En el marco de una mateada partidaria que organizó el MPP el último domingo, el secretario de Presidencia, Alejandro Pacha Sánchez, expresó su rechazo a lo que está ocurriendo en Venezuela y América Latina con la injerencia de Estados Unidos. “Parece mentira lo que está sucediendo en Venezuela. Que ahora hay silencio, aunque ahora el expresidente (Luis Lacalle Pou) puso un tuit. Pero hay bastante silencio sobre lo que está pasando en Venezuela y me parece que es bueno que lo sepamos”, introdujo Sánchez. Y luego agregó que el acuerdo petrolero anunciado por Estados Unidos y Venezuela era: “Una acción ya ni imperialista, [sino] colonialista, [en la] que vienen y se apropian de tus recursos y obligan a los estados a firmar lo que más les interesa a los centros de poder”.
El anuncio de Donald Trump se produjo a fines de agosto y, aunque produjo una serie de aclaraciones por parte del gobierno venezolano, también le valió la crítica del oficialismo y la oposición locales, donde todos consideran que el acuerdo es de carácter de entrega. De ese modo se expresaron dirigentes antiguamente ligados al chavismo, como Elías Jaua, y opositores como María Corina Machado.
¿Qué dice el acuerdo?
Ya desde la publicación en el sitio web del Departamento de Estado estadounidense se deja clara la intención: “ASEGURAR UN SUMINISTRO DE PETRÓLEO ESTABLE Y A BAJO COSTO EN NUESTRO HEMISFERIO”. La política petrolera definida por Trump implica una adenda al ya famoso corolario a la doctrina de seguridad nacional conocido como doctrina Donroe.
En suma, según anuncian, Estados Unidos obtiene “el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas petroleras comprobadas en Venezuela, lo que expandió sustancialmente las actuales reservas territoriales comprobadas de Estados Unidos, de aproximadamente 46.000 millones de barriles. Este acuerdo asegura nuestro dominio energético para el próximo siglo, sin costo alguno para Estados Unidos”.
En un acuerdo rubricado entre autoridades venezolanas, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, se admite la creación de una nueva compañía privada petrolera en Venezuela, que será “la segunda compañía petrolera privada más grande del mundo en reservas”, según anunciaron.
La compañía, denominada North American Blue Energy Partners, obtuvo concesiones por 100 años para 17 yacimientos. Y el departamento de Estado se habría quedado con el 35% de su paquete accionario. Además, todo según el mismo actor, la compañía petrolera “le ha otorgado al Departamento de Estado de Estados Unidos el derecho de comprar, al costo de producción, un 20% garantizado de la producción de todos los yacimientos actuales y futuros” y “el derecho de adquisición preferente del 80% restante de su producción”. Todo este apartado se concluye con la intención manifestada por Estados Unidos de “recuperar y reconstruir” el sector petrolero de Venezuela y promete una inversión de 100.000 millones de dólares. Y estipula ganancias por 200.000 millones de dólares en regalías e impuestos durante los primeros 25 años.
Las dudas provinieron de las narrativas disímiles entre ambos gobiernos. Estados Unidos habla de expulsar intereses extranjeros del hemisferio y reconstruir Venezuela, mientras que Venezuela habla de recuperación económica. Además, mientras que Trump habló de un contrato a 100 años, Delcy Rodríguez insistió en que se trata de un contrato por 25 años.
Venezuela, que tiene las mayores reservas petroleras del mundo, con aproximadamente 300.000 millones de barriles, le otorga a Estados Unidos una quinta parte de esta reserva y destina ese dinero a la reconstrucción económica y al posterremoto.
A su vez, la compañía privada pertenece al empresario Alejandro Betancourt, quien hasta hace pocos días era investigado en Estados Unidos y Suiza, entre otros países, por presunto lavado de activos, pero que fue convenientemente liberado de causas pocos días antes del comienzo del anuncio.