (FA), “suplencias no faltan”. Sequeira tiene un despacho propio en el anexo del Palacio Legislativo y asume en lugar de cualquiera de los diputados de Montevideo. Su primer rol en el Parlamento fue como asesor de Bettiana Díaz, en 2017, cuando el FA recuperó la mayoría en la Cámara de Diputados tras la renuncia de Gonzalo Mujica. Reconoce que el trabajo de asesor siendo oposición “es mucho más divertido, porque tenés que leer mucho más, ver la letra chica, averiguar por dónde viene la jugada”, mientras que, siendo oficialismo, “tenés una duda, levantás el teléfono y llamás al Poder Ejecutivo”. Como legislador, sin embargo, le tocó estrenarse en un escenario sin mayorías para el oficialismo, lo cual “le agrega una cuota de adrenalina extra a la tarea”.

Lo que más destaca en su despacho es una fotografía del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra ocupando un campo, del brasileño Sebastião Salgado, que le regaló el diputado Sebastián Valdomir cuando asumió. El miércoles, cuando recibió a la diaria, posferiado y Día del Comité, estaba solo, trabajando en un informe para la bancada de senadores del FA sobre los resultados del tratamiento del proyecto de ley de Rendición de Cuentas en Diputados. No pasó una semana desde que finalizó su votación. Mientras conversa, el Senado aprueba el proyecto de ley de competitividad y reducción del costo de vida, que ahora pasará a Diputados. Al mismo tiempo, corre el plazo de 180 días –establecido en el acuerdo entre Cabildo Abierto y el oficialismo por la Rendición– para aprobar el proyecto de “protección de deudores de bajos recursos”, que fue presentado por el FA y que está en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados desde junio de 2025.

A pesar de que hubo artículos rechazados o que se desglosaron para su tratamiento en comisión, considera que la Rendición “salió mucho más alineada con nuestras expectativas que el presupuesto”. Por el contrario, la negociación “fue mucho más dura”. “Lo dije en el Día del Comité, a todos los comités que fui, cuando vino el presupuesto, vino el Pacha [Alejandro Sánchez, secretario de Presidencia], se juntó con la bancada del FA y transmitió que ya había un canal abierto con Cabildo Abierto y que se iba a negociar por ahí. Acá no estaba ese canal; la negociación vino más sobre el tramo final, con algunas idas y vueltas, lo cual nos puso bastante nerviosos, pero bueno, salió bien”.

¿Cómo valorás los cambios que se introdujeron a la asignación única para las infancias a partir del acuerdo con Cabildo Abierto?

Nosotros ya sabíamos que las transferencias únicas, como venían de la recomendación del Diálogo Social, era imposible que tuviéramos los votos para que se votaran así. Fundamentalmente, el tema de las condicionalidades. Cuando el Poder Ejecutivo envía el proyecto al Parlamento ya viene con un 20% de las transferencias con condicionalidades, en el entendido de dar una señal y decir: “No es la recomendación, no es lo que queremos, pero vamos un poco por acá para negociar”. Cabildo dice: “Nosotros queremos el 100% de las condicionalidades”, y acordamos en un 40%. Tuvimos que ceder un poco, pero forma parte de esto de no tener mayorías. Más allá de que se mantenga ese porcentaje de condicionalidades, es el proyecto de mayor impacto, mayor magnitud, que tiene este gobierno en materia de protección social. Va a mover la aguja en materia de pobreza infantil, que hace más de diez años que estamos estancados ahí. En esto de que se le demandan cosas importantes al gobierno y que está costando enamorar y transmitir a la barra, me parece que es lo más transformador que tenemos. Así que no fue 100% como queríamos, pero yo por lo menos estoy feliz con esto. La mayor alegría que tuve como legislador y trabajando acá creo que fue esta votación el jueves pasado.

¿Cómo va a quedar finalmente el cobro de la asignación?

Va a ser a través de medios electrónicos. Lo que preocupa a Cabildo es hacer la trazabilidad. No condicionar, como es la TUS [Tarjeta Uruguay Social], pero sí que se le pueda hacer una trazabilidad a la partida. Hay una línea abierta todavía entre el Ministerio de Economía, Presidencia y Cabildo Abierto para ver cómo la reglamentación instrumentaliza esto. Se habló de conversar con los bancos a ver si se puede hacer que no se retire en efectivo. Hay un universo grande de posibilidades y vamos a seguir negociando para ver bien cómo lo aterrizamos. Porque también, al ser un sistema tan sofisticado y tan complejo, tenés universos distintos de beneficiarios que ya cobran de maneras distintas y la idea es no perjudicar a nadie.

¿Ha cambiado el diálogo y la negociación con Cabildo Abierto entre el presupuesto y la Rendición?

No cambió el vínculo. Sí fue un poco más dura la negociación, por motivos obvios: ya no es el primer año de gobierno, Cabildo recibió muchas críticas de su electorado, de la derecha, por apoyar en su momento el paquete de los impuestos. Y, obviamente, el hecho de que el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Partido Independiente hayan hecho esa conferencia de prensa. No es lo mismo que negociar el presupuesto cuando [el diputado nacionalista Sebastián] Andújar dijo, desde el día uno, que iban a votar en general. Que se cierre el resto de la oposición y te dejen un único canal de negociación, eso a Cabildo lo empodera. Es lógico que sea así.

Proyectos de deudores y de competitividad

Mencionabas el rol de Sánchez en el presupuesto, y en esta oportunidad de la Rendición también se destacó su rol desde el oficialismo. ¿Cómo ves su trabajo de negociación?

El Pacha es muy bueno negociando. Estuvo años acá. Ahora está en el Ejecutivo, pero conoce la dinámica parlamentaria, conoce a los legisladores, porque fue legislador con muchos de ellos, con [Álvaro] Perrone, con Silvana [Pérez Bonavita], con [Guido] Manini Ríos y con varios del Partido Nacional, del Partido Colorado. Obviamente, tiene un rol central en el Ejecutivo y aprovecha todo ese know how para participar en las negociaciones y abrir los caminos.

Desde la oposición se plantea que todavía está por verse si los acuerdos con Cabildo Abierto terminan configurando una suerte de coalición parlamentaria. ¿Qué responden desde el Frente Amplio?

Nosotros hemos aprobado cosas con todos los partidos en este año y medio. Tratamos de ir a todos los frentes. En este caso, nos dejaron uno solo porque el resto se fue a la trinchera, pero tratamos de negociar con todo el espectro político, incluso con [Gustavo] Salle. Después se ha dado esto de que Cabildo se ha mostrado más abierto a negociar desde el día uno, en casi todos los temas, menos [el salvataje de la] Caja de Profesionales. Después sabemos que con Cabildo tenemos diferencias insalvables y, en eso, ellos también tienen un principio de realidad: no plantearon en la negociación de la Rendición de Cuentas liberar a los presos de Domingo Arena, porque sabían que para el Frente Amplio eso no es un marco de negociación posible. Plantearon cosas que nosotros podríamos llevar y en lo que podía haber puntos de acuerdo.

El proyecto de deudores es un punto en común de las agendas del Frente Amplio y de Cabildo Abierto.

Por ejemplo. No formaba parte de la Rendición de Cuentas, pero nosotros estamos tratando un proyecto que presentó la bancada del Frente Amplio, Cabildo tiene su proyecto, y bueno, apareció como un tema de negociación, porque hay puntos en común. El proyecto que planteaba Cabildo, por el que juntó firmas, tiene el mismo objetivo, pero explora caminos diferentes a lo que es el proyecto del Frente Amplio. Ahora tenemos un compromiso de 180 días, vamos a tener que buscar un acuerdo que contemple las cosas que están contempladas en ambos proyectos de ley.

¿Cómo se prevé abordar el otro planteo de Cabildo Abierto, que es que se incorpore a los entes públicos?

No tenemos muy definido todo. En la Comisión de Hacienda, el proyecto que presentó la bancada del Frente Amplio, que se estaba trabajando antes de arrancar la Rendición, ya recibió un montón de delegaciones, y la idea era, en esta etapa, recibir algunos actores más pesados y tratar de ir definiendo y aterrizando eso. El proyecto de ellos era más un limpiasueldo, era como una cosa media tajante, y el nuestro va por un camino más de caso a caso, de que, con la Unidad de Defensa del Consumidor, se abriera un espacio de negociación entre el acreedor y el deudor. Hay que ver cómo se comulgan esas dos cosas. Si se mantienen las dos, si se va con la de Cabildo. Nosotros también teníamos un capítulo que era más referido a la información y a cómo se contraen los créditos, para que se le aclare a la persona qué tasa de interés se le cobra, qué pasa si se atrasa, ciertas prácticas que no están buenas por parte de quienes otorgan créditos. Había un universo de cosas que en los proyectos de Cabildo no estuvieron arriba de la mesa y que creo que es importante mantenerlas, y no creo que Cabildo vaya a estar en contra de eso tampoco. Hay que ver ahí cómo matcheamos eso, pero, en cualquier caso, creo que, salga lo que salga, va a ser un muy buen proyecto.

Ahora entra a la Cámara de Diputados el proyecto de ley de competitividad y reducción de costo de vida. Hay algunos planteos de la oposición que no tuvieron éxito en el Senado. ¿Esperan niveles de unanimidad como los de la cámara alta o que se abra un poco más la negociación, dada la falta de mayorías?

El proyecto de competitividad lo que pasa es que tiene muchos artículos. Tiene más de 200 artículos y, en esto de que son reformas micro, toca un montón de áreas, de sectores, cosas muy específicas. Hay artículos que son los más importantes, como el del importador exclusivo. Después, hay una letra chica a la que todavía no le hincamos el diente, porque entró junto con la Rendición y pasó para el Senado. Sabemos que hay, a priori, en los titulares, una buena recepción de legisladores del Partido Nacional, del Partido Colorado. Creo que no va a ser un proyecto que tenga problemas para su aprobación. Después tenés que ir a la letra chica. De pronto hay un artículo que a vos te parece intrascendente y aparecen un montón de voces en contra de eso y bueno, capaz que hay que negociar y ceder alguna. Lo mismo, vamos a ganar, vamos a perder, nunca va a salir como queremos en esto que no tenemos mayoría, pero entiendo que es un proyecto que va a ser aprobado.

El “frágil equilibrio” de Orsi y la figura de Sánchez

Decías que la política de transferencias es lo más transformador del gobierno, en tiempos en los que está costando enamorar. ¿Por qué creés que está siendo así y que el gobierno está enfrentando niveles tan bajos de aprobación?

Creo que es bastante multicausal el fenómeno. Por un lado, desde 2015 en adelante, que terminó el ciclo de crecimiento económico, Uruguay entró en una etapa de crecimiento más lento. En los últimos diez años crecimos solo al 1%, que no son tasas suficientes. Por una cuestión de restricción presupuestal, siempre es más fácil ser audaz cuando tenés plata. En los últimos diez años, tanto el tercer gobierno del Frente Amplio como el gobierno de la coalición no han mostrado grandes resultados. Si yo digo, ¿de qué estamos orgullosos como uruguayos que haya sucedido en el país en los últimos diez años? No ha pasado nada grande. Creo que hay cierto cansancio por parte de la gente. Este gobierno está pagando un poco el costo de los gobiernos anteriores.

[También] hay una cuestión de cambio de época, de cómo se comunica la política, de cómo transmitir en la inmediatez de las redes. Hay un desafío del sistema político de repensar cómo comunica. En eso [Luis] Lacalle Pou era muy bueno. Y después tenemos las limitaciones propias del gobierno que no las voy a evitar: desde la figura de [Yamandú] Orsi, que se ha mostrado entreverado por momentos y no ha ayudado a allanar, a diferencia de Lacalle Pou, que era lo contrario en eso. No digo profundo, porque no creo que tenga un discurso profundo, pero era bastante aterrizado. Yamandú se muestra más entreverado. Es la impronta de él. Es la impronta que lo hizo ganar y que a la gente le gustaba. Pero es cierto que, a la hora de comunicar cuestiones de gobierno, por ahí genera algunas rispideces, algunas molestias en la población, y eso no está ayudando.

Tenemos un tema interno en la fuerza política que es que no se está sintiendo identificada con un montón de cosas. Ahí tenemos problemas de comunicación interna. También creo que la fuerza política en algunas cosas está envejecida, no generacionalmente, sino en las preocupaciones. Tenemos una fuerza política que se preocupa por cosas que no son las preocupaciones de la gente. También es cierto que, si yo no atiendo esas preocupaciones, ellos son los que después salen a hablar con la gente. Tenemos que generar ese vínculo para que salgan a hacernos la masa crítica que precisamos y les tenemos que dar cosas que puedan enamorar.

Como la política de transferencias a la infancia.

En esto de que hace años que no tenemos resultados desde el sistema político y de que la gente está precisando algo grande de lo que enamorarse, me parece que el rediseño de la política de transferencias es lo más fuerte. Estamos hablando de que tenemos la pobreza estancada hace más de diez años. Pasó un gobierno del Frente Amplio por ahí y no movió la aguja; pasó la coalición y no movió la aguja. Bueno, ante ese letargo que tenemos, nosotros vamos a retomar una senda a la baja de la pobreza que se va a ver a partir del año que viene y se va a ver durante varios años, suponiendo que todo se mantenga estable.

En esto de que Orsi tiene cierta dificultad para transmitir mayor claridad, ¿cómo ves la figura de Sánchez en la comunicación del gobierno?

El Pacha tiene muy bien la parte política e incorpora conceptos técnicos a un discurso político bastante más llano y logra transmitir cuestiones que, por ahí, si las explica un cuadro político más técnico, le cuesta más aterrizarlo. Hace bastante bien esa síntesis. Eso, a la hora de salir a hablar con la barra, me parece que es fundamental. Y después está el presidente y hay cuestiones que es el propio Orsi el que las puede resolver o solucionar, por más que tenga el equipo y el Pacha esté tratando de hablar con la barra. Este runrún que hay en torno a las declaraciones o a la comunicación de Presidencia, mientras Orsi no logre –él personalmente– tratar de aterrizar un poco más algunas cosas, no las va a poder resolver otro. También, y quiebro una lanza, él se muestra muy auténtico. No trata de tener una figura impostada o hacer declaraciones que no sean desde su forma, lo cual en términos políticos me parece que está bueno, o es hasta novedoso. Es como un frágil equilibrio que tiene que resolver, entre no perder autenticidad y su forma, que creo que está buena, y lograr hacer síntesis de algunos temas sobre los que la gente está preocupada o cuestiones que no terminan de quedar claras.

¿Qué expectativas hay sobre el Congreso del FA de octubre? ¿Se espera que empiece a marcar una línea también de cara a 2029?

El congreso no puede ser solo una evaluación del gobierno. Tiene que haber evidentemente una pata sobre qué hizo el gobierno hasta ahora, con qué profundidad transitamos algunos cambios, [si] hay margen para transitar cambios más profundos. Ahí tenemos discusiones grandes internas, y no te digo saldar, pero sí encontrar puntos de acuerdo. Reivindicar también. Yo creo que el congreso tiene que reivindicar los logros alcanzados también en este año y medio. Después hay una cuestión de que no se nos puede ir todo en la discusión entre la fuerza política y el gobierno, porque creo que también la fuerza política tiene que dar ciertas discusiones. Lo que decía hace un rato, a veces nos descolgamos con discusiones que solo nos importan a nosotros y que a la gente que está por fuera de la militancia del Frente Amplio no le mueven la aguja, o cómo generamos mecanismos de participación.

Sánchez dijo hace unos días que, si Lacalle Pou vuelve a ser candidato, “le vamos a ganar porque va a haber un buen gobierno”. ¿Lo ves así? ¿En la militancia hay esa confianza?

La fe es lo último que se pierde. Más allá de eso, hablando en serio, yo estoy convencido de que estamos haciendo cosas que están buenas. Es cierto que tenemos niveles de aprobación bajos, [pero] estoy convencido de que vamos a revertirlos. Con algunas políticas importantes, la política de transferencias a las infancias, el mes que viene entra también la baja de la edad de retiro a los 60 años, que me parece que es algo pesado y que también es una preocupación de la gente. Tenemos el proyecto de deudores, que alcanza aproximadamente unas 800.000 personas, o sea, hay un universo grande de temas importantes a los que les estamos hincando el diente. Si logramos bajar el precio de algunos bienes de consumo básico en el proyecto de competitividad, para la gente sería un logro enorme y lo recontra valoraría. Estoy convencido de que vamos a llegar mucho más fuerte a 2029 de lo que estamos ahora, y después habrá que ver cómo se da la elección. Lacalle está en una situación bien cómoda también. No hacés una buena, pero tampoco hacés una mala. Está como en ese limbo. Hay que ver también cuando vuelva. Creo que ni nosotros estamos tan mal como nos pintan, ni ellos están tan bien como quieren hacernos creer. Así que, la elección, sea lo que sea, va a ser mucho más reñida del imaginario que tenemos en este momento.

¿Ves alguien en el FA que pueda ser el candidato en 2029?

No sé todavía, falta.