La música y el baile asociado a ella pueden lograr cosas maravillosas, desde hacernos sudar hasta inmiscuirse en nuestros estados de ánimo. El tango no es una excepción. Como una de las danzas más bailadas en el planeta –hay quienes la ubican en segundo lugar, detrás de la salsa–, esta creación rioplatense ha impactado en la vida de varios millones de personas, entre ellas la de una investigadora de nuestro país que acaba de publicar un fabuloso artículo científico.
“En 2005 entré a la Facultad de Ciencias para hacer Biología u Oceanografía, pero dentro de facultad di con un taller de tango que cambió el curso de mi vida”, confiesa Carol Magui Torres, del Departamento de Educación Física y Deporte del Instituto Superior de Educación Física de la Universidad de la República (Udelar) y primera autora del artículo titulado algo así como “Energética, cinemática y aspectos fisiológicos de la caminata del tango en el rol de líder”. La acompañan en la autoría de la publicación Alberto Minetti, del Laboratorio de Fisiomecánica de la Locomoción de la Universidad de Milán; Carlo Biancardi, del Laboratorio de Investigación en Biomecánica y Análisis del Movimiento (Libiam) del Cenur Litoral Norte, sede Paysandú, de la Udelar, y Gabriel Fábrica, de la Unidad Académica de Biofísica de la Facultad de Medicina de la Udelar.
Ya veremos cómo el tango la sacó de su actividad académica –luego de ese taller, Magui fue haciendo su camino como instructora de baile tanguero– y cómo volvió a ser responsable de que retomara ese camino –este trabajo es parte de su carrera de grado–, pero antes hagamos un par de precisiones. El artículo publicado es el primero que estudia efectos en el metabolismo y la biomecánica al bailar tango, en concreto, de la caminata en el rol de líder a ritmo de milonga (el baile de tango es más que eso, pero por algo se empieza). Por otro lado, ya que el tango “tiene potencial terapéutico para mejorar la marcha y la calidad de vida en poblaciones con discapacidades locomotoras”, como afirman en el trabajo, tener información de qué implica bailarlo desde el punto de vista energético y para las distintas articulaciones es más que relevante. Por último, la investigación aporta valiosa información que incluso podría incorporarse a la propia enseñanza del tango como danza.
Así que con todo esto en mente, vayamos al encuentro de Magui Torres y Gabriel Fábrica.
Claves de esta investigación
- En la literatura científica no había estudios que abordaran cuantitativamente la biomecánica al bailar tango ni los cambios metabólicos que conlleva su baile.
- El equipo de investigación se propuso cuantificar “el costo metabólico, el trabajo mecánico, el movimiento del centro de masa corporal y la energética” durante la caminata hacia adelante en el rol de líder.
- En el estudio participaron 17 bailarines avanzados de tango a los que se les colocaron sensores para captar sus movimientos con cámaras, máscaras que miden el oxígeno y el dióxido de carbono, así como la frecuencia cardíaca.
- Las mediciones se realizaron tanto con los participantes caminando durante cinco minutos a “caminata autoseleccionada”, algo así como la velocidad a la que inconscientemente caminamos y que coincide con un mayor ahorro energético, como realizando la caminata de tango hacia adelante en el rol de líder, también por cinco minutos.
- A efectos de poder comparar bien los cambios entre los dos tipos de caminata, se hizo bailar a los participantes al ritmo de la milonga “La puñalada”, ya que coincide con el ritmo que tendemos a adoptar en la caminata autoseleccionada (unos dos pasos por segundo o 199 BPM).
- Encontraron que la caminata de tango implicaba un aumento de la potencia metabólica y un costo energético de transporte 50% mayor que caminar. Sin embargo, no hubo grandes diferencias en el trabajo mecánico realizado.
- Sí se encontraron “alteraciones en la cinemática de las rodillas y la trayectoria del centro de masa corporal”.
- Por eso concluyen que “la caminata del tango con la cadencia de una milonga (119 BPM) aumenta la demanda metabólica sin cambios proporcionales en el trabajo mecánico”.
- La disminución observada de las oscilaciones laterales de la caminata del tango y la amplitud de los pasos hacia adelante “sugieren mecanismos que potencialmente podrían estar detrás de los efectos terapéuticos del tango sobre la marcha y el equilibrio” en personas con problemas neurológicos.
Bajo la influencia del tango
Magui Torres, como ya vimos, tras tomar un curso de Biomecánica en 2007 en la Facultad de Ciencias, abandonó la facultad. “Me dediqué de lleno al tango”, cuenta. Sin embargo, en 2021 volvió. “Volví ya con la cabeza de que no sabía qué quería estudiar, pero que tenía que tener relación con el tango”, recuerda.
El azar tuvo su qué ver. Dando clases de tango, Magui recibió a un alumno particular: Gabriel Fábrica (con quien ya hablamos por sus trabajos sobre el fútbol y la selección). “Después de varias clases, Gabriel empezó a ver que en clase hablaba de cosas como que el centro de masa corporal al caminar se parece a un péndulo invertido y demás. Él no me lo había dicho, pero venía de un palo que hacía que entendiera muy bien lo que yo decía. En un momento me preguntó qué había estudiado, y cuando le dije que había ido a la Facultad de Ciencias, quiso saber cuánto había avanzado”, recuerda Magui. Entones Gabriel la impulsó a que retomara su carrera, sugiriéndole que podía mezclar el tango con lo que le gustaba de la biomecánica y demás si cursaba la Licenciatura en Biología Humana. Y eso hizo.
“Lo primero que hicimos relacionado con el tango fue durante un proyecto para cuantificar el costo de transporte de distintas franjas etarias de la población uruguaya. Medíamos el consumo de oxígeno en una cinta caminadora donde personas de distintas edades andaban cinco minutos a diferentes velocidades”, retoma Magui. “Cuando estábamos haciendo ese proyecto, me dije que el rol del líder del tango consiste justamente en caminar para adelante, así que propuse hacer algo igual a lo que estábamos haciendo con el costo de transporte, pero en la caminata del tango”, agrega.
“Mi tutor en ese momento me pidió que hiciera una búsqueda bibliográfica para ver si eso ya había sido abordado”, señala Magui. Pero no fue el caso. “El comienzo de esa búsqueda coincidió con otra realizada en el marco de una materia que estaba haciendo en la Facultad de Medicina, asociada a la relevancia de la danza como alternativa para la rehabilitación”, cuenta. Y entonces Magui dio con algo sorprendente: “De todo el conjunto de danzas usadas en rehabilitación que estudiamos, la más utilizada a nivel mundial para enfermedades neurodegenerativas, como párkinson o alzhéimer, era el tango”, cuenta aún sorprendida.
La otra búsqueda, la que le había encomendado su tutor sobre variables mecánicas o costo de transporte en el tango, arrojó pocos resultados. Un trabajo de 2020 donde “se hace un análisis con cinemetría, empleando varias cámaras y modelando el cuerpo”, pero, como señala Magui, se trataba “más de un trabajo descriptivo de cómo se camina en el tango”.
Por otro lado, tampoco se había estudiado qué pasaba a nivel metabólico y el gasto de energía al bailarlo. “Dimos con estudios sobre algunas danzas brasileñas y algunas otras, pero sobre tango no había nada, cero”, cuenta Magui. La combinación entre un estudio biomecánico y otro metabólico en la “caminata del tango” era entonces aún más interesante. Así que hicieron un protocolo para estudiar eso y se pusieron tango a la obra.
Caminata autoseleccionada: ahorradores inconscientes de energía
Como se puede ver en el recuadro sobre cómo se hizo la investigación, la caminata de tango se comparó con la “caminata autoseleccionada”. ¿Qué es eso de caminata autoseleccionada? Vendría a ser la velocidad a la que tendemos a caminar naturalmente cuando nadie o nada nos indica un ritmo determinado. “Es una marcha que elegimos automáticamente. Es como cuando aprendés a manejar. Al principio, mirás a cuántas revoluciones vas o a qué velocidad, para pasar de un cambio a otro. Pero después hacés los cambios sin pensar en eso, elegís el cambio automáticamente”, traza la analogía Magui.
“Por otro lado, se ha estudiado que la caminata autoseleccionada implica un rango de velocidades que están muy cerca de la velocidad en que se gasta menos energía”, dice Gabriel Fábrica, que interviene poco porque le cede el paso a su profesora de tango y colega. En otras palabras, inconscientemente elegimos caminar realizando un menor gasto energético. Si caminamos más rápido o más lento, gastaremos más energía por unidad de distancia recorrida.
“Y ahí hay algo importante. Si graficáramos el costo del transporte de acuerdo con la velocidad al caminar, el gráfico que se obtiene es como el de una pipa de fumar. A una velocidad de cuatro kilómetros por hora está el pico más bajo de costo al caminar. Y en general allí cae la velocidad autoseleccionada de los adultos saludables. Si esa velocidad aumenta, el costo al caminar se eleva; eso es bastante intuitivo. Pero lo que no es intuitivo es darse cuenta de que si caminamos más lento, gastamos más energía que caminando a esa velocidad cercana a los cuatro kilómetros por hora. Si antes de estudiar esto me preguntabas, yo hubiera dicho que al caminar a velocidades menores a mi velocidad habitual gastaría menos energía. Pero pasa lo contrario”, dice Magui maravillada. Y tiene un porqué.
“Eso para mí, que hace 17 años que soy docente de tango, fue un quiebre en mi forma de pensar una clase de tango”, confiesa. “Porque cuando llegaba una persona a la que el médico le había mandado bailar tango porque tenía 80 años, prótesis de cadera y una afección cardíaca, yo le ponía un tango lento para arrancar. Cuando empecé a ver estas cuestiones, se me hizo evidente que eso habría que reverlo”, dice Magui. Ya hablaremos más de eso, pero ahora volvamos al experimento.
Así que la caminata de tango, en rol de líder, se comparó con la caminata a velocidad autoseleccionada. En ambas los participantes caminaron cinco minutos. En ambas tareas se registraron los movimientos con ocho cámaras y sensores en el cuerpo, además de un ergoespirómetro, aparato que registra el consumo de oxígeno y la liberación de dióxido de carbono de la respiración. Claro que para poder ver las diferencias entre la caminata autoseleccionada y la caminata al bailar, el tango que les pondrían no podía a ser cualquiera.
Magui Torres y Gabriel Fábrica. Imagen de divulgación gentileza de Carol Torres.
Caminando al ritmo de “La puñalada”
“Teníamos que elegir un tango para que las personas hicieran esa caminata. El primer tango en el que pensé fue alguno de Juan d’Arienzo, porque es el rey del compás, te brinda un metrónomo externo implacable”, cuenta Magui. Pero el rey del compás no funcionó.
“Cuando les puse D’Arienzo caminaban como con un freno de mano, y eso era un problema. Si en las velocidades de la caminata autoseleccionada y la del tango no era similar el costo energético, por lo que vimos en la curva con forma de pipa, no iban a ser comparables”, relata.
“Empezamos a buscar tangos y así llegamos a “La puñalada”. El primer cobayo era yo misma, pero luego vimos que con “La puñalada” todos lograban mantener una frecuencia de paso similar a su frecuencia de la caminata autoseleccionada, que está cerca de esos 4 kilómetros por hora. La frecuencia de pasos de esa marcha, en música, son unos 119 BPM”, señala Magui.
Los BPM (del inglés beats per minute) pueden traducirse como pulsos por minuto. Los 119 BPM del ritmo de la milonga “La puñalada”, compuesta por Horacio Castellanos en 1937, vendrían a ser entonces casi dos pasos por segundo. Metiendo dos pasos por segundo caminamos cerca del ahorro máximo de energía (hay variaciones para cada persona, claro está, como siempre sucede en la biología) y, al mismo tiempo, acompañaríamos muy bien al tango de Castellanos. “La Puñalada fue el metrónomo experimental que encontramos”, remarca Magui.
¿Caminar más lento para gastar más energía?
Incorporar lo de la curva del costo energético con firma de pipa resultó de gran relevancia para Magui. Tratar de que sus alumnos comenzaran a bailar con un tango lento no implicaba una tarea más sencilla, sino una más exigente a nivel metabólico, y más desafiante: debían adaptarse a una caminata muy alejada de su caminar habitual. Eso también puede trasladarse a la velocidad a la que las personas caminan para hacer ejercicio. ¿Conviene caminar a la velocidad óptima de gasto energético o es mejor hacerlo más rápido o más lento?
“Ahí está lo rico de esto”, dice Magui. Si se quiere evitar el impacto en las articulaciones, caminar más lento sería recomendable, más aún cuando eso no implica un menor gasto de energía. Caminar más lento o más rápido dependerá de lo que la persona busque o le divierta, pero no por caminar más lento gastará menos energía. Entender eso me pareció casi mágico”, señala.
“Si quisiera gastar más energía, caminaría más lento”, coincide Gabriel. “El costo por distancia es mayor, pero al ir más lento el impacto es menor, y a su vez el gasto de energía real es menor o igual –el gasto de energía, no el costo–, entonces podés caminar más rato. Ahí está el efecto tiempo”, sostiene.
Una forma de bailar... con mayor costo
“El trabajo se limitó a analizar la caminata hacia adelante en el rol de líder. Después hay otro montón de factores que se dan en el baile del tango que Magui ya empezó a trabajar y que tienen que ver con el caminar abrazado, que el otro camine hacia atrás, y otras acciones”, precisa Gabriel. Aun así, vieron cosas importantes.
“Uno de los principales resultados del trabajo es que la caminata de tango tiene un aumento del costo energético respecto de la caminata. En lo que respecta al costo energético, la caminata de tango estaría entre caminar y trotar”, afirma Gabriel. En efecto, en el trabajo reportan que “caminar al ritmo del tango aumentó la potencia metabólica y el costo del transporte (en cerca del 50%) y redujo la eficiencia, sin cambios significativos en el trabajo mecánico”.
Al realizar la caminata autoseleccionada, los participantes gastaron unos 1,95 julios por kilo por metro, lo que según el trabajo “se encuentra dentro del rango esperado para la velocidad desarrollada” en esa caminata. Sin embargo, durante la caminata del tango “el costo del transporte por unidad de distancia aumentó significativamente”, marcando unos 2,92 julios por kilo por metro, “lo que refuerza la idea de que caminar con la técnica del tango impone demandas energéticas adicionales sin un aumento proporcional en la velocidad hacia adelante”. Trotar ya implica, en general, un costo energético de 4 julios por kilo por metro.
“Lo destacable es que si bien aumenta el costo energético, las variables mecánicas no difieren tanto de una caminata, por lo que el aumento de ese costo no está tan explicado por lo que hacés mecánicamente al caminar en el tango, no está directamente vinculado a eso, y eso es súper interesante”, comenta Magui. “Lo que sí cambia, y eso Magui ya lo había observado, es el ángulo de la rodilla. Y eso cambió también el eje de inclinación”, agrega Gabriel.
“Cuando bailás tango, flexionás la rodilla y te inclinás hacia adelante como para facilitar ese avance, y dejás libres los talones. Todo eso lo tenés que sostener. Generalmente, cuando se baila de a dos, uno se apoya en el otro y lo compensa ahí. Pero cuando estás solo, tenés que sostenerlo vos con tus posteriores. Eso hace que uno sienta físicamente una tensión ya cuando pone la postura”, amplía Magui, quien tiene una conjetura. “No lo hemos analizado específicamente aún, porque habría que hacer una electromiografía, la medición eléctrica de los músculos en miembros inferiores y superiores, pero todo parecería indicar que ese gran aumento de casi un 50% del costo energético parecería venir de ese cambio en las rodillas y del eje de inclinación”.
“Desde una perspectiva aplicada, el aumento de la demanda metabólica durante el tango sugiere su potencial como una tarea motora de intensidad moderada que puede complementar los enfoques de ejercicio tradicionales”, remarcan en el artículo.
“Me pareció fascinante cómo algunas cosas que aparecieron en el trabajo luego tenían mucho que ver con cosas que uno ha experimentado al bailar tango. Por ejemplo, la posibilidad de que existan cocontracciones de músculos que no hacés participar cuando caminás normalmente, que podrían explicar el mayor gasto que existe en el caso de la caminata del tango. Esas cocontracciones las sentís mucho en las primeras clases, y sobre todo mucho a nivel cervical en la postura del abrazo. Muchísimo. Por lo menos a mí me pasó, y a casi todas las personas con las que hablé que se iniciaron a bailar, también. Con el tiempo lográs adaptar la postura para que eso se vaya”, comenta Gabriel.
¿De a uno o de a dos?
“Cuando mandamos este trabajo a la primera revista, nos lo rechazaron. A un revisor le pareció bien, pero el otro dijo que el tango se baila de a dos, que no se baila solo, que no entendía porque analizábamos solo el rol de líder, y por eso lo rechazó. Eso me dolió en el alma”, confiesa Magui.
“Pero enfocarse en ese rol de líder es súper utilizado en terapias enfocadas en una sola persona. Por otro lado, a veces bailo tango sola en el escenario. Más aún, el tango tiene dos roles y podés bailar cualquiera de los dos. Pero para poder bailar en conjunto, el líder tiene que aprender su rol y quien sigue tiene que aprender su rol por separado. Después sí se mezclan”, nos explica.
“Hay un constructo social de que el tango es de a dos, pero no lo aprendés todo el tiempo de a dos. Quizás las primeras clases se arranca de a dos para que las personas se entusiasmen, pero después, si querés mejorar o ser profesional, te toca hacer barra solo. Primero tenés que aprender a controlar tu cuerpo. Y en terapia también es así. Muchísimas terapias de tango consisten en la persona tomándose de la barra y caminando, porque no siempre vas a tener un otro que te ayude”, añade Magui.
Siga el baile, siga el baile
Como ya vimos, esto de las velocidades a las que nos sentimos cómodos y ahorramos energía al caminar tuvo consecuencias no solo para este estudio, sino también para que Magui repensara cómo enseñar a bailar el tango. “Esto del costo energético que aumenta a velocidades mayores o menores de caminata que la de la caminata autoseleccionada tiene un impacto fundamental en eso. Si te pongo a caminar a 140 BPM y te dejo solo, al rato volvés a 119 BPM, porque es lo que tu cuerpo tiende a hacer, ya que si tenés 20 años, hace 16 que estás caminando a ese ritmo”, explica.
“Cuando diseñás como docente una clase de tango, ponés el tango que te gusta o el que sabés que le gusta a todo el mundo. Pero el asunto es entender cómo ese tango calza con el patrón motor de la persona que está aprendiendo a bailar. Hay veces que las personas te dicen que no pueden, que tienen dos pies izquierdos. ¿Será que están tratando de aprender con el tango correcto?”, enfatiza Magui.
“Ahora que retomé un poco el bailongo y que me enseñaran a bailar basándose en esto de los BPM, Magui me hizo bailar a determinadas frecuencias, es decir, practicar solo algunos tangos. Y ahí pude ser mucho más fluido. Es increíble, más allá de lo que dio el trabajo, que la elección de la música tenga que ver con un costo de energía que realizás; también la elección de la música te facilita lo que podés llegar a hacer bailando”, concuerda Gabriel.
Medidores y sensores colocados en participantes. Foto: gentileza Carol Torres.
“Cuando empecé a ver eso de los costos, los BPM, y el patrón motor, me di cuenta de que a la gente le estoy pidiendo una doble tarea. Si además de estar aprendiendo un ritmo musical están aprendiendo un nuevo patrón de marcha, eso hace todo súper complejo, porque estás como aprendiendo a caminar de nuevo. Al que nunca bailó, además de enseñarle un ritmo nuevo, lo estoy sacando de su patrón motor. Entonces usé a Gabriel y a un neozelandés que nunca había hecho nada de tango, de cobayos”, dice Magui.
“Los dejé caminar y les calculé más o menos la velocidad y a qué tiempo lo hacían. Con base en esas velocidades elegí los tangos que les iba a poner. Entonces les enseñé los cuatro movimientos básicos de tango dentro de su patrón motor, a la velocidad autoseleccionada de los dos. Cuando ellos estaban cómodos con eso, les dije que los sacaría de esa comodidad con tangos más rápidos o más lentos. Pasó que al estar desafiados se salían un poquito de ritmo, pero volvían a su patrón de comodidad. En mis 16 años de docente de tango anteriores, cuando alguien se iba del patrón, se frenaba, volvíamos a cero. Era como un bebé cayéndose. Y para mí esa siempre fue la gran limitación que veía en el aprendizaje del tango, que la persona se bloqueaba una y otra vez. Y los que se bloqueaban mucho, se frustraban y no volvían. Con esta aproximación de comenzar con el patrón con el que estaban cómodos, eso no pasó. El neozelandés a las cinco clases fue a una milonga y se sintió cómodo”, dice entusiasmada Magui.
“Entonces, ¡pucha!, les estaba haciendo aprender una doble tarea, aprender a reaprender a caminar mientras aprendían a bailar, mientras abrazaban a una persona, mientras estaban en un contexto social. Ahora veo primero cómo caminan y luego los saco de ahí. Para mí eso, como docente, es mágico”, remarca.
Importancia para la terapia
“Dentro de lo que he podido leer en literatura sobre el tango como actividad terapéutica, el énfasis está mucho más puesto en lo emocional de las interacciones al estar con un grupo y con un otro, o en la confianza que da estar apoyada en otro. Es como tener un bastón que físicamente no se ve como un bastón, entonces socialmente es aceptado. Ese apoyarse en otro brinda seguridad para caminar”, comenta Magui.
“Por otro lado implica una neuroplasticidad, dado que se está haciendo un movimiento motor mientras hay un controlador externo que es el tiempo musical. Al mismo tiempo, la persona está tratando de cumplir con distintas consignas, ya sea de líder o de quien sigue al líder. Todo eso que viene con el tango ejercita la neuroplasticidad”, agrega.
“Yo no soy tanguero, pero como investigador me sorprendí mucho cuando descubrí que el tango era un baile creativo. Yo pensaba que el tango era el baile más estructurado de todos. Y me pareció fascinante cuando llegó eso”, la secunda Gabriel.
“En el tango que se baila en la milonga, el que se baila en un club o en un entorno social, se va improvisando todo el tiempo, porque se te cruza una persona y tenés que cambiar a la mitad de una figura, o estás cerca de una mesa, lo que sea. Todo eso hace que estés todo el tiempo cambiando. Y todo eso ayuda a entrenar la neuroplasticidad. Aun en una misma base rítmica, te obliga a readaptarte todo el tiempo. En el tango, cuando pensás que sabés cómo empieza, si el líder es creativo, terminás en cualquier lado. Y eso está buenísimo, porque le rompe la predictibilidad al cerebro y lo obliga a estar todo el tiempo alerta y pensando”, coincide Magui.
“El tango además implica otro beneficio que a veces no vemos. Tiene una población, por lo menos en Uruguay, bastante envejecida. Y cuando envejecemos vamos perdiendo nuestro patrón habitual de marcha. En lugar de hacer los pasos tan largos, empiezan a acortarse. También empiezan a lateralizarse más, empezamos a caminar más como pingüinito. Todo eso se debe a que hay una afectación del equilibrio. Por tanto, a mayor edad tendemos a hacer más ancho el paso y más corto. ¿Qué te pide el tango? Pasos largos y en línea. En ese sentido, el tango te vuelve al patrón de cuando tenías una salud y un equilibrio funcionando al óptimo”, desarrolla Magui.
“Entonces, uno de los beneficios del tango es que va siempre en contra del movimiento del deterioro. En vez de ensanchar y acortar el paso, el tango busca alargarlo y mantener la línea. Eso también es un beneficio y por eso en terapia el tango se usa mucho para corregir el patrón de marcha deteriorado”, sostiene.
Así las cosas, este primer estudio sobre metabolismo y biomecánica cuantitativa del baile del tango derrama conocimiento valioso. Abre puertas a más investigaciones sobre esa gran creación rioplatense, da indicios de utilidad para pensar en terapias de rehabilitación o fortalecimiento de la marcha en personas con diversas problemáticas y, en un círculo virtuoso, da puntas para mejorar la propia enseñanza del baile. Qué linda nuestra ciencia. Chan, chan.
Artículo: Energetics, kinematics, and physiologic aspects of tango walking in the leader role
Publicación: PeerJ (agosto de 2026)
Autores: Carol Torres, Alberto Minetti, Carlo Biancardi y Gabriel Fábrica.
¿Fútbol o tango?
Le pregunto a Gabriel dónde se siente más cómodo, si con el fútbol o con el tango.
“Siempre me voy a sentir más cómodo con el fútbol. Pero el estudio de patrones es lo que a mí me gusta. Descubrir patrones o tratar de entender por qué se dan determinados patrones, y la matemática que está detrás de eso. Entonces, son dos dimensiones distintas”, contesta.
“Una cosa es estudiar el patrón de una secuenciación de acciones entre un grupo de personas y otra cosa es un grupo reducido, como estamos ahora, de solo dos personas. Ya estamos en eso con el tango, viendo cómo se da la interacción entre el movimiento de esas dos personas y la asociación con la música”, adelanta, mostrando que habrá trabajos sobre tango para rato.
De hecho, Gabriel cuenta que están trabajando con un guitarrista de tango y académico argentino, Rodrigo Albornoz, viendo “cómo se relacionan los patrones de la música con los patrones del movimiento”. En su cara se forma una sonrisa: “Tenemos por delante un abanico enorme de cosas para hacer. El desafío metodológico de la relación música-baile, música-interacción entre los bailarines, está hermoso”.
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