la diaria Tecnología

Foto: Pablo Vignali

El apagón (analógico) que nos encendió

Testimonios de la transición tecnológica, los aparatos obsoletos y las viejas costumbres de los usuarios mayores de la televisión.

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Algo sonó raro en el anuncio del apagón analógico del 26 de setiembre. ¿Desde cuándo los gobiernos anuncian el apagón de un servicio con tanta alegría? Cuando se corta la luz y la heladera empieza a chorrear, la empresa estatal habla de “servicios afectados” o “interrumpidos”. La palabra apagón es una rareza en el lenguaje institucional. Por eso, anunciarlo con bombos y platillos, como si todo el mundo supiera qué significa analógico, resultaba sospechoso. ¿Acaso temían protestas populares o un estallido en redes? Si alguien tuvo ese pensamiento, duró un instante. En realidad, se celebraba el advenimiento de un futuro brillante: el salto –como resumió hace décadas una vecina española en El País de Madrid– “de la tele con nieve a la tele con cuadritos”.

El portazo simbólico a lo viejo ocurrió el 26 de setiembre y dio paso al imperio de la televisión digital. Simbólico, porque en la práctica el cambio ya se había impuesto hacía años. Para tranquilizar, la versión oficial aclaró que nadie debía salir corriendo a comprar un televisor nuevo: los datos técnicos confirmaban que desde 2014 se habían homologado más de 3,6 millones de aparatos. Ya estaban en los hogares o en las vitrinas. Se trató, entonces, de un apagón que trajo luz: un oxímoron poético en boca de técnicos y nerds. Un término que se popularizó en España en los 90 para sustituir la aburrida expresión en inglés Analogue Switch-off (ASO).

Aunque la cifra de televisores digitales supera al número de habitantes en Uruguay, existen algunos perjudicados. Encontrarlos es tan difícil como cruzarse con un tatú en el campo: es gente que no transita las redes y usa el celular solo para recibir llamadas. Quienes sí conocen sus rostros son los técnicos de barrio, los que reparan televisores en Montevideo y en el interior. Por otra parte, cuando se decretó la medida oficial, 14 departamentos ya se habían quedado a oscuras antes. Solo faltaban Montevideo, Maldonado, Artigas, Cerro Largo y Paysandú.

¿Para qué tanto chiche?

Desde hace dos semanas, Ramón no entiende por qué su tele, que sigue encendiendo perfecto, dejó de mostrar los canales de siempre. Son las cinco de la tarde del viernes 9 de octubre y decidió ir directo a la fuente: al Canal 12 de Melo. Allí lo recibe el propio director del canal, Sebastián Lucas, quien le explica que necesitará un decodificador y la ayuda de un técnico. Ramón duda. A sus 89 años, con la voz cascada, le gusta jugar a que adivinen su edad. “Mi tele me la regaló un brasileño”, cuenta. “Estaba en la vereda y me dijo: ‘ela está para doar’”. Ramón se la llevó y desde entonces mira los canales 8 y 12. Ahora le preocupa el costo de ese aparatito nuevo (unos $ 1.500) y, para colmo, no está seguro de que funcione. Cuando le preguntan si hay algún familiar joven que lo ayude, responde corto: “Estoy solaina”.

En el Canal 12 de Melo la escena se repite a diario. “Vienen esos veteranos y me dicen: ‘me dejaron sin el canal’. Mucha gente nos veía en analógico”, cuenta Lucas.

Elbio Sánchez, técnico en reparaciones de Cerro Largo con 40 años en el oficio, vio cómo su rutina se quebraba desde el 20 de setiembre. Cada día caen una o dos personas desorientadas: “Los canales se borraron”, dicen. A Sánchez le gusta trabajar en el taller, pero por sus clientes mayores hace más visitas a domicilio. Explicarles lo del decodificador y el gasto extra no siempre es fácil. Los damnificados suelen tener más de 50 años, son jubilados y aman su viejo televisor porque tocaban un botón y la pantalla cobraba vida. Los smart TV les parecen un laberinto indescifrable de logos y configuraciones al que prefieren no entrar. “Quieren prender y que aparezca el canal, punto. Son personas que se quedaron en el tiempo”, comenta con afecto. Son clientes que añoran la imagen de siempre; alguno hasta llegó a reclamarle por la “lluvia” que desapareció tras instalar el decodificador. El taller ha vuelto a Sánchez un filósofo: “Hay gente que se conforma con tan poco... hay mucha soledad en la gente vieja”. Y, sobre todo, la costumbre arraigada de mirar el informativo local.

El último que apagó

Canal 12 de Melo fue el último en apagar la señal analógica. “A nosotros nos sorprendió de buena manera el cambio”, dice su director, Sebastián Lucas. Lo hicieron a mediados de setiembre pasado, un poco antes de que entrara en vigencia el apagón. Para entonces ya convivían en el canal las dos señales, la analógica y la digital. En una oportunidad, un rayo rompió el transmisor digital y repararlo fue un verdadero dolor de cabeza. Canal 12 de Melo, ahora visible por tres canales, tiene una larga historia: fue fundado por el abuelo de Sebastián, Ruben Darío Lucas Botti.

En todos estos años, dentro de lo analógico, también tuvieron que adaptarse a varias transformaciones. “Todo fue cambiando y acá en el interior cuesta más. Solamente cuando nos mudamos tuvimos problemas porque hubo que volver a poner en marcha la transmisión; fue tremendo. La actualización reciente también fue brava, pero porque hay menos recursos humanos”.

En Bella Unión, Richard González, del Salón Carlitos, relata lo mismo. La mayoría se adaptó a tiempo, pero cuando la señal cayó, cientos acudieron a comprar decodificadores. “El apagón analógico le viene pegando a la gente desde hace dos años”, dice.

No es cierto que el que avisa no traiciona

Los refranes populares a veces mienten. El impacto del fin de la era analógica se sintió mucho antes del decreto. Pasó también con la máquina de escribir, la cámara de rollo, el walkman y el teléfono público: un día la obsolescencia impuesta por el mercado los jubiló, con o sin aviso, aunque funcionaran a la perfección. Por eso el anuncio oficial llegó tarde. En algún momento, antes del apagón decretado, Canal 5 dejó de transmitir en analógico en Montevideo. En un taller de La Teja, un cliente mayor apareció también desconcertado: solo miraba ese canal y, de la noche a la mañana, la pantalla se borró.

En Bella Unión se sufre desde hace tiempo la caída por goteo de los viejos transmisores. Durante décadas, los pobladores siguieron la TV Globo de Brasil, emitida desde un campo a 30 km de la ciudad. Hace dos años el transmisor fue retirado y hoy esa señal ya no se recibe en la TV abierta.

Pablo Siris, director nacional de Telecomunicaciones, admitió en una entrevista que cuando un transmisor de Canal 5 falló, en la emisora se enteraron a través de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones y no por reclamos de los usuarios. Tal vez porque los perjudicados del apagón no tienen voz en las redes ni reclaman por correo electrónico. Son personas aisladas que vuelcan sus rezongos en los primeros eslabones de la cadena: el canal del pueblo o el técnico cercano.

Obsoleto no es lo mismo que viejo

“No creo que haya un anuncio previo similar en telecomunicaciones”, explica Siris en referencia al decreto. “La televisión en nuestro país se estaba brindando de la misma forma desde que empezó, desde 1956; la única diferencia fue en los 80, cuando empezó la televisión a color. El resto había sido siempre de la misma manera y no hubo ningún cambio en frecuencias ni en tecnologías de transmisión. Lo mismo sucede con AM y FM. No ha habido cambios significativos”. Siris dice que una medida de las características del apagón analógico, a nivel nacional y para cumplir por parte de todos los operadores, no tiene precedentes.

Explique analógico, por favor

La palabra analógico giró en esos días. Probablemente fue la palabra del mes. ¿Pero qué es lo analógico? Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), “una señal analógica es una forma de onda electromagnética continua en el tiempo que codifica y transmite información de vídeo, audio y sincronismo mediante variaciones analógicas de sus propiedades físicas”. Mire usted.

Muchos creyeron que se anunciaba la muerte definitiva de la tele a tubos o del blanco y negro. Y es probable que los pocos que sufrieron el corte en carne propia sigan hoy sin entender qué le pasó a su pantalla.

Una de las cuestiones es qué destino tendrá la banda que ahora se libera. En principio, la banda VHF –la misma que se utiliza para televisión digital terrestre– permitiría mejorar las capacidades de los canales, aunque también puede ser utilizada con otros fines, dependiendo de las necesidades del país. “Aunque en este momento la banda que se está liberando no tiene un uso definido”, explica Siris. Pero cada mudanza técnica deja su huella de descarte en el territorio y en la vida cotidiana. Los teléfonos públicos, alguna vez indispensables en hospitales y esquinas, hoy son piezas de museo urbano. En la plaza Cagancha sobrevive uno con el tubo intacto, pero mudo.

Nostalgias de un ingeniero

“El otro día, reordenando para tirar cosas viejas en el galpón, me topé con este tema de la obsolescencia. Tenía entre mis manos una vieja cámara de fotos, de esas de rollo; un iPod que nos llenó de tanta música, un walkman Sony -y eso sí que fue una revolución-... Y tengo también allí unos aparatos de VHS y reproductores de DVD. ¿Te acordarás de ir a Blockbuster a buscar las películas para el fin de semana y cómo se enojaban si no las traías rebobinadas? Fue hace 20 años nada más. Tengo una caja llena de celulares desde el primero que tuve por mi trabajo, allá por 1993, y que de portátil era tan solo una aproximación. Pasaron muchas generaciones -GSM, 3G, 4G- hasta hoy, que nuestras redes son 5G, y muchos aparatos ya no sirven porque la forma de enviar las señales ha cambiado”, comenta el ingeniero Álvaro Fernández Cortese, que trabajó en la Administración Nacional de Telecomunicaciones (Antel) durante décadas, fue asesor en la vicepresidencia del ente y culminó su carrera como gerente de área.

“Somos una generación que hemos pasado de la TV en blanco y negro (con aquellos problemas de sincronismo vertical incluidos... ¿el ascensor, te acordarás?; le pegábamos fuerte a la TV para que la imagen dejara de saltar), al 8K con tasas de refresco de cientos de hercios.

Es como lo de guardar las fotos: en los disquetes de 1.4 MB, en el disco duro de la PC, luego en el CD óptico, DVD, en el disco duro externo, pendrive, tarjetas de memoria, en la nube (Google Drive, iCloud y tantos otros). En esa carrera, y como el espectro radioeléctrico es limitado, le llegó la hora a ese pedacito de banda en que transmitía la TV abierta que, por cierto, se va a usar para la transmisión de los móviles. Se necesita porque esa parte del espectro se usará para todo tipo de dispositivos: cámaras, alarmas, robótica, aparatos médicos y otras cosas que se me escapan.

Muchos cambios, muchos, y creo que vendrán los más importantes en los próximos años, que serán una verdadera revolución: IA + robótica nos van a dar una integración con estas tecnologías que no imaginamos. En poco tiempo tendremos acompañantes robóticos que harán nuestras tareas más comunes, ordenarán nuestras casas, cortarán el césped, lavarán los platos, nos cocinarán, vigilarán la casa, nos acompañarán y hasta nos cambiarán los pañales o darán la medicación cuando nuestras fuerzas no nos ayuden”.

¿A dónde van a parar miles de cabinas, antenas y televisores inservibles? Basta merodear el Polo Tecnológico de Antel en el Cerrito de la Victoria. La manzana, más que un depósito, parece una cárcel: muros ciegos, cercas eléctricas y alambre de púa. En la vereda descansan contenedores quemados; en la esquina, un basural. En el ingreso vigila un guardia, y hay otros en el predio. Es la paradoja moderna: las mismas pantallas de última generación que se exhiben bajo luces deslumbrantes en vitrinas pulcras, unos pocos años después terminan pudriéndose en los márgenes de la miseria.

La declaración de obsolescencia de una tecnología como la analógica no significa que haya dejado de funcionar, sino que ha sido superada en eficiencia, costo y otras variables. A su paso quedan toneladas para descartar. Es un juego constante entre lo obsoleto y lo deseado, el pasado que una vez fue glamoroso y otro aún más brillante que se promete.