El Instituto Humanista Cristiano Juan Pablo Terra (IJPT), a través de su Grupo Agro, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y Uruguay Innova (U+I) coorganizaron el seminario “Prioridades para la innovación en el sector agropecuario y agroindustrial”, que contó con el auspicio de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
El seminario tuvo lugar durante la mañana de este jueves en el salón de actos del edificio de Presidencia de la República, y asistieron alrededor de 150 personas, en representación del sector público, de la academia, de organismos de investigación y de empresas privadas
La actividad fue, tal como la definieron los coorganizadores, “una instancia de intercambio orientada a analizar algunos de los principales desafíos que enfrenta el sector agropecuario para impulsar el desarrollo, la innovación y la transformación productiva del país”.
La apertura del seminario estuvo a cargo del presidente del IJPT, Pablo Martínez; de la directora de la Oficina de la Cepal en Montevideo, Raquel Artecona, y de Bruno Gili, director ejecutivo del programa U+I. A continuación, el coordinador del Grupo Agro del IJPT, Santago Cayota, se refirió a las “propuestas para impulsar la innovación en el agro”, disertación seguida por tres mesas redondas.
La primera trató sobre “Innovación en el agro y transformación de la matriz productiva”, a cargo de Carlos Bianchi (Universidad de la República), Guadalupe Tiscornia (INIA), Juan Pedro Posse (INIA) y Gabriela Schroeder (Ministerio de Industria, Energía y Minería), moderada por Cecilia Jones.
La segunda mesa abordó “El rol de la inversión privada en la innovación en el agro y cómo potenciarla”, y estuvo integrada por María José González (consultora), Andrés Pereira (Genexa ADN), Guillermo Arrospide (empresario e inversor) y Gabriel Fernández Secco (Conaprole), moderada por Diego Pereira.
La tercera giró en torno a “Las políticas públicas de promoción de la innovación en el agro”, en la que expusieron Verónica Durán (Oficina de Programación y Política Agropecuaria), Álvaro Brunini (ANII) y Miguel Sierra (INIA).
Desde el inicio y a lo largo de toda la actividad, el foco estuvo puesto en dos dimensiones que –según los coorganizadores– son particularmente relevantes: el potencial de la innovación para contribuir a la transformación de la matriz productiva y el papel de la inversión privada en la generación y adopción de la innovación.
Los datos y el contexto histórico
Según datos presentados en el seminario, la evolución del producto interno bruto (PIB) entre 1960 y 2025 muestra un incremento promedio anual del 2,9%. Sin embargo, esta cifra esconde fluctuaciones en su evolución, tanto por debajo como por encima de ese guarismo, que se develan al centrar la mirada en lo sucedido en cada uno de los años de período considerado. Vale decir que este indicador señala que el crecimiento del país está signado por una alta volatilidad, cuya expresión más severa a la baja se registró en las crisis de 1982, de 2002 y durante la pandemia, o al alza, en el super ciclo de los commodities, en 2004 y 2014.
Por otra parte, el índice de complejidad económica (IECI, por sus siglas en inglés), desarrollado por el Growth Lab de la Universidad de Harvard, que mide la cantidad y sofisticación de conocimiento técnico incorporado en las exportaciones de una nación y qué tan comunes son esos productos en el mercado global, señala que Uruguay cayó del lugar 45 al 73 en la tabla que califica a 145 naciones, situándolo como una economía de complejidad media a nivel global. La caída de Uruguay en este ranking obedecería a que seguramente mejoró su complejidad a ritmo más lento que el de otros países.
No obstante, cabe destacar que una limitación de la metodología del IECI es que mide flujos físicos de aduana (bienes). Por lo que no valora con total precisión la robusta exportación de servicios globales de Uruguay (software, servicios financieros y logísticos a través de zonas francas), en que el país sí posee un alto nivel de valor agregado y complejidad.
En síntesis, el modelo agroexportador ha asegurado un crecimiento promedio de nivel bajo a medio, pero muy volátil, y un PIB creciente, pero que se aleja cada vez más del PIB de los países desarrollados, por lo que se puede concluir que en este sentido hay un retroceso global. Asimismo, hay variables macro –asociadas a costos– que condicionan las posibilidades de la inversión, de los negocios y, en consecuencia, del desarrollo de la innovación en Uruguay.
Parece claro, entonces, que deben construirse nuevas capacidades basadas en la ciencia, la tecnología y la innovación para competir globalmente con nuevas actividades y sectores basados en conocimiento. Hay consenso en el rol que les cabe a las políticas públicas para promover la innovación, aunque Uruguay invierte solamente el 0,7% del PIB en investigación e innovación. Debe señalarse también los bajos niveles de inversión del sector privado en materia de investigación. En el total de la inversión, la de las empresas, incluyendo las públicas, no llega al 4%.
La innovación en el sector primario es clave, se debe atender también la innovación en la red de empresas que desarrollan su actividad basadas en conocimiento y que tienen vínculos muy estrechos con el agro, ya sea porque le brindan servicios, le venden insumos o procesan sus productos. El sector agroexportador, por su competitividad internacional y su inserción en los mercados externos, puede ser una plataforma muy adecuada o una locomotora para arrastrar el desarrollo de empresas que se vinculan con ese sector y que le brindan servicios, venden productos o procesan su producto, generando así un círculo virtuoso de relación entre la mejora del sector agroexportador y el desarrollo de este sector diferenciado.
Como ejemplos se mencionaron varias áreas en las que hay mucho por hacer: bioplaguicidas, biofertilizantes, promotores de crecimiento, mejoramiento genético animal y vegetal, desarrollo de vacunas y kits de diagnósticos, tratamiento de influentes y aguas contaminadas, adaptación, diseño y gestión de sistemas de riego, tecnología de alimentos para mejorar la producción de alimentos y adaptarlos mejor a las nuevas demandas, tecnologías de la información, comunicaciones, electrónica, desarrollo de nuevos productos de la madera, tanto por la transformación mecánica como por la transformación química, con biomateriales, adaptación y equipamiento de maquinaria, de acuerdo a nuestras necesidades. “En todas estas cosas hay iniciativas, en todas estas cosas en nuestro país uno puede señalar emprendimientos, hay gente que está trabajando, pero que no ha logrado quizás dar ese salto que precisamos para que realmente mueva la aguja”, afirmó uno de los disertantes.
Recursos privados en déficit
Al cierre del seminario, la diaria consultó a Cayota acerca de la evaluación de la actividad, quien respondió que “fue muy positiva, por varias razones. Se logró un buen intercambio entre los panelistas, hubo un buen abordaje de los temas que a nosotros nos importaba plantear y además la respuesta de la gente superó con mucho lo que esperábamos, lo que demuestra que un tema que a primera vista parecía un poco árido en la práctica motiva y entusiasma a mucha gente vinculada al sector agropecuario”.
Acerca de la inversión en investigación e innovación, el coordinador del Grupo Agro del IJPT dijo que “es difícil cuantificarla. La inversión global es de alrededor del 0,7% del PIB, lo cual es muy bajo.
Específicamente en el agro, gracias a la existencia de INIA estamos bastante mejor, es del 1,4% del PIB agropecuario. De todas maneras, desde nuestra perspectiva, el mayor déficit no está solo en el volumen global de recursos, sino específicamente en el volumen de recursos privados. La mayor parte de lo que se invierte viene de recursos presupuestales, de recursos públicos, y obviamente tiene un límite. Uno de los desafíos más importantes que nos planteamos para discutir hoy era justamente ese, cómo aumentar la inversión privada en innovación”.
Achicar la brecha
En tanto, Sierra valoró como “muy positiva” la actividad, por los temas abordados y por haber sido un espacio de intercambio entre la institucionalidad pública, el sector privado y la academia.
Respecto del método para definir las líneas de investigación que lleva adelante el INIA, Sierra explicó que “tenemos el plan estratégico institucional, lo hicimos el año pasado. Unas 600 personas participaron en todo el país, con el sector productivo, la academia, actores de las políticas públicas, y ahora en Uruguay se está discutiendo el Pencti [Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación], que está en sus primeras etapas, que luego va a incorporar al sector productivo, etcétera, para definir los desafíos que Uruguay se plantea de ahora en adelante, para definir qué priorizar”.
Aunque no haya sido tema de este seminario, la diaria consultó al presidente del INIA acerca de la brecha que hay entre el conocimiento que se produce en los ámbitos dedicados a la investigación y su adopción en territorio, quien aseveró que “es un tema muy preocupante que tenemos que resolver. Los sistemas de extensión y transferencia en Uruguay son débiles, en el mundo ganadero tenemos el Instituto Plan Agropecuario, pero entiendo que hay que fortalecerlo mucho. En otros sectores prácticamente no existe, o hay que ir identificándolo. Nosotros, por ejemplo, en el sector lácteo nos apoyamos mucho en Conaprole y su red de técnicos. En la parte hortícola y frutícola hemos trabajado con la Asociación de Fruticultores de Producción Integrada y con distintas cooperativas que hay en el entorno de Canelones, y ahí se ha ejecutado el Fondo de Promoción de Tecnologías Agropecuarias, con técnicos sectoriales que coordinan esos proyectos y tratan de acercar la investigación al sector productivo; pero te diría que es un tema, sí, que tenemos que buscarle la vuelta”.