Estados Unidos presentó las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025-2030 y el nuevo formato presenta varias novedades y diferencias tanto con la pirámide conocida y utilizada durante muchos años, presentada en 1992 y que ponía a los cereales, pastas y panificados en la base y los aceites, grasas y azúcares en el extremo, como con el modelo myplate que el país utilizó luego, que prioriza el consumo de verduras y frutas, granos, proteínas y lácteos, sin mayor detalle sobre las porciones.
La nueva pirámide se invierte. En el espacio más amplio, arriba, están en mayor cantidad las proteínas de origen animal, grasas como manteca y grasa de vaca, lácteos, frutas y verduras; abajo, en el vértice y en una cantidad bastante reducida, ubica los granos integrales. La imagen dista de las recomendaciones escritas de la guía, ya que da mayor destaque a algunos alimentos que luego menciona en equivalencia.
En el sitio web oficial el gobierno explica que el nuevo formato busca ponerle “fin a la guerra contra las proteínas” y agrega que cada comida debe priorizar “las de alta calidad y ricas en nutrientes, tanto de origen animal como vegetal, acompañadas de grasas saludables provenientes de alimentos integrales como huevos, mariscos, carnes, lácteos enteros, frutos secos, semillas, aceitunas y paltas”.
Sugiere consumir entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal por día. Sobre las frutas y verduras dice que son “esenciales para una nutrición completa” y plantea un consumo variado de tres porciones de verduras y dos porciones de fruta al día, “con el menor procesamiento”. Por último, entre dos y cuatro porciones diarias, recomienda los cereales integrales y aclara que no es aconsejable consumir “carbohidratos refinados y altamente procesados que sustituyen la nutrición real”.
Pautas dietéticas para los estadounidenses. Ilustración: dietaryguidelines.gov
¿Qué podemos decir del nuevo formato?
La nueva pirámide tuvo repercusiones en el país y en toda América, tanto entre los profesionales de la nutrición como en la población en general. Si bien a nivel mundial hay 84 países que tienen guías alimentarias propias –Uruguay, Argentina y Chile son algunos de ellos–, la nueva guía estadounidense significa una referencia a la que más de un Estado prestó atención y es una nueva referencia para la alimentación regional.
En diálogo con la diaria, Estela Spakino, grado 5 de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República, explicó que esta actualización que Estados Unidos hace cada cinco años está dirigida a personas sanas, sin patologías, es decir, a la población en general.
Al igual que en todos los países, está enfocada en mejorar los problemas de salud que tiene cada uno. En el caso de Estados Unidos, presentan altísima carga de enfermedades no transmisibles y factores de riesgo como diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares, lo que implica una alta carga económica para el país. Para Spakino, las recomendaciones de las nuevas guías buscan “tener un cambio en estas patologías”.
Respecto de las recomendaciones, consideró que algunas pueden ser cuestionables. Por ejemplo, la costilla de carne roja que aparece en gran tamaño representaría el énfasis que hacen en “grasas saludables”, aunque “el tipo de grasa de ese corte no es el mejor”; también aparecen otros tipos de grasas, como la manteca y la grasa vacuna, para la cocción, que tampoco “son lo mejor”, porque las grasas saturadas aumentan la posibilidad de tener enfermedades cardiovasculares, según la evidencia disponible. Otra contradicción es que alienta el consumo de este tipo de grasas, pero la guía indica no superar el 10% en el total y si se incluyen estos alimentos “seguro te pasás de este porcentaje”.
En cuanto a lo positivo, resaltó la recomendación de apostar por la comida “real” y desalentar los alimentos ultraprocesados con alto contenido de azúcar, sodio y colorantes, entre otros.
Respecto de la posibilidad de aplicar las recomendaciones en Uruguay, Spakino sostuvo que si bien tenemos alta prevalencia de muchas de las enfermedades que también tiene Estados Unidos y un consumo cada vez más alto de ultraprocesados, ya contamos con una guía propia que se publicó en 2016, a la que se le realizaron los últimos ajustes en 2022, que “encara muy bien nuestros propios problemas en un formato sencillo y amigable para la población en general”. Desde hace diez años nuestra guía “explica lo que es un alimento ultraprocesado y desalienta su consumo”, concluyó.
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Un repaso y un análisis de las recomendaciones
Por su parte, Raquel Villegas, licenciada en Nutrición especializada en nutrición materno-infantil, añadió en diálogo con la diaria que hay muchos conflictos de interés que interfieren en cada nuevo formato y “sabemos que la antigua pirámide, cuya base eran los cereales, galletas y otros productos ultraprocesados, se relaciona con la industria alimentaria”. Respecto de la referencia anterior a la actual, Myplate tiene mejoras, pero no especifica la calidad de los productos; además, incluye los lácteos.
Myplate, es decir, el plato del gobierno estadounidense, puede confundirse con el Plato de Harvard, la recomendación nutricional que presentó la Escuela de Salud Pública de Harvard hace más de 15 años, que sugiere llenar la mitad del plato con verduras y frutas, un cuarto con proteínas magras y el otro cuarto con cereales integrales. Esta opción deja los lácteos como algo opcional; “esto es importante porque, si bien hay algunos estudios que demuestran que el consumo de la grasa de los lácteos no influye en el aumento del colesterol, también sabemos que en personas con mayor predisposición sí puede afectar y se debe regular el consumo. El calcio como mineral lo encontramos en legumbres, semillas, frutos secos y vegetales de hojas verdes, fuentes más saludables y menos peligrosas en su perfil graso”, explicó.
Sobre la nueva pirámide, mencionó que generó el pronunciamiento de Harvard y de la Academy of Nutrition and Dietetics de Estados Unidos, que no avalan la nueva guía porque “la imagen es lo que más llama la atención y son pocas las personas que leen la guía completa”. A nivel visual, lo primero que vemos es carne roja, lo que representa uno de los conflictos de interés, reiteró.
Para Villegas, es más una pirámide keto, cetogénica o hiperproteica que una saludable. “Está asociada a recomendaciones que no están respaldadas por la evidencia científica, similares a las que actualmente vemos en redes sociales realizadas por personas sin formación en nutrición o atravesadas por un objetivo concreto, pero que no se pueden aplicar a toda la población”, sostuvo.
En detalle, agregó que las grasas que se ven en la imagen asociadas a grasas buenas no lo son, además de que están acompañadas por otras que sí lo son, como palta o aceite de oliva, pero no son equiparables.
Sobre el pie de la pirámide, la parte más estrecha, dijo que si bien los cereales integrales son una buena recomendación, se ubicaron en una proporción “alejada de lo que nuestro cuerpo necesita”. En este sentido, detalló que “nuestro cerebro es glucodependiente y esa glucosa que necesitamos sale de los hidratos de carbono, que aportan los cereales, las frutas y los vegetales, aunque en menor cantidad estos últimos”.
Sobre la población infantil, dijo que está contraindicada para niños que necesitan una base de hidratos de carbono “basados en alimentos reales”, algo que sí prioriza la pirámide. No se puede demonizar a los carbohidratos como en esta guía, porque los cereales integrales aportan nutrientes importantes, entre ellos, grupos de vitamina B. “Confunden que comer un churrasco es mucho más sano que un pedazo de pan integral y genera una alimentación desequilibrada”.
Para Villegas, evitar los ultraprocesados y las bebidas azucaradas y enfocar la recomendación en alimentos no procesados son las mejores recomendaciones de la guía, aunque no deja claro qué es un ultraprocesado, como sí define la guía de Uruguay.
También resaltó que la nueva guía no recomienda más el consumo de azúcar agregado; antes la recomendación era de no más de 10% de las calorías diarias, ahora la recomendación es evitarla y el inicio de consumo se postergó de los 2 a los 10 años. Ninguna comida debería superar los 10 gramos de azúcar agregado, aunque “para la población es difícil de seguir porque no hay ejemplos gráficos y claros”, dijo.
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Como aspectos negativos mencionó que casi duplicaron el consumo de proteína sin especificar de qué tipo y sin evidencia científica; en las guías anteriores, similares a las de otros países, la recomendación es de 0,8 gramos por día por kilogramo de peso corporal. La recomendación actual, que es de entre 1,2 y 1,6, significa una ingesta que corresponde a una persona que realiza actividad física, por ejemplo, levantamiento de peso.
Si esta alimentación la sigue un niño, puede tener problemas de salud –por ejemplo, renales, ya que su sistema es inmaduro y aún no filtra bien el nitrógeno–. Está comprobado que pueden generar adaptaciones epigenéticas que favorecen el sobrepeso y la obesidad.
Tampoco aclara que deberían priorizarse las proteínas con alto valor biológico, es decir, las legumbres, porque además aportan fibra e hidratos de carbono, lo que favorece una buena salud intestinal, sostuvo. Por otra parte, comparó ambas fuentes proteicas: 113 gramos de carne roja equivalen a 33 gramos de proteína y a 5 gramos de grasa saturada, mientras que una taza de lentejas aporta 18 gramos de proteína, 15 gramos de fibra y 0 grasas saturadas.
Respecto de las grasas, cuya recomendación sigue siendo no más del 10% diario, en una alimentación de 2.000 kilocalorías serían 22 gramos máximo de grasas saturadas. Sin embargo, consumiendo una taza de leche, tres cuartos de yogur griego y 28 gramos de queso, una porción pequeña, ya se alcanzan 17 gramos de grasas saturadas; si además se recomienda usar manteca o grasa animal para cocinar como buena opción, el consumo diario aumenta, porque una cucharada de manteca aporta 7 gramos de grasa saturada y una de grasa de vaca aporta 6 gramos. Si a esto se le suman dos porciones de carne, son 10 gramos más; es decir, a diario, siguiendo las recomendaciones alimentarias, se consumen alrededor de 40 gramos de grasas saturadas. Esto termina afectando la salud cardiovascular, los triglicéridos y el LDL, el colesterol malo.
Como otros de los errores, mencionó que la guía plantea que el aceite de oliva es fuente de ácidos grasos esenciales, algo “que no es verdad”. Si bien se asocia a una disminución del colesterol malo y se recomienda como algo saludable, su ácido graso principal es el omega 9, que no se considera un ácido graso esencial. Uno de los esenciales es, por ejemplo, el omega 3, y se encuentra en el aceite de soja, canola o cáñamo y, en mayores cantidades, en el pescado y las nueces.
Por último, al igual que Spakino, sugirió que en nuestro país se consulte la guía elaborada a nivel nacional que fue escrita por profesionales de la nutrición que se basaron en evidencia científica, además de que tiene ejemplos claros, concretos y nacionales sobre nutrición.