La maestra Mirtha Ancellotti presentará este viernes, a las 19.30, en el Gran Hotel Concordia, su segundo libro de poemas, titulado Tengo Alas. A sus 82 años, su historia representa una invitación a descubrir nuevas posibilidades en cualquier etapa de la vida.
Después de dedicar toda una vida a la enseñanza, comenzó a escribir a los 78 años, casi sin proponérselo, y encontró en la poesía una forma de expresar sentimientos, experiencias y emociones que, según cuenta, habían permanecido guardados durante mucho tiempo.
En diálogo con la diaria, Ancellotti recordó que “el cambio llegó después de la pandemia”, cuando la distancia con sus hijos y nietos, que viven en otras ciudades, modificó una rutina familiar que hasta entonces la mantenía en constante movimiento. “Mis hijos fueron a estudiar a distintas ciudades y ya se erradicaron allá, formaron sus familias. Nosotros, después, éramos los abuelos de la ruta, porque estábamos de un lado para el otro. Vimos nacer y crecer a nuestros nietos, hasta que llegó la pandemia y eso se terminó”, relató.
La interrupción de aquellos viajes y encuentros le hizo sentir el llamado síndrome del nido vacío. En busca de una actividad que la ayudara a transitar esa nueva realidad, encontró el taller de lectura Puro Cuento y Poesía, de Uni 3, coordinado por la maestra María Cristina Testa. Allí se integró a un grupo que se identifica como Círculo Mágico, una experiencia que considera fundamental en su vida. “Un buen día me despierto y empiezo a escribir. Yo siempre digo que todos esos versos que estuvieron años guardados aparecieron de golpe”, expresó.
Su primer libro, Dulce locura, fue una sorpresa organizada por sus hijos para celebrar sus 80 años. La familia seleccionó los poemas y preparó la publicación como un regalo que la propia autora recibió con asombro. “Yo empecé a escribir a los 78 años. Toda la vida maestra y nunca se me ocurrió. La verdad es que esto es una locura lo que me ha pasado”, comentó.
Actualmente, Ancellotti lleva escritos más de 400 poemas y se dispone a presentar Tengo alas, un libro cuya selección estuvo a su cargo y que considera una muestra de su crecimiento como escritora. “En este me veo como que he madurado y he avanzado. Tienen temas más sensibles todavía; la creatividad aumentó”, explicó.
El título de su segundo libro tiene un significado que trasciende la experiencia personal de la autora. Para Ancellotti, “las alas te dan todo, te dan la libertad, la independencia, la creatividad. Es un anhelo que siempre se ha tenido. Me parece que es una forma de avanzar, de no quedar, de conocer espacios nuevos. Me da esa sensación de libertad, de fluir, de paz”, señaló.
Esa imagen también resume su propio recorrido, el descubrimiento tardío de una vocación que le permitió ampliar sus horizontes personales y encontrar una nueva forma de expresarse.
Por eso, uno de los mensajes que desea transmitir a sus nietos y a las nuevas generaciones es que siempre existe la posibilidad de comenzar algo diferente, independientemente de la edad. “Siempre se puede empezar un camino nuevo, siempre. No hay edad para eso, es solamente ponerle las ganas, ponerle garras, ponerle amor a la vida”, afirmó.
La escritora considera que su experiencia es una demostración de que los proyectos personales no tienen por qué quedar limitados por el paso del tiempo. Para ella, lo importante es encontrar aquello que despierte entusiasmo y animarse a transitar un camino desconocido. “Lo que pienso es que todo se puede, que si hay ganas y uno encuentra la fuerza, no hay que quedarse y seguir adelante, porque la vida es tan linda. Nunca es tarde para empezar un camino o un proyecto nuevo”, expresó.
El amor como esencia de la vida
“La sensibilidad y el romanticismo” son los principales motores de su poesía. Entre los temas que la convocan el amor ocupa un lugar central, tanto en los vínculos familiares y de amistad como en una dimensión más amplia, relacionada con la convivencia humana. “El amor es fundamental. Soy una persona que tengo mucho amor y lo doy, no me lo guardo. Cuando uno da algo, luego recibe. Yo digo que es por eso que lo recibo a manos llenas”, sostuvo.
Para Ancellotti, el amor constituye la esencia de la vida y su ausencia ayuda a explicar muchos de los conflictos que atraviesan a la humanidad. “Nunca hay problema por mucho amor. Puede haber problemas por poco, por carencia de amor, pero cuando hay amor, no”, manifestó.
Esa mirada también aparece en sus poemas. Entre ellos mencionó “Oh paloma”, una composición en la que expresa “su preocupación por la falta de amor en el mundo”. Con su escritura busca compartir una manera de entender la vida, basada en la sensibilidad, la generosidad y la convicción de que aquello que se entrega a los demás puede volver multiplicado.
Ancellotti atribuye buena parte de su transformación a la experiencia compartida en el taller de Uni 3. Allí no solo encontró un espacio para desarrollar su creatividad, sino también un grupo humano con el que construyó vínculos de afecto, solidaridad y acompañamiento. “Si no hubiera sido Cristina y si no hubiera sido ese grupo, estoy segura de que no habría escrito. Todas nos sentimos muy unidas, es un bloque ese grupo y todas nos ayudamos, nos contenemos, nos damos ánimo”, destacó.
La presencia de sus compañeras tendrá un significado especial durante la presentación de Tengo alas, ya que serán ellas quienes leerán sus poemas. “Escuchar mis poemas en voces de mis compañeras es el mejor regalo que me da la vida”, expresó emocionada.
El libro reúne 35 poemas, una selección de los más de 400 que ha escrito desde que comenzó esta aventura literaria.
Poemas para compartir, no para vender
La relación de Ancellotti con sus libros también está marcada por una concepción generosa de la escritura. A diferencia de lo que ocurre habitualmente con las publicaciones, decidió regalar sus ejemplares y no ponerles un precio. “Me dicen que tengo que ponerles precio, pero no puedo poner precio a un hijo. No está en mi espíritu el comercio ni nada de eso. Me gustaría que los pudieran leer todos”, concluyó.