“¡Gracias, selección!”, “¡Muchachos, son enormes, gracias por tanto!”, “¡Gracias, Scaloneta!”. Agradecimientos como estos recorren las redes sociales, se levantan en carteles improvisados, se quieren hacer llegar a los jugadores de la selección argentina que, pese a perder la final del Mundial, son reconocidos por la afición. Por lo que hicieron en esta edición y porque fueron los últimos campeones del mundo. Para su líder, Lionel Messi, nada podría haber sido mejor que retirarse de la selección albiceleste con la copa abajo del brazo, otra vez. No se dio. Pero eso no empaña a Messi, al contrario. También habría llorado si hubiera ganado.
La copa volvió a cruzar el Atlántico hacia el norte, pero estuvo cuatro años del otro lado del charco, cerquita, adonde la llevó un gran equipo. Ya volverá al sur.