Del 1° al 7 de agosto se conmemora en todo el mundo la Semana de la Lactancia Materna. En ese marco, la diaria entrevistó a la directora técnica del Banco de Leche Humana del Hospital Regional de Salto, Alejandra Texeira, para conocer cómo funciona esta red de cuidado en el norte del país y cuál es el trabajo que sostiene, muchas veces de forma silenciosa, la alimentación de los recién nacidos más vulnerables.
Texeira sostuvo que “cuando se piensa en un Banco de Leche Humana, suele imaginarse un laboratorio, equipos de acero inoxidable o frascos cuidadosamente etiquetados. Todo eso existe. Pero en el norte del Uruguay hay algo mucho más importante: una red de personas”.
“Una red silenciosa que atraviesa kilómetros de rutas, campos de basalto, naranjales, pueblos fronterizos y ciudades del litoral para acompañar a madres, proteger recién nacidos y demostrar que el lugar donde un niño nace no debería determinar las oportunidades que tendrá para vivir”, agregó.
La directora explicó que, mientras gran parte del país mira hacia Montevideo, en el norte “decenas de profesionales, técnicos, auxiliares, choferes, laboratoristas, enfermeros, médicos y voluntarios sostienen diariamente una tarea poco conocida por la población. Captan donantes, acompañan a mujeres que atraviesan momentos complejos, reciben leche humana, la procesan bajo estrictos controles físicos, químicos y microbiológicos, investigan, innovan y distribuyen un alimento biológico único destinado a los recién nacidos más vulnerables”.
“Cada frasco que llega al Banco de Leche Humana representa mucho más que un volumen de leche. Es la expresión concreta de la solidaridad de una madre que decide alimentar al hijo de otra mujer a la que probablemente nunca conocerá. También representa la confianza en un sistema público capaz de transformar un acto individual en una política de cuidado colectivo”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que detrás de ese gesto “existe un enorme trabajo que permanece prácticamente invisible”. “La leche humana no puede tratarse como un alimento cualquiera. Su procesamiento requiere trazabilidad, controles microbiológicos, evaluación físico-química, procedimientos validados, transporte seguro, condiciones adecuadas de almacenamiento y equipos especialmente capacitados que comprendan que trabajan con un recurso biológico destinado a recién nacidos prematuros o con condiciones clínicas que los vuelven especialmente vulnerables”, explicó.
Texeira señaló que esa responsabilidad “se asume en el norte del país muchas veces con recursos limitados, infraestructura insuficiente y equipos humanos que multiplican esfuerzos para garantizar que ningún niño vea reducidas sus posibilidades simplemente por haber nacido lejos de los grandes centros urbanos”. Pero, subrayó, “esta red no solo asiste: también genera conocimiento”.
En ese sentido, destacó que “desde el Banco de Leche Humana del Hospital Regional de Salto se desarrollan investigaciones, se validan nuevos procedimientos, se fortalecen los sistemas de calidad y se impulsan iniciativas orientadas a mejorar permanentemente la seguridad y la calidad de la leche humana que reciben los recién nacidos”.
“Porque cuidar también implica preguntarse, cada día, si es posible hacerlo mejor”, reflexionó.
Para la directora, “el verdadero valor de esta red no puede medirse únicamente en litros procesados o en frascos distribuidos. Se refleja en las madres acompañadas, en las familias contenidas, en los equipos de salud que trabajan de forma coordinada entre distintos departamentos, en el conocimiento que se construye desde el territorio y, sobre todo, en los niños que reciben una oportunidad biológica capaz de acompañarlos durante toda la vida”.
“Entre el terreno basáltico, las ovejas, los naranjales y las largas rutas del norte existe una red que muchas veces permanece invisible. Una red que demuestra que la ciencia también puede construirse lejos de los grandes centros académicos, que la solidaridad puede organizarse con rigor técnico, que la investigación puede nacer en un hospital del interior y que la equidad comienza cuando un recién nacido accede a los mismos cuidados, haya nacido en Montevideo, Rivera, Paysandú, Bella Unión o Salto”.
“La leche humana no reconoce fronteras departamentales. Y los derechos de los niños tampoco deberían hacerlo”, concluyó.