Las pasantías laborales constituyen para muchos estudiantes una de las primeras oportunidades de acercamiento al mundo del trabajo. En Salto, estudiantes de distintas carreras y centros educativos realizan experiencias en organismos públicos y empresas, aunque el acceso no está exento de dificultades. La exigencia de contar con experiencia laboral previa, incluso para puestos dirigidos a jóvenes que buscan su primer empleo, aparece como una de las principales barreras.
El director del Polo Educativo Tecnológico (PET) de Salto, Robert Alves, explicó en diálogo con la diaria que actualmente existen dos modalidades de pasantías: remuneradas y no remuneradas. En el caso de las pasantías remuneradas, actualmente hay estudiantes desempeñándose en distintas áreas. Dos estudiantes de Administración en la Universidad de la República (Udelar); otros dos realizan su pasantía en la Intendencia de Salto. En el gobierno departamental también hay dos estudiantes vinculados al área de Turismo y tres de Electricidad. A estos se suman tres pasantías de Herrería y otras tres de Carpintería que se encuentran en trámite. También existen experiencias en AEBU; por ejemplo, hay un estudiante realizando tareas en administración y otro en gestión humana.
Según Alves, la remuneración de estas pasantías corresponde a dos tercios del laudo establecido para la tarea para la cual el estudiante es contratado. La duración depende de cada experiencia: algunas se extienden durante un año y otras alcanzan los 18 meses.
La otra modalidad es la de las pasantías no remuneradas, que en algunos casos forman parte de la currícula y constituyen un requisito para que los estudiantes puedan completar su formación y egresar. En este caso, actualmente son 89 los estudiantes que realizan este tipo de experiencias.
Alves aclaró que esa cifra no corresponde exclusivamente a alumnos del PET de Salto. También incluye estudiantes de cursos pertenecientes a otras escuelas de UTU. La información de esas pasantías es gestionada por la Unidad de Extensión, que funciona de manera común para las distintas escuelas de la institución.
Más allá de las diferencias entre ambas modalidades, las pasantías cumplen una función central: permiten que los estudiantes puedan incorporar una primera experiencia en un ámbito laboral real y poner en práctica conocimientos adquiridos durante su formación. Sin embargo, ese primer paso no siempre se transforma en una inserción laboral estable. Uno de los principales problemas que enfrentan los jóvenes aparece justamente cuando intentan acceder a un empleo por fuera de la pasantía.
Alves señaló que en los llamados laborales es frecuente encontrar como requisito la experiencia previa, incluso cuando se trata de jóvenes que están procurando acceder a sus primeras oportunidades de trabajo. “Piden experiencia laboral o en el área”, sostuvo.
A esa exigencia se suman otros requisitos y competencias que las empresas solicitan a quienes se postulan. Para los jóvenes que recién terminan su formación, cumplir con ese conjunto de condiciones puede convertirse en una dificultad adicional: necesitan experiencia para conseguir un empleo, pero muchas veces no pueden obtener esa experiencia porque todavía no han tenido la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo.
En ese escenario, las pasantías adquieren un valor que va más allá de las horas de práctica previstas por una carrera. Para los estudiantes representan la posibilidad de conocer dinámicas laborales, asumir responsabilidades y sumar antecedentes que luego pueden ser incorporados a su trayectoria.
El desafío, en todos los casos, es que esa primera experiencia pueda convertirse en una herramienta efectiva para el futuro laboral de los estudiantes. Para quienes buscan su primer empleo, contar con una instancia que les permita demostrar capacidades y adquirir experiencia puede ser determinante frente a llamados en los que, paradójicamente, uno de los principales requisitos es haber trabajado anteriormente.