Ciencia Investigación científica

Estornino pinto en el Parque Rodó.

Foto: Adrián Antúnez (NaturalistaUy)

Exportando problemas: el estornino pinto se expande por Uruguay y desde aquí conquista ya el sur de Brasil

Investigación muestra que la invasión del estornino pinto en el sur de Brasil se produce debido a ejemplares que avanzan desde Uruguay, donde sabemos poco de los impactos que está produciendo esta ave originaria de Eurasia.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Hace cerca de una década, al biólogo Washington Jones le pidieron que hiciera un relevamiento de aves en las inmediaciones de la Calera de las Huérfanas, el grupo de históricas ruinas jesuíticas del departamento de Colonia.

En los huequitos formados entre los antiguos ladrillos de las construcciones suelen hacer sus nidos las golondrinas azules grandes (Progne chalybe), como Washington tenía bien claro. Tanto Washington como su compañero de relevamiento, el paleontólogo Andrés Rinderknecht, dedicaron un buen rato a fotografiar a las golondrinas que salían de estos huecos. Pero algo les llamó la atención.

De una de estas cavidades emergió un ave llamativa, de plumaje vistoso y pico potente, que “rapiñaba” a las golondrinas. Así lo cuenta Washington: “Cuando salían las golondrinas, se metía para adentro y quitaba la comida que traían los padres para los pichones. Tenía bien medido el timing, sabía perfecto cuándo se iban y cuándo volvían, y solo en ese momento se metía; mostraba una inteligencia muy particular”.

Washington, que es responsable de la colección de aves del Museo Nacional de Historia Natural, conocía bien a esta especie, pero no había visto aún un ejemplar en Uruguay. Además, tenía clara su fama de problemática, algo que parecía confirmar al corroborar su actitud “okupa” con los huecos usados por las golondrinas.

Se trataba de un estornino pinto (Sturnus vulgaris), un ave famosa en el mundo por buenos y malos motivos, siempre considerados desde la perspectiva humana. En su área de distribución original, que ocupa Europa y buena parte de Asia, forma bandadas de miles de individuos que se mueven en forma bella e increíblemente sincronizada, como muestran varios documentales (la escena más famosa, quizá, fue filmada en Roma y está en el episodio de la serie Planet Earth II dedicado a las ciudades).

Históricamente ha sido muy apreciada por su inteligencia y capacidad para imitar sonidos. Mozart, por ejemplo, tenía como mascota un estornino que aprendió algunas de sus melodías (aunque el compositor decía que había ocurrido al revés). Cuando el ave murió, organizó un funeral con invitados e incluso le dedicó un poema que leyó en vivo, que es más de lo que hizo por su padre, fallecido en esos mismos días. “No era malo; solo era algo inquieto, aunque a ratos también un pícaro travieso”, escribió Mozart.

En varios de los países en los que se ha establecido como invasora, sin embargo, nadie le dedica poemas, funerales con pompa ni le toma mucho cariño, debido a los impactos ecológicos y económicos que produce. Además de competir y ser agresivo con muchas especies de aves nativas, el estornino pinto provoca pérdidas agrícolas considerables (solo en Estados Unidos se calculan en 800 millones de dólares anuales) y es un problema para la seguridad aérea en aeropuertos, entre otros “delitos” de su prontuario.

El primer registro de esta especie exótica invasora para Uruguay se produjo en Montevideo tan solo unos años antes del avistamiento de Washington en Colonia, lo que muestra su capacidad de expansión. Fue José Mazzulla quien observó algunos ejemplares en el parque de la Facultad de Veterinaria en 2008 y lo documentó en un trabajo; a partir de entonces se extendieron con rapidez por todo el país, abriendo un signo de interrogación sobre los perjuicios que podrían estar ocasionando en Uruguay.

Pero ¿de dónde vinieron estos estorninos y hasta dónde han llegado? Algo de eso indaga el trabajo Primera década del estornino pinto en Brasil: distribución espacial, tasas de expansión y aspectos de su biología de nidificación, liderado por José Pablo Souto, del Laboratorio de Biología de Mamíferos y Aves de la Universidad Federal do Pampa, Brasil. En él reconstruyen el paso de esta especie por Sudamérica y muestran cómo Uruguay se ha convertido en un trampolín para ella. Para desenredar el papel que nos toca en esta historia y contar su pata local, apelamos al conocimiento ornitológico del propio Washington Jones.

Cuando Argentina estornuda, Uruguay se resfría

A diferencia de lo que ha sucedido con el picudo rojo, Uruguay no es el punto de entrada de esta invasión biológica en Sudamérica. El primer registro de estorninos en nuestro continente se produjo en diciembre de 1987 en Argentina, cuando Juan Horacio Pérez observó a orillas del lago del Rosedal de Palermo “tres aves de aspecto robusto, pico aguzado y largo, con plumaje negro tornasolado muy moteado de blanco” en un eucalipto. Al año siguiente notó que estas aves imitaban el sonido de voces humanas, un talento que ya ameritó un artículo de corte shakesperiano en esta misma sección.

Estornino pinto en Montevideo.

Foto: Florencia Grattarola (NaturalistaUY)

¿Llegaron de Argentina los estorninos que invadieron Uruguay en el siglo XXI? Muy probablemente sí, aunque no de forma directa. El artículo de Mazzulla sobre el primer registro en nuestro país mencionaba que su presencia seguramente se debía a escapes o sueltas de ejemplares capturados en Argentina y luego traídos al país. Él mismo había observado, una década antes de registrarlo en libertad, que el estornino se comercializaba en Uruguay como ave de jaula. Así que es posible que la falta de control de esta actividad clandestina haya tenido su incidencia en el gran problema potencial que tenemos hoy en puerta.

El estornino avanzó en Uruguay rápidamente, pero no se ha quedado en nuestro país. Eso es lo que investiga justamente el trabajo brasileño. Los autores recopilaron registros de esta ave en Brasil durante los diez años posteriores a su primera aparición documentada allí, que se produjo en Rio Grande do Sul en 2014 (seis años después que en Uruguay y casi 30 después que en Argentina). Obtuvieron información mediante trabajos de campo y datos de plataformas de ciencia ciudadana, así como reportes e informes de investigadores y observadores de aves.

Concluyeron que en apenas una década la especie “se ha expandido por una porción considerable de la pampa brasileña, con una tasa media de expansión de entre 19 y 25 km² por año, y con mayor abundancia a lo largo de la frontera con Uruguay”. Esta información nos toca de cerca, porque el hecho de que los registros se concentren a lo largo de la frontera con Uruguay, según los autores del trabajo, “es consistente con una expansión de sur a norte, probablemente a partir de individuos originarios de Uruguay y Argentina”.

Es decir, que a la inversa de lo ocurrido con la invasión luso-brasileña que sufrió Uruguay hace ya más de 200 años, la invasión de los estorninos en Brasil es impulsada en buena parte por ejemplares del territorio uruguayo que están subiendo por el continente.

“En la ocupación del ambiente pampeano por parte de esta especie, los autores identifican Uruguay como una especie de canal, que les estaría permitiendo adentrarse en el estado de Rio Grande do Sul. Nosotros seríamos como un túnel por el que pasa la población establecida en Argentina para llegar a Brasil”, dice Washington.

En Uruguay, sin embargo, no tenemos prácticamente trabajos publicados sobre el estornino pinto ni sabemos qué daño está causando. Conocemos algo de su entrada al país gracias al artículo de Mazzulla y sabemos que están imitando los cantos de aves locales gracias al trabajo del biólogo Pablo Fernández, pero no tenemos idea de su tasa de expansión en nuestro territorio, su posible competencia con aves nativas y su perjuicio a actividades productivas, excepto la información que brindan observaciones oportunistas como las que hizo Washington y otros tantos especialistas locales en aves. Por eso es útil, al menos para extrapolar mientras tanto, echar un vistazo a lo que está sucediendo en países vecinos.

Hay un hueco en la pared

Además de calcular la tasa de expansión del estornino, el trabajo brasileño ofrece información sobre registros de nidificación de la especie, documentados en su gran mayoría entre octubre y noviembre, con nidos activos hasta fines de diciembre.

Los autores identificaron 55 sitios de nidificación del estornino. Los más frecuentes fueron cavidades arbóreas previamente excavadas por pájaros carpinteros en plantaciones de eucaliptos, lo que plantea un posible conflicto con estas especies nativas. De hecho, los autores del trabajo observaron cómo un estornino intentó apropiarse de una cavidad ocupada por una pareja de carpinteros de campo (Colaptes campestris), y también lo registraron en dos ocasiones ocupando nidos de espineros (Anumbius annumbi).

Estornino en la Calera de las Huérfanas, en 2018.

Foto: Washington Jones

Los estorninos, como vimos en la anécdota que inició esta nota, también aprovechan muy bien las construcciones humanas, lo que explica en parte el éxito que tienen en las ciudades y por qué las áreas urbanas parecen estar potenciando su invasión. Un estudio realizado en La Plata, Argentina, mostró que más de la mitad de los nidos se ubicaban en estructuras construidas por el ser humano.

Según Washington, en Uruguay cualquier ave que construya cavidades puede verse afectada por la presencia del estornino, especialmente si la población de esta especie invasora alcanza los números que se han registrado en otros países invadidos, como Estados Unidos. Supone que las golondrinas tendrán problemas considerables.

En cuanto a la posible afectación a las actividades productivas, es poco lo que se sabe aquí, y ese poco no está respaldado por ningún trabajo sistemático. “He sabido de los problemas que hay con los arándanos en Estados Unidos y con los olivares en Europa. Imagino que acá puede llegar a haber un problema, pero no es claro lo que está ocurriendo y me parece que, como siempre, falta mucho estudio”, sostiene Washington.

Por ejemplo, el año pasado el productor de San José y diputado colorado Fernando Beltrán aseguró al diario La Mañana que los estorninos provocaban daños importantes en los viñedos y los definió como “pájaros inteligentes”, que comen en los horarios en los que no hay nadie en ellos.

El propio Beltrán presentó un proyecto de ley para que se hagan “estudios a nivel técnico respecto de la situación del estornino pinto en Uruguay –presencia, daños– para evaluar la posibilidad de declararlo ave plaga nacional y así evitar mayores daños”.

Si eso se cumpliera, el estornino pinto pasaría a ocupar el mismo estatus que otras especies de aves que consumen cultivos, como la cotorra y el garibaldino, con la diferencia de que estas son nativas. Cabe aclarar que tampoco se han hecho aún estudios que cuantifiquen los daños que las cotorras generan a la producción local, pero eso no ha impedido que se propongan métodos de control muy crueles para un animal que, al igual que el estornino, es muy inteligente. Algo parecido ocurre con los estorninos en Estados Unidos, donde son envenenados por un producto llamado “estornicida” (“starlicide” en inglés), que les ocasiona una muerte lenta.

En el proyecto de ley de Vamos Uruguay se aclara que el “espíritu” es el de “evitar fenómenos similares al del picudo rojo”, lo que resume el gran drama de nuestra actitud con las especies invasoras en Uruguay. No actuamos en el momento indicado por minimizar el riesgo o por temor a los costos, pero años después estamos dispuestos a gastar muchísimo más dinero para intentar paliar los problemas ocasionados por nuestra propia inacción.

A pesar de que sobran los ejemplos de invasiones biológicas no tratadas a tiempo, incluyendo algunas que incluso podríamos encarar ahora, como la rana toro y el visón, repetimos sin aprender la moraleja del mito de Tarquinio, el rey romano que se negó a pagar los nueve libros que contenían los oráculos de su ciudad y luego terminó abonando un precio aún mayor por adquirir solo tres de ellos.

Llame ya

“El momento para actuar era cuando recién se lo detectó aquí. Lo que hay que hacer ahora es ver cómo se lidia con él o se mantiene bajo cierto control. En otros países se intenta justamente intervenir a tiempo, como ocurre en Australia, pero allí tienen otra idiosincrasia en la consideración de su naturaleza; acá el Estado vive de espaldas a la naturaleza”, se lamenta Washington.

Pero, tal cual aclara, habrá que ver si en Uruguay los delitos achacados al estornino son los mismos que en otros países e igual de graves. A priori, Washington considera que es, potencialmente, el ave invasora más problemática del país.

“Su posible impacto no se compara con los perjuicios ocasionados por el gorrión, un ave que llegó al país al menos en el siglo XIX y que mucha gente detesta por motivos menores, y ni siquiera con los de la paloma doméstica (Columba livia), que también suele ser una molestia en las ciudades por sus excrementos”, dice.

El trabajo brasileño advierte justamente que el estornino “probablemente representa una amenaza directa para la producción de uva y de oliva en el sur de Brasil, ya que las grandes bandadas pueden convertirse en una plaga significativa para los cultivos de frutos blandos”.

Como en tantos otros temas, Uruguay es aún una incógnita que vale la pena resolver. Además de ignorar la tasa de expansión del estornino en el país o su impacto en cultivos, tampoco conocemos bien cómo es su interacción con especies nativas, e incluso cuáles pueden ser sus depredadores naturales aquí.

Golondrinas azules en la Calera de las Huérfanas.

Foto: Washington Jones

Washington cree que sería interesante ver si la comadreja, tan presente en ambientes urbanos y tan perseguida también, puede ocupar el rol de los depredadores que tiene esta especie en su distribución de origen. “En Europa hay muchos mamíferos especializados en cazar en cavidades de árboles, como la marta, el armiño o la jineta, entre otros, que depredan a los estorninos, pero también hay aves que los atacan, como los gavilanes del género Accipiter. Acá tenemos algunos gavilanes que podrían cumplir ese rol. Quizá si no actuamos tengamos una batería natural para equilibrar un poco el tema, pero todo lo que he leído sobre el control por depredación natural es muy pesimista”, reconoce.

En resumen, el estornino pinto se ha expandido con tanta rapidez por Uruguay que se está convirtiendo ahora en fuente de ejemplares para el sur de Brasil, región que comienza a experimentar sus primeros problemas con esta ave invasora. Pero si bien el estornino es el que está en el banco de los acusados, no es en realidad el culpable.

Espejito, espejito

Se ha dicho hasta el cansancio en estas páginas, pero no viene mal repetirlo: una especie solo puede convertirse en exótica invasora por la mediación humana.

“Sin dudas el estornino es un problema, pero yo no soy de enconarme con los animales introducidos, porque los culpables son los que lo introducen, o sea, nosotros. Todo lo que pasa con el estornino es un espejo de las cosas que hacemos nosotros, hay que verlo así”, confiesa.

“Hay especies cuyos impactos se ven maximizados por lo que hacemos nosotros mismos, pero quizá si nosotros cambiamos las cosas de repente la situación con ellas también cambia”, agrega. Trabajos hechos en Europa, por ejemplo, relacionaron un declive de las poblaciones de estorninos con la reducción de zonas de pastoreo, que proporcionan a estas aves abundancia de parásitos e invertebrados asociados al ganado. Sin entrar en el debate de si esto es deseable o no, muestra que las poblaciones de la especie cambian en respuesta a las actividades humanas.

“En estos tiempos estamos volviendo a escuchar frases como ‘este bicho del demonio’, que cargan la culpa en el animal. Capaz que entonces el bicho tiene que conseguir un abogado y ver cómo litiga su caso, tal cual ocurría en la Edad Media. Y como parece que volvemos a eso, me parece interesante reafirmar que los problemas que provocan ellos los generamos nosotros”, concluye Washington.

Como no estamos en la Edad Media, lo más básico para empezar un juicio de este tipo es recolectar evidencia, que es justamente lo que está faltando. Mozart, que como vimos parecía preferir la compañía de los estorninos a la de su propio padre, probablemente estaría de acuerdo y diría que no es malo; solo algo inquieto y un poco travieso.

Artículo: First decade of european starling in brazil: spatial distribution, expansion rates and insights of nesting biology
Publicación: Birds (julio de 2026)
Autores: José Paulo Souto, Guillermo Blanco, Jorge Pinheiro, Luciano Lopes, Fernanda Machado, Cassiana Alves y Carlos Benhur.

¿Te interesa la ciencia?
Suscribite y recibí la newsletter de Ciencia en tu email.
Suscribite
¿Te interesa la ciencia?
Recibí la newsletter de Ciencia en tu email cada dos viernes.
Recibir