Saltar a contenido
Ciencia Comunidad científica
Gato de pajonal cautivo. Foto: gentileza de Bioparque M'bopicuá.

Gato de pajonal cautivo. Foto: gentileza de Bioparque M'bopicuá.

Uruguay declaró al gato de pajonal “en peligro crítico” y se une a Argentina y Brasil para salvarlo de la extinción

Iniciativa trinacional procura plan para salvar al gato de pajonal uruguayo, especie bajo la mayor categoría de amenaza existente debido a la pérdida de los pastizales en los que vive y los atropellamientos, entre otras presiones.

Algunas semanas atrás, personal de una estancia de Paysandú se topó durante un recorrido por sus campos con un visitante inusual. Era un felino de pelo muy largo, color pajizo y con franjas horizontales en las patas. Lo más extraño no era tanto su aspecto físico como su postura defensiva al verse rodeado por humanos y perros. Arqueaba el lomo para aparentar un mayor tamaño, erizaba sus pelos y lanzaba vocalizaciones de advertencia.

1

Las personas que experimentaron este encuentro infrecuente hicieron bien las cosas, por suerte. Mantuvieron a sus perros a raya, filmaron al animal, disfrutaron el avistamiento y dejaron seguir camino al felino. Luego enviaron el video a la bióloga Nadia Bou, que está escribiendo su tesis de doctorado con la especie que protagonizó el episodio: el gato de pajonal.

No cualquier gato de pajonal, en realidad, porque ese es el término genérico para definir a cinco especies de felinos en Sudamérica, sino uno casi endémico de Uruguay. Se debate aún sobre su nombre común (¿gato de pajonal uruguayo?, ¿gato de pajonal de Larrañaga?) y su nombre científico (Leopardus munoai o Leopardus fasciatus, según una discusión aún en curso), pero lo que es claro desde 2020 es que es una especie distinta a las demás, que su distribución es muy restringida y, sobre todo, que está en problemas.

De hecho, lo de gato de pajonal uruguayo sería más que apropiado, porque habita exclusivamente en la ecorregión de la sabana uruguaya, lo que significa que nuestro país ocupa casi todo su rango de distribución, más el extremo sur de Brasil y una pequeña parte del noreste argentino. Para hacerlo aún más nuestro, podemos decir que, según un trabajo publicado en 2023 por los investigadores locales Enrique González y Juan Andrés Martínez, el primero en darle un nombre científico válido a esta especie que vive en el país fue el naturalista y sacerdote uruguayo Dámaso Antonio Larrañaga, aunque sus apuntes se publicaron mucho después de su muerte (de ahí surge justamente el debate sobre el nombre que debería usarse).

Los gatos de pajonal que son avistados cada tanto por seres humanos en nuestro país no suelen tener tanta suerte como el registrado en Paysandú. Muchos mueren por ataques de perros que no se dejan amedrentar por la táctica defensiva de este felino, y otros tantos son atropellados al intentar cruzar las carreteras que atraviesan el ambiente en el que viven. Estos son solo dos de los grandes problemas que han llevado a esta especie al borde de la extinción, como queda claro en la Lista Roja de los Mamíferos del Uruguay que se publicará en estos días.

Luz roja

Según la Lista Roja, el gato de pajonal se encuentra en la más comprometida de las categorías de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN): en peligro crítico, que se representa con el acrónimo “CR”. De acuerdo con los mastozoólogos que analizaron su situación según los criterios de la UICN, se estima que hay menos de 250 individuos maduros en el territorio nacional, cifra que podría disminuir 20% en solo dos generaciones debido a la pérdida de su ambiente natural: los pastizales, que experimentan un retroceso alarmante en Uruguay en las últimas décadas.

Justamente, los pajonales y pastizales altos de los que depende esta especie están siendo eliminados y fragmentados en el país “a causa de cambios en el uso del suelo vinculados a actividades productivas (ganadería, agricultura, forestación)”, señala la Lista Roja. A eso se le suman los problemas ya mencionados, como los atropellamientos, los ataques de perros y el mascotismo, más algunas particularidades ecológicas y comportamentales, como veremos.

Gato de pajonal cautivo. Foto: gentileza de Bioparque M'bopicuá.

Gato de pajonal cautivo. Foto: gentileza de Bioparque M'bopicuá.

Las áreas protegidas no ayudan mucho a la especie en Uruguay, por no decir directamente nada. Ocupan cerca del 1% del país, una cifra ínfima, pero además prácticamente no incluyen el hábitat del gato de pajonal. Esta realidad es un reflejo del ninguneo de los pastizales en Uruguay, que no están prácticamente dentro de las áreas protegidas ni cuentan con medidas específicas, pese a que un 20% de ellos se perdió entre 1985 y 2022 en el país

A diferencia de otras especies de felinos, que en Uruguay están comprometidas pero en otros países tienen poblaciones saludables, este gato de pajonal se encuentra bajo la misma categoría de amenaza en Brasil y Argentina. Su situación global es crítica, lo que significa, en otras palabras, que sus días como especie están contados si los tres países no se ponen de acuerdo para tomar medidas.

Y un avance significativo para lograr eso se dio recientemente en Porto Alegre, Brasil, donde expertos de los tres países se reunieron en un taller internacional para la conservación del gato de pajonal. Los objetivos centrales fueron unificar la información existente sobre esta especie, definir prioridades de conservación y planear acciones concretas para impedir que el felino entre al infausto salón de la fama de las especies extintas.

Nuestro país fue representado por dos investigadores locales que han trabajado específicamente en felinos: Nadia Bou, del Departamento de Biodiversidad y Genética del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), y Diego Queirolo, del Departamento de Ciencias Biológicas del Centro Universitario Región Litoral Norte (Universidad de la República). Nadia lleva adelante también la cuenta @gatocamperouy, que en los últimos tiempos ha recopilado varios registros de la especie, ya sea imágenes de gatos vivos, atropellados o mascotizados.

En comparación con Brasil, Uruguay tiene menos especialistas trabajando en este tema (y con menos recursos), pero, al igual que el gato de pajonal, nuestros biólogos se las han ingeniado para disimular su tamaño, parecer más grandes y hacer su aporte en un tema en el que se juega nada menos que el futuro de una especie emblemática.

Atrapado sin salida

La amenaza de los perros, el mascotismo y el atropellamiento en rutas no son problemas que afecten solo al gato de pajonal en Uruguay, pero esta especie tiene además algunas particularidades que la vuelven más vulnerable que otras. Una de ellas quedó expuesta en la anécdota que dio inicio a esta nota. “Es un gato que no sube a los árboles, no sale corriendo, como podría ocurrir con el margay o el gato montés, y su método de defensa es tal cual aparece en el video. Se queda ahí creyendo que está mimetizado, o que está aparentando un tamaño intimidante y que nadie se le va a acercar. Pero eso no sirve cuando lo rodean varios perros. Esa es una vulnerabilidad comportamental”, dice Diego.

Además, no parece tener mucha capacidad de adaptarse a las modificaciones humanas, agrega Nadia. “El gato montés, por ejemplo, es más plástico, es una especie que logra sobrevivir en ambientes bastante intervenidos, pero el gato de pajonal no tiene esa resiliencia”, dice.

Al ser tan dependiente del ambiente, en especial de los pastizales con cierta altura, no cuenta con la opción del refugio de los bosques. Vive en ambientes abiertos en los que tiene más chances de ser detectado; como recorre grandes extensiones para buscar alimento, se expone también al peligro de las rutas y a quedar al descubierto en zonas descampadas. A todo esto se agrega que parece contar naturalmente con bajos números poblacionales, cuentan Diego y Nadia.

Es un combo desafortunado para un animal que depende de uno de los ecosistemas más amenazados y a la vez descuidados del país. Al ser tan elusivo e infrecuente, es también poco lo que se sabe de él, algo que está empezando a cambiar.

La conquista del oeste

Durante el taller realizado en Porto Alegre, Nadia hizo una presentación en la que mostró algunos de los resultados preliminares de su tesis de doctorado. Aunque resta mucho aún por estudiar, asoman algunos datos interesantes. Por ejemplo, antes del 2000, buena parte de los registros para Uruguay –la mayoría, ejemplares depositados en el Museo Nacional de Historia Natural– estaba localizada en el suroeste del país, pero a partir de ese año desaparecieron de esa zona y comenzaron a agruparse más en el este, como muestran los reportes de filmaciones, cámaras trampa y atropellamientos.

2

“Cuando uno compara eso con el mapa de uso del suelo del país, ve que esa zona donde no hubo más registros es donde hay mayor impacto agrícola y urbano. Entonces, es posible que debido a la modificación humana del ambiente los gatos de pajonal ya no estén allí. Pero es algo que hay que seguir estudiando para tener datos más firmes”, dice Nadia. Uno de los proyectos para Uruguay es justamente hacer monitoreos en las zonas en las que han aparecido, como el caso mencionado en Paysandú, o muchos otros recopilados por los investigadores, como ha ocurrido en Lavalleja o Soriano.

En su presentación habló también de su proyecto de doctorado, que busca comprender cuáles son los niveles de diversidad genética en las poblaciones de gato de pajonal en Uruguay.

“Trabajos previos utilizan muy poquitas muestras de Uruguay. Recién estamos haciendo los primeros trabajos con un número de muestras suficientemente representativo. Y ahí hay dos cosas a investigar. Una es ver qué tan conectados están los subgrupos de la especie en el territorio. La otra, súper importante, es ver la diversidad genética general que tiene la especie en esta región. Porque a menor diversidad genética, mayor es la probabilidad de extinción; los individuos pasan a tener menos capacidad de adaptarse a cambios en el ambiente y empiezan a manifestarse enfermedades o variantes que reducen su capacidad de reproducción y supervivencia”, señala Nadia.

El riesgo en este caso es que el gato de pajonal entre en lo que se conoce como “vórtice de extinción”, que es cuando una población se reduce a un punto crítico tal que comienza a tener problemas de endogamia y baja diversidad genética, que a su vez hacen que el número de individuos disminuya aún más, en un círculo vicioso muy difícil de romper.

Una muy baja diversidad genética, por ejemplo, podría llevar a implementar medidas más intervencionistas, como reproducir ejemplares en cautiverio e introducirlos. “Si bien es algo que aún estoy estudiando, lo que veo de forma preliminar es que todavía se retiene bastante diversidad genética y que sería prioritario enfocarnos en reducir las amenazas, no en tomar medidas de ese tipo. Por ejemplo, aumentar el área disponible para la especie, disminuir los atropellamientos en carretera y reducir la matanza por perros para que naturalmente las poblaciones comiencen a mejorar”, dice Nadia.

Para Diego, estamos “lejísimos” de criar ejemplares para reingresarlos al ambiente. “Tenés que solucionar el problema que tiene el animal en la naturaleza si querés reintroducirlo. Porque si el tema de fondo no se arregla, todos los gatos que devuelvas a su entorno van a tener el mismo problema. No tiene sentido”, explica.

Sobre el final del taller los participantes de los tres países acordaron una serie de acciones en conjunto, que incluyen elaborar un protocolo común de monitoreo, profundizar los estudios de genética, mejorar la comunicación sobre la situación de la especie y llevar una planilla unificada de registros, entre otros puntos.

Para Uruguay, específicamente, los investigadores destacaron como prioridades la necesidad de hacer más investigación sobre el gato de pajonal, la conservación de su hábitat, el reforzamiento de monitoreo de la especie, la implementación de medidas para disminuir los atropellamientos, una mejor comunicación al público y la posibilidad de impulsar medidas de compensación para productores que conserven el ambiente idóneo para la especie. Es en este último punto sobre el que puede haber novedades interesantes para el gato de pajonal a corto o mediano plazo.

Una alianza para el gato

Uno de los problemas que enfrenta el gato de pajonal es compartido por otras especies severamente amenazadas del país, como el venado de campo: no hay leyes que protejan el pastizal natural, que es donde vive este felino, ni estímulos para quienes mantienen a los animales que dependen de él.

“En el caso de Brasil hay una legislación que ayuda: en el sur, que es parte del área de distribución del gato de pajonal, todos los dueños de campo tienen que guardar un 20% de su terreno para alguna política de conservación (un porcentaje que es muy superior en otras regiones). Ahí hay una pequeña estrategia que se podría implementar, pero en el caso de Uruguay no existe nada de eso. Por ejemplo, con el venado de campo no hemos hecho otra cosa que agradecer a los señores de las estancias que lo mantienen; esa ha sido nuestra política de conservación”, se lamenta Diego.

Por eso, una posible solución por ahora es apuntar al sector privado, y más específicamente a la Alianza del Pastizal, que ya trabaja en el sur de Brasil en la conservación del gato de pajonal. Esta alianza está integrada por productores de ganado interesados en combinar la producción con la conservación de las especies que viven en sus mismos campos. En Uruguay también están presentes, pero trabajan por ahora con aves especialistas de los pastizales. Bajo la guía de ornitólogos locales, han logrado que se mantengan parches con vegetación a alturas idóneas para especies que están perdiendo su ambiente.

Según Nadia, en la Alianza hay apertura para incluir esta especie de felino dentro de sus medidas de conservación. Eso implicaría “generar protocolos de buenas prácticas para conservar al gato de pajonal dentro de esos campos”, apunta Nadia, otro de los objetivos a corto plazo para los investigadores. Esto sin dudas es valioso, pero en el fondo la conservación de una especie no puede depender de esfuerzos particulares, como bien saben los participantes de este taller trinacional. Tal como dijo la especialista brasileña Flávia Tirelli, la especie no se salva por sí sola, y será necesario que participen tanto el sector productivo como el legislativo.

En ese terreno, Brasil está muy por delante de Argentina y Uruguay, pero lo bueno es que hay varias cosas que sus gobiernos pueden imitar.

En Brasil el gobierno implementa los Planes de Acción Nacional, herramientas institucionales para mitigar las amenazas y reducir el riesgo de extinción de especies de la fauna brasileña, por ejemplo, uno específico de pequeños felinos en el que está incluido el gato de pajonal. Entre las acciones propuestas en el taller realizado en Brasil está implementar un plan de este tipo en forma trinacional, en un intento por sumar a los gobiernos de Argentina y Uruguay con el mismo nivel de compromiso.

Con grandes animales vienen grandes responsabilidades

“En Uruguay tenemos una lista roja de especies de mamíferos que acaba de evaluar como críticamente amenazado al gato de pajonal, la categoría más grave de todas, porque lo siguiente luego de eso es la extinción. Esa lista es oficial, porque la elabora el Ministerio de Ambiente, y sin embargo no es vinculante, no existe ningún decreto o acción que se asocie a esa lista. Eso en Brasil no ocurre; una lista roja va acompañada por una ley. Es lo primero que habría que empezar a hacer en Uruguay, que es muy básico, porque el gobierno hoy estimula la creación de un listado de este tipo, pero no lo transforma en ley”, cuestiona Diego.

Por eso es importante, dice Nadia, que haya una presión por parte de los investigadores, la sociedad en general e incluso de los países vecinos, a través de este tipo de acciones trinacionales, para que el gobierno comience a tomar conciencia de que es necesario hacer algo.

“Es una cuestión que sobrepasa a Uruguay; a nivel internacional esta especie está en peligro crítico de extinción, y la mayor parte de su distribución está acá en Uruguay, lo que significa que algo hay que hacer”, sostiene.

“Y ese algo hay que hacerlo de una forma mancomunada, e implementarlo con el mismo peso en los tres países, para que no queden patas débiles. Yo espero que en algún momento los gobiernos hablen, se pongan de acuerdo y bajen líneas en común, pero para eso todos tenemos que hacer fuerza”, dice Diego.

La pérdida de una especie por acción u omisión humanas no es solamente una tragedia para el animal que desaparece; convierte a nuestro mundo en un lugar más pobre, nos empobrece a nosotros mismos y corta en forma irreparable una rama del árbol de la vida que evolucionó durante millones de años.

Está lleno de ejemplos de extinciones que hoy se recuerdan con tristeza y nostalgia, desde el dodo de la isla de Mauricio desaparecido hace 350 años, que sirvió al menos para despertar por primera vez conciencia sobre el problema de la extinción de especies a manos humanas, al tilacino cazado hasta su fin en Tasmania a comienzos del siglo XX, o, más recientemente, el delfín del río Yangtsé extinto por la contaminación sonora e industrial.

Nuestro gato de pajonal es un animal tan carismático e inolvidable como cualquiera de ellos. Tal cual dice Diego Queirolo, si no hacemos algo, esta especie seguirá ese mismo camino, y Uruguay no querrá ser el país que cargue con eso.