Los organizadores del partido del miércoles en Atlanta, en el que Argentina se enfrentó a Inglaterra por el pasaje a la final del Mundial, habían establecido una prohibición: los hinchas no podían entrar con banderas o carteles que hicieran referencia a la disputa entre los dos países por las islas Malvinas. La norma se aplicó y el partido terminó con una victoria argentina 2-1 que le permite defender el título de campeón del mundo.
Después del pitazo final, y en medio de los festejos, los jugadores desplegaron sobre la cancha una tela blanca con grandes letras escritas a mano, como la que podría haber hecho cualquier hincha, en la que se leía: “Las Malvinas son argentinas”.
El gobierno británico pidió a la FIFA que sancione a la selección, y el presidente argentino, Javier Milei, uno de los gobernantes menos embanderados con este asunto de las últimas décadas, dijo que “es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos y es perfectamente válido y lícito” que los jugadores “se quieran expresar y lo hagan”. Sin embargo, agregó que “un partido de fútbol es un partido de fútbol”.