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Ciencia Investigación científica
Vertiendo cera en cueva de escarabajo de la arena Escarabajo de la arena macho. · Foto: Belén Aguilar

Vertiendo cera en cueva de escarabajo de la arena Escarabajo de la arena macho.

Foto: Belén Aguilar

Guardianes de la arena: por primera vez estudian al escarabajo de las dunas en Uruguay, posible aliado para salvar las playas

Trabajo pionero de científicas locales permitió desenredar varios misterios en torno al escarabajo Thronistes rouxi, habitante de las dunas playeras, ecosistema en peligro por el impacto de la urbanización y el cambio climático.

Parece la escena inicial de una de esas películas de terror en las que abundan ritos satánicos en playas, al estilo de La noche de las gaviotas o la uruguaya El tema del verano, que casi siempre deriva en la inevitable desaparición de alguno de los personajes. Se desarrolla durante las noches en la costa de Araminda y también de Lagomar.

Visto de lejos, el panorama parece espeluznante. Hay una persona tirada con los brazos enterrados. Otra tiene un fuego prendido con el que calienta cera de abeja. Una tercera vierte la cera caliente en agujeros en la arena. Además, en las dunas brillan decenas de papeles reflectantes, como si fueran restos de alguna ofrenda macabra.

Es toda una aventura, pero nada truculenta y muy distinta a la que uno podría imaginarse. La protagoniza un equipo de científicas de la Facultad de Ciencias y el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), inmerso en un misterio que nadie se ha molestado en indagar a fondo en el último siglo y medio, desde que conocemos formalmente su existencia: la vida de unos curiosos habitantes de la arena que emergen de ella en las noches de verano.

Patricia González y Belén Aguilar.

Patricia González y Belén Aguilar.

Foto: Alessandro Maradei

Los protagonistas de esta película son los escarabajos de las dunas (Thronistes rouxi), a los que no vemos con tanta frecuencia como a sus parientes más famosos, los escarabajos toritos (Diloboderus abderus). Lo más común es observarlos muertos en la arena, a partir de finales de enero, pero el resto del tiempo están mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos. Ya era hora de que supiéramos más sobre ellos, tanto por la fascinación que despierta descubrir cosas nuevas sobre nuestra fauna como por el futuro de las playas que tanto nos gustan a escarabajos de las dunas y humanos por igual.

De eso trata justamente un trabajo reciente, primera investigación científica publicada sobre esta especie, firmado por Belén Aguilar y Patricia González, de la Sección Entomología de Facultad de Ciencias (Universidad de la República), y Andrea Albín, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva del IIBCE. En él, muchos de los misterios esbozados en el comienzo de esta nota –la cera de abejas, los humanos con los brazos enterrados, el futuro de las playas– se explican en forma mucho más satisfactoria que en cualquier película de terror.

La noche de los escarabajos vivientes

Cuando los humanos nos tiramos a descansar en las dunas de una playa vacía creyendo que estamos solos, nos equivocamos, porque debajo de nosotros hay un mundo complejo y lleno de vida en el que se mueven varias especies. Por ejemplo, los protagonistas de esta nota.

Escarabajo de la arena hembra.

Escarabajo de la arena hembra.

Foto: Belén Aguilar

Los escarabajos de las dunas no son nada terroríficos, pero podríamos decir que tienen algunas cosas en común con los zombis playeros de La noche de las gaviotas a los que aludimos en los primeros párrafos. Sus larvas pasan enterradas bajo arena durante dos años, alimentándose de la vegetación nativa que encuentran en las dunas, hasta emerger de ellas ya en su fase adulta, convertidas en escarabajos. Su objetivo en esta nueva etapa, que dura solo un mes y poco, no será atrapar humanos incautos, sino conseguir pareja.

Todo esto lo sabemos gracias a las investigaciones que hicieron Patricia, Belén y Andrea en el marco de la tesis final de carrera de Belén. Hasta entonces, lo único que conocíamos de estos escarabajos de color marrón o rojizo, de tres o cuatro centímetros de largo, eran algunas citas anecdóticas y la breve descripción científica hecha por el alemán Herman Burmeister, en 1847, con base en ejemplares recolectados en Buenos Aires.

Pero su presencia en la boca de galerías hechas en las dunas de arena ya había llamado la atención tanto de Patricia como de Andrea. Patricia comenzó a observarlos luego de tutorear junto con Omar Defeo la tesis de maestría de Virginia Mourglia sobre la fauna de insectos que habita en la playa, y Andrea los vio más de una vez durante sus investigaciones sobre otros habitantes de las dunas: las arañas lobo Allocosa senex y Allocosa marindia.

La llegada de Belén a la Sección Entomología de Facultad de Ciencias, en busca de un tema de estudio para su tesis de carrera, fue el catalizador perfecto para hacerle justicia a esta especie y comenzar a descubrir algunos de sus secretos. Para entenderlos, hay que volver a las playas de Araminda y Lagomar, con unos cuantos kilos de cera de abeja encima.

Escarabajo de la arena hembra.

Escarabajo de la arena hembra.

Foto: Belén Aguilar

Que llueva, que llueva, Thronistes está en la cueva

Había y hay mucho por investigar sobre estos escarabajos, que son relevantes como organismos con valor intrínseco, pero también por el rol que pueden cumplir para cuidar uno de los ecosistemas más amenazados del planeta, las playas.

Belén, Patricia y Andrea se preguntaban muchas cosas sobre esos animales. ¿Cuán grandes son las galerías que construyen bajo las dunas? ¿Son iguales en todas las playas? ¿En qué época las construyen y cuán cerca de otras galerías las hacen? ¿Las fabrica el macho, la hembra, ambos?

Para responder a estas preguntas debieron recurrir tanto a las salidas de campo como al trabajo de laboratorio. Para lo primero, eligieron dos tipos de playas bien distintas, como Lagomar y Araminda. La primera es de pendiente más suave y arena más fina, y la segunda de pendiente más pronunciada y arena gruesa, una diferencia relevante para los organismos que viven en ellas. “Queríamos saber si eso influía en cómo construían las cuevas, el tamaño de los escarabajos, o el tamaño de las galerías”, explica Belén.

Durante las noches de enero y comienzos de febrero de dos veranos seguidos, Belén, Patricia y Andrea visitaron estas playas para capturar ejemplares de estos escarabajos y estudiar el tamaño y forma de sus galerías. El horario nocturno era obligado, porque durante el día estos escarabajos se meten dentro de sus galerías y cierran la entrada (haciendo unos montoncitos de arena bastante característicos, que sirven para identificar que están allí). Las abren desde que cae el sol hasta que sale nuevamente, como los dueños de algunos pubs y discotecas.

Los machos de la especie suelen aguardar en la entrada de la galería y aparecen en mayor cantidad –o al menos son más fáciles de ver– que las hembras. Se los puede distinguir de ellas por el cuerno cefálico y otro pequeño cuerno bífido en el pronoto (una de las partes del protórax de los insectos). Por qué esperan en la boca de la cueva, duritos como blandengues a la entrada del mausoleo de Artigas, y para qué la usan no está del todo claro aún, aunque las observaciones de las investigadoras dan algunas pistas.

Moldes de cera de cueva de escarabajos de la arena Vertiendo cera en cueva de escarabajo de la arena Escarabajo de la arena macho.

Moldes de cera de cueva de escarabajos de la arena Vertiendo cera en cueva de escarabajo de la arena Escarabajo de la arena macho.

Foto: Belén Aguilar

Por ejemplo, durante su investigación vieron en un par de ocasiones a una hembra que se acercaba hasta la entrada de una cueva donde la aguardaba un macho y se metía en ella junto con él. “Después la cueva se cerró y no los volvimos a ver”, dice Belén, dando un final pudoroso a la historia.

Eso hace sospechar que la madriguera es un lugar de apareamiento, pero hay muchas preguntas por responder. ¿El macho realiza algún sonido o emite feromonas que atraen a las hembras? ¿Ellas evalúan el potencial de los candidatos que se exponen abiertamente a la entrada de sus cuevas, para luego elegir con quién se quedan?

Lo que ocurre luego del apareamiento abre más preguntas. “No sabemos si las hembras ponen los huevos allí y las larvas se abren paso en la arena, o si hacen la puesta directamente en la base de las plantas de las que se alimentarán luego. Eso es un misterio todavía. Tampoco sabemos si, una vez que la hembra entra a la madriguera, el macho sale a hacer guardia para impedir la entrada de otros escarabajos que podrían querer copular con ella”, cuenta Patricia. Más se sabe de estos coleópteros, más ganas dan seguir investigando.

Lo que sí pudieron responder con evidencia las investigadoras, tanto en sus aventuras por la Costa de Oro como en el laboratorio, fueron algunas de las preguntas que se hicieron sobre las galerías.

Qué cera será

Descubrir la forma y el tamaño de una galería subterránea es un asunto complejo. Por suerte, Andrea ya había dado con un método perfecto en sus estudios sobre las arañas de la arena: derretir cera de abejas y verterla en los agujeros hasta formar un molde. Eso es lo que llevó a las investigadoras a cargar un hornito hasta Lagomar y Araminda para calentar la cera en las noches playeras. Primero retiraban al macho guardián de la boca de la madriguera y luego generaban el molde.

Molde de cera de cueva de escarabajo de la arena.

Molde de cera de cueva de escarabajo de la arena.

Foto: Belén Aguilar

Al principio llevaron solo un poco de cera, porque Andrea estaba acostumbrada a las pequeñas madrigueras de las arañas. Y aquí es donde este escarabajo dio su primera sorpresa. Se quedaron cortas y tuvieron que recargar provisiones, porque las cuevas, sinuosas y tubulares, resultaron ser muy grandes. Llegaron a extenderse hasta por dos metros y alcanzaban casi un metro de profundidad. Tanto, que para sacar los moldes de cera tuvieron que desenterrarlos con cuidado y esfuerzo.

Las galerías tuvieron aproximadamente el mismo tamaño en las dos playas salvo por un aspecto: en Araminda fueron más anchas, algo que está relacionado directamente con el tamaño mayor de los ejemplares encontrados allí (el rasgo diferencial más notable fue el ancho del pronoto). Aunque hay que confirmar esta tendencia con más estudios, es posible que la diferencia se deba a que la playa de Araminda, con más pendiente, ofrece un hábitat un poco más seguro y relajado para los organismos que viven en las dunas que la playa de Lagomar, donde hay más posibilidad de que las madrigueras sean alcanzadas por el mar, tal cual han propuesto trabajos liderados por Omar Defeo sobre la fauna playera.

Descubrieron otro dato interesante cuando analizaron cómo estaban distribuidas las galerías de los escarabajos a lo largo de las dunas. “Pudimos ver que las cuevas siempre se encontraban muy cerca unas de otras, algo que se ha observado en otros escarabajos que tienen un sistema de apareamiento particular que se denomina lek, en el que los machos se juntan o se ponen todos muy cerquita para poder emitir señales de forma simultánea y aumentar sus chances de atraer a una hembra”, dice Belén. Si esto es así, crean una suerte de colonia de conquistadores que facilita el contacto con potenciales parejas, una auténtica red social de encuentros.

El trabajo de las investigadoras en campo, sin embargo, no les permitió resolver con certeza cuál de los sexos construye estas imponentes galerías. Para eso fue necesario reclutar algunos voluntarios para pruebas de laboratorio.

Escarabajo de la arena macho en cueva.

Escarabajo de la arena macho en cueva.

Foto: Belén Aguilar

Tomar el escarabajo por los cuernos

Capturar escarabajos de las dunas resultó una tarea dificultosa, porque estos animales se tiraban raudos al interior de sus galerías ni bien sentían las vibraciones en la arena. Por eso, las investigadoras marcaron primero las entradas de las cuevas con banderitas reflectantes, para identificar bien dónde se escondían.

Se acercaban entonces a las cuevas, cubrían sus linternas de cabeza con papel de celofán rojo (color que la gran mayoría de los insectos no es capaz de percibir), esperaban pacientemente al lado de las entradas a que los escarabajos emergieran de vuelta, y los capturaban rápidamente, a veces tomándolos por el cuernito.

De este modo recolectaron 101 individuos: 56 en Lagomar (50 machos y seis hembras) y 45 en la playa de Araminda (39 machos y seis hembras). Al colocarlos en terrarios individuales en el laboratorio, pudieron resolver la incógnita pendiente: solo los machos construyeron galerías.

Al mismo tiempo, deconstruyeron los roles de género a los que nos acostumbramos con esta familia de escarabajos en Uruguay. “Se da al revés que con el conocido escarabajo torito: ahí es la hembra la que hace una cueva y el macho es el que sale a deambular en busca de pareja”, explica Patricia.

En resumen, el trabajo de Belén, Patricia y Andrea nos abre la entrada a un mundo que desconocíamos, al generar un montón de conocimiento sobre la biología básica de esta especie con implicancias relevantes para todos, nos gusten o no estos animalitos. Sobre eso tratan las nuevas investigaciones que están realizando, enmarcadas en la tesis de maestría de Belén.

Duna, la película

Resulta extraño que supiéramos tan poco sobre animales que comparten con nosotros uno de los paisajes más venerados por los seres humanos, como las playas, pero el momento para indagar más sobre ellos no podría ser mejor. Un cuarto de las playas del mundo está en proceso rápido de erosión, presionadas, por un lado, por la urbanización e industrialización y, por otro, por el incremento del nivel del mar y otros efectos del cambio climático.

Cueva tapada junto a pasto nativo.

Cueva tapada junto a pasto nativo.

Foto: Belén Aguilar

En Uruguay, un país que se enorgullece de sus playas y depende de ellas para el ingreso de divisas, además de los beneficios culturales y recreativos que le reportan, la situación es igual de apremiante. Más del 70% de nuestras playas están entre muy impactadas y severamente comprometidas en su salud y calidad escénica. En muchas de ellas, el sistema de dunas del que depende su buen funcionamiento ha desaparecido o está en grave deterioro por el endurecimiento costero, el tránsito de vehículos y la acción de plantas invasoras, entre otras presiones humanas.

En este contexto, entender el rol que juegan las especies que habitan en las dunas en el mantenimiento de la salud de estos ecosistemas es más relevante que nunca.

El artículo lo dice con claridad en sus conclusiones: “Dada su asociación con un hábitat vulnerable como las dunas costeras, esta especie podría representar un importante bioindicador del estado de conservación de las dunas. Asimismo, la aparente dependencia de los estadios larvarios de pastos costeros nativos como Cortaderia selloana subraya la importancia de conservar los ecosistemas costeros uruguayos frente a amenazas como las especies invasoras y la fragmentación del hábitat”.

Un ejemplo triste de este problema que mencionan se dio cuando la Intendencia de Maldonado decidió plantar una especie exótica invasora, la garra de león, para “fijar” las dunas de San Francisco, algo expresamente desaconsejado por el Comité de Especies Exóticas Invasoras.

“Hoy sabemos que, si hay dunas, este animal aparece; y si no hay dunas, no está”, dice Patricia sobre el posible rol de insecto bandera para estos ecosistemas. Para confirmar el potencial rol de bioindicador, el equipo ya está haciendo nuevos trabajos. “El objetivo ahora es identificar un gradiente de urbanización de las playas de todos los balnearios de Canelones, que vaya de las mejor conservadas a las peor conservadas, y luego hacer muestreos para ver cómo responde la especie a eso”, agrega Belén. Eso implica también estudiar otros factores asociados, como la densidad de la vegetación y la altura de las dunas.

Aunque haya que confirmarlo a través de estudios más profundos, el escarabajo de las dunas parece tener todo como para pasar el “casting” y convertirse en abanderado de las dunas: es llamativo, bastante grande, fácilmente reconocible y vive solo en ese ecosistema. Llegará luego el momento de fomentar esa imagen a través de un buen trabajo de relaciones públicas, quizá con la participación de la población a través de proyectos de ciencia ciudadana como monitoreos participativos o charlas en escuelas.

Escarabajos de las dunas con molde de una galeria hecha por el escarabajo en la duna.

Escarabajos de las dunas con molde de una galeria hecha por el escarabajo en la duna.

Foto: Alessandro Maradei

“Quizá el escarabajo nos ayude a empezar a ver las playas de otra forma; no como un paisaje inerte que solo tiene arena, sino como un ecosistema en el que viven muchos organismos y en el que ocurren muchísimos procesos relevantes para el bienestar de la biodiversidad que las habita y también para los propios seres humanos. Y lograr, con más conocimientos, que las acciones para salvar las playas y sus dunas sean mejores y más eficientes”, concluyen Belén y Patricia.

A diferencia de los films de terror mencionados al comienzo, no es la aparición de criaturas que emergen de la arena lo que debería preocuparnos, sino lo contrario, su desaparición. La verdadera película de terror para las playas comenzaría así.

Artículo: Architecture of burrows and ecological aspects of Thronistes rouxi: a potential bioindicator for coastal dune conservation
Publicación: Austral Entomology (julio de 2026)
Autores: Belén Aguilar, Andrea Albín y Patricia González.