La reciente Encuesta de percepción social del impacto y de las respuestas frente al cambio climático en Uruguay, coordinada por el Ministerio de Ambiente, arrojó que 61% de la población de nuestro país está muy o bastante preocupada por el cambio climático. Más aún, 34% indicó que el cambio climático le afecta poco, 32% mucho, 16% bastante, 14% nada y 3% que no cree en el cambio climático.
La encuesta también indagó sobre percepciones. “Nueve de cada diez manifiestan haber vivido eventos como sequías, olas de calor o de frío, entre otras, en los últimos cuatro años”, señala el relevamiento, y agrega que “la amplia mayoría atribuye estos eventos al cambio climático”, ya que 32% dijeron que tenía mucho que ver con sus causas y 38% que tenía bastante que ver. Sin embargo, en nuestro país la frecuencia de olas de calor, frío, lluvias y sequías extremas presenta una variabilidad natural y una incidencia de otros factores que hace bastante compleja esa atribución.
En un trabajo publicado a principios de 2026, titulado “Análisis climatológico del período seco sin precedentes de 2022-2023 en el suroeste de Uruguay”, los investigadores Emilio Deagosto y Marcelo Barreiro, del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y Física de los Océanos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, afirmaban que “las diferencias entre los períodos secos analizados entre 1962 y 2023 podrían atribuirse” a las influencias “de otros modos climáticos que actúan conjuntamente con la Oscilación Sur de El Niño”.
Más aún, para la excepcional sequía que vivimos, que dejó sin agua potable a gran parte de la población del sur del país, señalan que en el “excepcional déficit de precipitaciones de 2022-2023” podrían haber incidido también otros factores, como “las interacciones superficie-atmósfera y el cambio de uso del suelo”. Concluían que, “aunque la variabilidad natural desempeñó un papel importante, es probable que el calentamiento global de origen humano agravara este déficit excepcional”. En la encuesta recientemente realizada, la opción de que el cambio climático podría haber tenido “algo que ver” con las sequías o efectos percibidos no estaba presente, lo que llevaba a la gente a contestar entre los extremos “mucho”, “bastante”, “poco”, “nada” o “no sabe”. Ahora un nuevo artículo nos lleva a reflexionar aún más sobre algo que ya sabemos: si bien el cambio climático es un fenómeno ya probado y demostrado, sus efectos no son los mismos en todo el globo.
Mirando qué pasa en América del Sur con el calentamiento global
El artículo titulado “Atribución a nivel nacional mediante storyline del calentamiento global a fenómenos extremos relacionados con el calor en América del Sur” lleva la firma de Dalena León, Reyko Schachtschneider, Linda van Garderen y Frauke Feser, investigadoras e investigadores de instituciones de Alemania (Centro Helmholtz Hereon, Universidad de Hamburgo, Centro Helmholtz de Geociencias) y Países Bajos (Universidad de Utrecht).
Allí dan cuenta de una investigación que se propuso “examinar cómo el calentamiento global antropogénico modifica la ocurrencia de fenómenos extremos relacionados con el calor en América del Sur” a escala de cada país, recurriendo para eso a una técnica denominada en español algo así como “relatos de eventos extremos combinados con empujes espectrales”. Más allá de la complejidad que esto implica, en líneas generales podría decirse que mediante estos relatos (en inglés, storylines) se pueden delinear perspectivas sobre eventos climáticos futuros basándose en eventos ya observados en el pasado.
Como señalan en el trabajo, su premisa consistió en ver “qué habría ocurrido si los sucesos de la última década hubieran tenido lugar en ausencia de calentamiento global o con un calentamiento global más intenso”. Los sucesos relacionados con el calor en los que se centraron fueron los días y noches de calor extremo, las noches de alta temperatura combinadas con alta humedad y las sequías extremas (viendo además cuándo abarcaban a más del 20% de cada país y por cuántos meses se extendían).
Basándose en datos climatológicos de 1985 a 2024 y aplicando modelos de evolución de clima y calentamiento, así como simulaciones que requieren gran capacidad de cómputo, su estudio “muestra los cambios en la frecuencia y la estacionalidad de los días cálidos, las noches cálidas y los días cálidos y húmedos, así como en la duración y la extensión de las sequías, si la última década”, es decir, el período 2015-2024, “hubiera transcurrido en un clima diferente”. Esos climas diferentes incluyen un contrafáctico, en el que ven qué habría pasado si el clima se comportara como antes de la era industrial, es decir, casi sin cambio climático antropogénico, en las condiciones presentes (el factual, lo observado cotejado con lo que arroja el modelo) y en tres futuros con niveles crecientes de calentamiento (esos tres denominados +2K, +3K, +4K, cada uno más preocupantemente más caliente que el anterior). Además, como en el período de interés (2015-2024) hubo eventos fuertes de El Niño, también evaluaron “el comportamiento promedio diferenciando entre años neutros y años de El Niño”, para intentar así ver “cómo varían de forma independiente con el calentamiento global”.
Uruguay: país insensible
Más allá de la relevancia de cada uno de los hallazgos del artículo, leer el trabajo desde este rincón de América del Sur implica quedarse con una frase impactante: “Uruguay muestra una baja sensibilidad al calentamiento global”. No es que aquí no nos importe el calentamiento global –la encuesta deja claro que así es–, sino que lo que señalan Dalena León y sus colegas es que, en la mayoría de los índices que analizan, los tres escenarios de mayor calentamiento no impactan aquí tanto como en otros países del continente.
Entre las conclusiones que destacan del trabajo, los autores señalan que en los países sudamericanos “los episodios de calor y sequía de gran impacto de la última década habrían sido sustancialmente menos intensos en condiciones preindustriales”. En otras palabras, y en línea con evidencia abrumadora, el cambio climático es real y sus efectos los estamos experimentando ahora mismo. En el escenario contrafáctico, es decir, en un mundo en el que los seres humanos no hubiéramos liberado gigantescas cantidades de gases de efecto invernadero ni alterado los regímenes hidrológicos, “los episodios de sequía más destacados, asociados a El Niño en 2015-2016 y 2023-2024, se ven considerablemente reducidos tanto en extensión espacial como en magnitud”.
También queda patente un patrón ya observado en otros trabajos de la región con base en observaciones: “Los estudios basados en proyecciones señalan un aumento más rápido de las noches cálidas que de los días cálidos, particularmente en los países tropicales de América del Sur”. Sabemos que eso también aplica para Uruguay. “Los cambios más importantes respecto de la temperatura en Uruguay se observan en las temperaturas mínimas, que ocurren durante la noche”, nos dijo el ya nombrado Marcelo Barreiro tras haber analizado qué pasaría en nuestra región en el reporte 2021 sobre las Bases de las Ciencias Físicas del Cambio Climático del Panel Intergubernamental de Cambio Climático. “No se ha observado, y esto puede parecer contraintuitivo, que las temperaturas máximas durante el día hayan aumentado. Si uno piensa en cambio climático, calentamiento global, esperaría que las temperaturas máximas aumentaran. Eso en Uruguay no se ha observado. El calentamiento que se dio a nivel de país, que es cercano a 1° C en las últimas cinco décadas, se da porque las noches no son tan frías como antes. No aumentó el lado cálido, sino que se corrió el lado frío”, agregaba en aquel momento.
También puntualizan que “en las líneas de relatos a futuro se observa una tendencia hacia estados extremos persistentes en varios países”. Más aún, reportan que “los países tropicales y subtropicales alcanzan el límite máximo en al menos uno de los índices, ya sea con un calentamiento de +2K o superior”, siendo que los “casos más notables son aquellos que alcanzan la saturación incluso en un mundo con un calentamiento de +2K, como las noches cálidas en Colombia y los meses de sequía extrema en Brasil y Bolivia”. Sin embargo, no todo el continente padece el calentamiento global de igual manera. “En contraste, los países más hacia el extremo sur, como Chile, Argentina, Uruguay, parecen estar moderadamente expuestos a episodios de calor extremo, lo cual está relacionado con su comportamiento estacional”. ¿Por qué pasa esto?
“Si bien los días y noches cálidos en estos países no llegan a producirse de forma casi continua como ocurre en los países tropicales, sí se vuelven cada vez más persistentes a lo largo de los meses de verano, mientras que las condiciones de sequía se prolongan más allá de dicha estación”, exponen, volviendo a recalcar que “Uruguay, en particular, muestra una baja sensibilidad al calentamiento global en todos los índices”.
El trabajo tiene gráficos que expresan todo esto de varias maneras. En uno de ellos, un círculo está dividido en cinco sectores: los días cálidos, las noches cálidas y los días cálidos con alta humedad, los meses con sequías extremas y las sequías extremas que abarcan grandes áreas. Hacia el centro del círculo están los valores mínimos, y hacia el borde los máximos (365 días para las temperaturas y humedad, 12 meses para la duración de las sequías extremas y 100% para el área abarcada por ellas). Con distintos colores se puntúan allí los impactos en las cinco líneas de relato: la contrafáctica sin calentamiento, la fáctica con el calentamiento actual y los tres escenarios de mayor calentamiento. En ese gráfico, con un simple golpe de vista, queda patente esa “insensibilidad” de Uruguay al calentamiento global.
gráfico
A no bajar los brazos
El trabajo nos muestra que tanto hoy como en escenarios de intensificación del calentamiento global (entran allí también las sequías y, en menor medida, las inundaciones), nuestro país no se ve tan afectado como otros del continente. Pero como bien señala el artículo, “los países no son unidades climáticas físicas”. Lo sabemos bien al tener en cuenta los patrones diferentes que observamos aquí al comparar lo que pasa al norte y al sur del río Negro. “Los promedios a nivel nacional pueden ocultar importantes contrastes regionales y deben interpretarse junto con mapas espaciales, que ofrecen una representación más completa de los patrones regionales”, recuerdan Dalena León y sus colegas.
No es lo único que contextualizan en su trabajo. Más importante aún, señalan que si bien “una perspectiva a nivel nacional sigue siendo valiosa para relacionar los fenómenos meteorológicos con sus repercusiones en la sociedad”, puntualizan que “las consecuencias de un fenómeno extremo dependen no solo de su magnitud física, sino también de la exposición, la infraestructura, la gobernanza y la capacidad de adaptación”. Como muestra de ello citan el trabajo –que ya cubrimos en esta sección– que consignaba que Ecuador, Colombia y Uruguay eran los tres países de América del Sur con mayor vulnerabilidad a las sequías.
“Aunque las sequías recientes que afectaron a estos países no figuraron entre las más extremas observadas en el continente, provocaron graves repercusiones sociales, como la escasez de agua y la consiguiente reducción de la generación de energía hidroeléctrica”, sostienen. En este punto, Uruguay se lleva la mala nota por cómo la sequía afectó tanto al suministro de agua potable como a la producción. “Estos ejemplos ponen de manifiesto que unas condiciones meteorológicas comparables pueden dar lugar a consecuencias muy diferentes en función de las vulnerabilidades y la capacidad de adaptación de cada país”, recuerdan.
Entonces, aquí el calentamiento global no nos cachetea tanto como en otras regiones del globo o del continente. Eso no es excusa para dos cosas importantes. Por un lado, no debemos dejar de intentar mitigar sus efectos, sobre todo en la población más vulnerable. Por otro, tampoco podemos decir alegremente que todo lo indeseable que nos pasa es por el cambio climático.
Artículo: A country-level storyline attribution of global warming on heat-related extremes in South America
**Publicación: **Weather and Climate Extremes (setiembre de 2026)
Autores: Dalena León, Reyko Schachtschneider, Linda van Garderen y Frauke Feser.
Artículo: Climatological Analysis of the 2022–2023 Unprecedented Dry Period in Southwestern Uruguay
Publicación: International Journal of Climatology (enero de 2026)
Autores: Emilio Deagosto y Marcelo Barreiro.
