la diaria Salto › Trabajo

(Archivo, 2022).

Foto: Ignacio Dotti

Cuando el río crece, también crece la incertidumbre de los pescadores artesanales de Salto

Con el río Uruguay en ascenso y pronósticos poco alentadores, quienes viven de la pesca vuelven a enfrentar jornadas sin ingresos y la necesidad de reinventar su trabajo para sostener el sustento familiar.

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Las crecientes del río Uruguay transforman el paisaje costero de Salto, pero sus efectos van mucho más allá de la rambla anegada o las viviendas amenazadas por el agua. Para decenas de familias que dependen de la pesca artesanal, cada metro que gana el río implica menos posibilidades de salir a trabajar y más incertidumbre sobre cómo llegar a fin de mes.

Frente al puerto de Salto, el río se ubica en torno a los 9,80 metros y mantiene una tendencia ascendente, impulsada por las lluvias registradas en la cuenca alta y el aumento de las erogaciones desde la represa de Salto Grande. El escenario preocupa a quienes viven del río y conocen de primera mano las consecuencias que trae cada creciente.

“Tenemos que buscar la manera de pescar igual para sobrevivir. Habrá que tirar alguna red adentro del monte o en la orilla; hay que buscarle la vuelta y esperar que no se complique más con la crecida. Los pronósticos no son muy buenos”, dijo a la diaria el pescador artesanal Roberto Romero.

Su testimonio resume una realidad que se repite cada vez que el río Uruguay desborda su cauce habitual. Con el incremento del caudal, la corriente se vuelve más intensa, los peces modifican sus recorridos y muchos de los sitios tradicionales de pesca quedan bajo agua o se vuelven inaccesibles. A eso se suma el riesgo de perder redes entre árboles y ramas arrastradas por la corriente o de no poder navegar en condiciones seguras.

Para los pescadores artesanales, el problema no termina cuando regresan a tierra. Si hay menos capturas, también disminuye la oferta de pescado en ferias, pescaderías y ventas directas, mientras los gastos de combustible, mantenimiento de las embarcaciones y reparación de los equipos continúan acumulándose aunque no haya ingresos.

La pesca artesanal sigue siendo una actividad clave para numerosas familias del litoral uruguayo. La Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) administra los permisos para la actividad en el río Uruguay, donde el tramo comprendido entre la desembocadura del río Cuareim y la represa de Salto Grande constituye una de las principales zonas habilitadas para este tipo de pesca.

Sin embargo, las dificultades del sector no comenzaron con esta creciente. Diversas investigaciones sobre la pesca artesanal en el norte del río Uruguay advierten desde hace años una disminución en la disponibilidad del recurso pesquero, asociada a factores ambientales, regulatorios y económicos.

En ese contexto, los eventos extremos, como las inundaciones, profundizan una situación de vulnerabilidad que ya era parte de la realidad cotidiana de muchos trabajadores.

Los monitoreos que realizan Dinara y la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) muestran que la actividad mantiene un peso importante en las comunidades ribereñas.

En el muestreo de otoño de este año se registraron 1.245 ejemplares capturados en diez localidades del río Uruguay. La boga representó el 49,7% de las capturas y el sábalo el 39,1%, dos especies que continúan siendo la base de la pesca comercial artesanal en la región.

Mientras las proyecciones meteorológicas anuncian nuevas lluvias en la cuenca y el nivel del río continúa en ascenso, los pescadores vuelven a mirar el río con preocupación. Algunos prueban suerte en montes inundados o en pequeños remansos cercanos a la orilla, donde todavía es posible tender una red.

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