Cuando pensamos en el cangrejo sirí, por lo general nos viene a la mente la imagen de empanadas o croquetas en los veranos rochenses, donde esta especie es un recurso gastronómico relativamente importante. Aunque su fama proviene principalmente de ese aspecto, del que sacamos tanto provecho, es un cangrejo portentoso que también merece admiración por otros motivos.
El cangrejo sirí (Callinectes sapidus) tiene un caparazón que puede superar los 15 centímetros de ancho (en otros países llegan a ser bastante más grandes) y unas pinzas largas e intimidantes cuya función principal, en los machos, es competir con otros machos al momento de reproducirse.
Lo más cautivante de su aspecto, más allá del tamaño, es el color azulado, de tonos especialmente vivaces en sus pinzas. No es el color más frecuente en el que lo ven los cocineros, sin embargo, ya que el calor de la olla convierte rápidamente esos tonos azules en naranjas.
Esta fascinación combinada por sus bondades gastronómicas y su aspecto llamativo ya quedó establecida hace 130 años en el nombre científico que porta, que significa “bello nadador sabroso”, y que fue elegido por la especialista Mary Rathbun (que, como nota curiosa aparte, fue una de las mayores expertas en crustáceos, pero nunca fue a la universidad y vio el mar por primera vez a los 21 años).
Lo de “nadador” tiene tanto sentido como lo de “bello” y “sabroso”. Dos de sus diez patas, justamente las ubicadas en el extremo posterior, tienen una forma similar a las palas de remos, lo que les permite impulsarse con agilidad en el agua.
Sabemos muchas cosas fascinantes de los cangrejos sirí, tanto dentro como fuera de la olla. Podemos decir, por ejemplo, que son caníbales, que las hembras se aparean una sola vez en su vida pero guardan el esperma para sucesivas puestas de huevos, y que los machos suelen cargar a las hembras hasta encontrar un lugar protegido en el que puedan hacer su muda, cual flamantes esposos estereotípicos de una comedia de los 80.
Conocemos también algunas particularidades de su biología reproductiva en Uruguay gracias a un trabajo de Estela Delgado y Gabriela Uscudun. Por ejemplo, en la Laguna de Rocha maduran antes y con tallas más pequeñas que en otros lugares del mundo, lo que quizá pueda deberse a la pesca excesiva de juveniles.
Hasta ahora no sabíamos mucho, sin embargo, sobre la conectividad de los cangrejos de aguas uruguayas con los de países vecinos, o sobre el impacto que tienen las áreas marinas protegidas del país en su éxito reproductivo en la región. Es algo relevante, porque hay indicios de sobreexplotación de la especie en algunos puntos, como la Laguna de Rocha y la Laguna de los Patos en Brasil.
Eso es lo que viene a subsanar un trabajo de publicación reciente liderado por Erika Meerhoff, del Centro de Investigación en Ciencias Ambientales del Instituto de Clemente Estable (IIBCE), y firmado también por Noemí Rojas y David Véliz, de la Universidad de Chile; Marcos Alaniz, del Instituto Brasilero de Medio Ambiente; Vincent Combes, del Institut Mediterrani d’Estudis Avançats (España); Ricardo Matano, de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos), y Omar Defeo, del Laboratorio de Ciencias del Mar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República. En él, comprueban que nuestros cangrejos sirí “hablan” portuñol y que eso tiene implicancias importantes a la hora de manejar sus poblaciones.
Atendido por don Cangrejo
¿Qué nos pueden decir estos cangrejos de nuestro sistema de áreas protegidas y su efectividad? Esa era una de las dudas de Erika Meerhoff cuando empezó a estudiar la conectividad de algunas especies y su relación con el diseño de las áreas marinas protegidas en Uruguay.
“Al momento de diseñar las áreas y hacer el manejo, hay que entender cómo funcionan ecológicamente esas áreas en cuanto a su conectividad”, dice, y agrega que esa información es relevante “para saber si están funcionando o no, y qué es lo que están conservando”. “En Uruguay las áreas se definieron en base a la biodiversidad que albergan y los espacios que ocupan, entre otros puntos, pero se conoce muy poco respecto a su conectividad”, explica Erika.
Tal cual apunta su trabajo, el éxito de las áreas marinas protegidas en el “apoyo a la conservación y al manejo pesquero depende en gran medida de su capacidad para aportar larvas a regiones cercanas no protegidas”. En un país en el que estas áreas ocupan tan solo 1,5% de las aguas nacionales, es muy relevante entender y evaluar qué zonas son sensibles para esta conectividad. De hecho, la conectividad ecológica de las áreas marinas protegidas es una de las metas del Marco Mundial de la Biodiversidad de Kumming-Montreal, que Uruguay firmó.
Cangrejo sirí en Arroyo Valizas.
Foto: Leo Lagos (iNaturalist)
Con el objetivo de explorar más sobre el tema, Erika comenzó a indagar en lo que ocurría con algunas especies emblemáticas, como el cangrejo sirí. “Me interesaba por ser un recurso pesquero artesanal que tiene relativa importancia, y porque también lo compartimos con Brasil. Quería saber qué estaba pasando ahí y de qué forma podíamos colaborar entre países”, agrega.
Para entender de qué manera lo “compartimos” con Brasil y por qué importa lo que ocurre de los dos lados de la frontera hay que ahondar en el ciclo de vida de esta especie, que es complejo. Pasa su vida adulta en el fondo de las lagunas, pero sus larvas se desarrollan a la deriva en el océano.
Como muchos veraneantes habrán podido comprobar en Rocha, los adultos se encuentran más precisamente en los fondos de lagunas y de sistemas estuarinos, como las desembocaduras de algunos arroyos. Luego de la reproducción, las hembras se acercan al mar a desovar, porque las larvas necesitan una salinidad alta para sobrevivir en el momento en que eclosionan.
“Una vez liberadas, las larvas son transportadas por corrientes a zonas del océano adyacente y pasan por varios estadios de desarrollo”, apunta Erika. Cuando hacen la transición a juveniles, reingresan a las lagunas o zonas estuarinas, ya sean las mismas de las que salieron u otras.
Hasta ahora, no sabíamos exactamente qué ocurre con las larvas de estos cangrejos que salen al mar en Uruguay. ¿Llegan a aguas de países vecinos? ¿Qué pasa luego con ellas? ¿Se conectan con las poblaciones de Brasil y de Argentina? Eso es exactamente lo que se propuso averiguar este trabajo.
Tomalo con pinzas
Para responder esto, se basaron en dos metodologías complementarias. Por un lado, usaron un modelo biofísico que simula las rutas de dispersión de las larvas teniendo en cuenta tanto las condiciones ambientales (temperatura, salinidad, etcétera) como las características biológicas de la especie (época en que las larvas salen al mar, cuánto tiempo pasan en el plancton, capacidad para moverse verticalmente, etcétera).
Los lugares desde donde se modelaron estas “liberaciones virtuales de larvas” fueron la desembocadura del arroyo Chuy, laguna de Rocha, laguna de Castillos, laguna Garzón (en Uruguay); laguna de los Patos y laguna Peixe, en Brasil, y la bahía de Samborombón en Argentina. Se hicieron pruebas con dos duraciones larvales simuladas y en distintas épocas del año (incluidos inviernos con el fenómeno intenso de La Niña).
“No dejan de ser modelos, pero lo bueno es que se van ajustando”, dice Erika. Para completar estos datos y tener una mirada más precisa, echaron mano justamente a otra metodología.
Hicieron un estudio de genética poblacional con ejemplares de la especie capturados en varios puntos de Uruguay y Brasil. En total, analizaron muestras de 76 cangrejos de laguna de Castillos, laguna de Rocha, la desembocadura del arroyo Chuy, laguna de los Patos y laguna Peixe.
¿Qué nos contaron las dos metodologías sobre los cangrejos sirí de Uruguay, su relación con Brasil y el rol que juegan las áreas protegidas del país en su éxito reproductivo?
La alegría no es solo brasileña
Los dos enfoques usados por los investigadores revelaron una “conectividad sustancial” entre los sitios muestreados. En otras palabras, que la suerte de los cangrejos sirí de Uruguay está íntimamente ligada a la de sus pares brasileños del sur y viceversa. No hubo, sin embargo, transporte larval hacia la bahía de Samborombón, Argentina, en el límite sur de la distribución de la especie.
Como primera conclusión importante, podemos decir que el análisis genético “respaldó la existencia de una única población bien mezclada en toda el área de estudio, lo que es coherente con la amplia dispersión predicha por el modelo”, indica el trabajo. Los cangrejos sirí de Uruguay y Brasil forman una gran población no diferenciada.
El modelo mostró que lo que predomina es el autorreclutamiento (es decir, que tras completar su desarrollo los individuos vuelven al lugar de donde salieron), pero que también hay conectividad entre las áreas analizadas de los dos países. Por ejemplo, bajo ciertas condiciones, como liberaciones tardías en los inviernos de La Niña, las larvas de las áreas protegidas uruguayas (como Garzón, Castillos, Rocha) hacen un buen aporte a las lagunas brasileñas e incluso algunas llegan hasta la de Peixe, que es la laguna más al norte. Y en esta conexión juega un rol fundamental la desembocadura del arroyo Chuy, una de las conclusiones más relevantes del trabajo.
Cangrejo sirí en Laguna de Rocha.
Foto: Fernando Vilariño (NaturalistaUy)
“El modelo bio-oceanográfico mostró que la desembocadura del arroyo Chuy era clave en el intercambio larval entre las áreas marinas protegidas de Uruguay y la laguna de los Patos, en Brasil”, concluye la investigación.
Y agrega: “Dada la importancia de la desembocadura del arroyo Chuy, tanto en el autorreclutamiento como en la conectividad larval, debería considerarse el manejo de la pesquería en esta área. En Uruguay está prohibida la captura de hembras ovígeras, pero falta fiscalización”. Por hembras ovígeras se denomina a aquellas que llevan los huevos fertilizados adheridos al cuerpo, generalmente bajo el abdomen.
“Este es un lugar muy importante para la conectividad del sirí, pero es un área que no está protegida y no se conoce mucho lo que pasa allí. Los pescadores de las lagunas costeras, que sí son áreas protegidas, tratan de tener cuidado con eso, conocen las restricciones”, reconoce Erika.
De héroe a villano
Mientras en Uruguay queremos asegurarnos de que las poblaciones de cangrejo sirí permanezcan en nuestras aguas, en otras regiones del mundo buscan hacer lo contrario. Tienen sus buenos motivos.
El sirí es nativo de las costas del Atlántico occidental, con una distribución que va desde Canadá a Uruguay y Argentina, pero también llegó hace más de un siglo al Mar Mediterráneo en el agua de lastre de los buques, donde logró prosperar. Su gran capacidad de dispersión larval se convirtió allí en un problema.
El sirí es en el Mediterráneo una especie exótica invasora, y su población explotó en los últimos años con consecuencias muy perjudiciales. Tantas, que su afamado sabor no puede compensarlas. Compite con especies locales, rompe las redes de pesca y destruye cultivos de moluscos, entre otros “crímenes”.
Un trabajo reciente hecho por investigadores italianos concluyó que la mejor forma de reducir su número en las lagunas del Adriático es remover hembras en el predesove de fines de primavera y comienzos de verano, más que pescarlos sin ton ni son durante todo el año. Es decir, mientras en Uruguay buscamos proteger las hembras ovígeras, en los lugares invadidos tienen que hacer exactamente lo opuesto, una buena muestra de los impactos que la intervención humana, voluntaria o no, puede provocar cuando quita una pieza de un puzle para colocarla en otro al que no pertenece naturalmente.
Del Chuy al Chuí
Además de la prohibición de capturar hembras que portan huevos, la única restricción que rige hoy para la pesca del sirí en Uruguay es la talla: cualquier ejemplar con menos de 10,5 centímetros de ancho de caparazón debe descartarse.
Por cuidadosos que sean los pescadores cuesta imaginárselos con regla en mano en medio del ajetreo de las salidas, pero, según Erika, tienen una preocupación genuina por el buen manejo de la especie. Este trabajo, de hecho, se hizo en estrecha colaboración con ellos, que aportaron muestras para la investigación genética.
En su artículo, Erika y sus colegas recuerdan que otros lugares donde habita el sirí tienen medidas de manejo sugeridas o en marcha, que podrían servir de inspiración para la desembocadura del Chuy. Por ejemplo, el trabajo ya mencionado de Estela Delgado y Gabriela Uscudun en laguna de Rocha hace seis recomendaciones, entre las que se encuentra estimar una captura máxima que no afecte al stock reproductor a lo largo de varios años.
La Laguna de Rocha tiene sus problemas específicos, como bien señala el trabajo de Uscudun y Delgado, y por eso allí incluyen también otro tipo de sugerencias, como evaluar la influencia del cierre natural de la barra arenosa, proteger a las hembras durante la migración que hacen para la eclosión de larvas, evitar la pesca excesiva de machos maduros y monitorear la situación de la especie en la laguna, “por ser un recurso pesquero de importancia económica a nivel mundial y por su rol ecosistémico”.
Pero cuidar las poblaciones de sirí no depende solo de los manejos y mejoras que hagamos a la interna. Como ya vimos en el trabajo de Meerhoff, los cangrejos, igual que los humanos que van de compras al Chuy, no reconocen fronteras. Dicho de otro modo, no hay estrictamente cangrejos uruguayos y brasileños, sino una población compartida, y por lo tanto para ellos es muy relevante lo que se haga en cualquiera de los dos países.
“Estos hallazgos subrayan la necesidad de implementar un marco de manejo binacional”, dice su trabajo. “En Uruguay, el cangrejo sirí se maneja en áreas marinas protegidas y los resultados indican que estas áreas podrían representar fuentes presuntas para repoblar áreas agotadas”, agrega.
Por lo tanto, se precisa una “colaboración más estrecha entre Brasil y Uruguay para elaborar un plan de manejo conjunto que integre datos científicos, normativas armonizadas y un monitoreo conjunto” que permita el uso sostenible de esta población compartida, que ya cuenta con “regiones sobreexplotadas como las lagunas de los Patos y de Rocha”.
Para Erika, el trabajo también es relevante porque nos da pistas para el diseño futuro de áreas marinas protegidas. “Hoy se está pensando en diseñar áreas a partir de los muestreos del Falkor, con todo lo que hemos observado en cañones y en el mar profundo, pero tenemos que pensar también qué rol ecológico van a cumplir esas áreas desde el punto de vista de la conectividad”, dice.
Los cangrejos sirí, como vemos, nos han dado mucho sin pedir nada a cambio. La desgracia de ser sabrosos, como descubrimos los humanos desde hace muchísimo tiempo, los ha convertido en uno de los platos predilectos de los veranos esteños. Su ciclo de vida también nos ayuda a entender la conectividad de varias zonas sensibles en la región y hasta nos brinda pistas para diseñar mejor nuestras áreas marinas protegidas. La contrapartida mínima por tantos servicios, incluso por puro interés, es garantizar su permanencia a largo plazo en las aguas de Uruguay y Brasil.
Artículo: Connectivity of the Blue Crab Callinectes sapidus in the Southwest Atlantic Ocean: Population Genetics, Biophysical Modeling and Management Implications
Publicación: Marine Ecology (junio de 2026)
Autores: Erika Meerhoff, Noemi Rojas, David Véliz, Marcos Alaniz, Vincent Combes, Ricardo Matano y Omar Defeo.
Artículo: Estrategia reproductiva del cangrejo sirí Callinectes sapidus Rathbun, 1896 (Decapoda, Brachyura, Portunidae), en la Laguna de Rocha, Uruguay
Publicación: Boletín de la Sociedad Zoológica del Uruguay (marzo de 2025)
Autores: Gabriela Uscudun y Estela Delgado.
