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Fabio Lapastina Nunes, Yamirka Barranco Ortiz y Valerio Agazzi Monteforte.

Foto: Alessandro Maradei

Stazione Garibaldi, un club que es como una embajada italiana “donde el barrio se abraza”

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Pizzas, lasañas y spritz entre La Comercial y Jacinto Vera.

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Cantina, centro cultural, construcción con desniveles que sale a dos calles, una que le da nombre, Garibaldi, percudida, con la contaminación sonora de las motos y vista al Comando General del Ejército; la otra, Acevedo Díaz, estrecha en esa cuadra de árboles deshilachados y una parroquia en la vereda de enfrente, donde encaja cómodamente alguna mesa en la vereda. Stazione Garibaldi es un poco esa casa de distribución rara, pero que fluye, que se explica por su uso anterior como salón de fiestas.

Cuando los cierres y aperturas de la agenda pandémica arruinaron el negocio, se alquiló como vivienda, y entonces llegó Valerio Agazzi Monteforte, un italiano que hace diez años se estableció en Uruguay. A él tampoco le habían sido indiferentes las medidas sanitarias; dice que no reaccionó a tiempo –hacía viandas a domicilio, para empresas–, como para generar contenidos en redes que le dieran impulso. Pero aquello lo llevó a reflexionar sobre la “conciencia gastronómica” que el encierro y la incertidumbre dejaron en la gente. Le parece que desde entonces se busca comer mejor. Y hace unos tres años tuvo la lucidez de ver en su espacio el germen de un club cultural, un centro de comunión, “donde el barrio se abraza”. Como “hay que hacer las cosas prolijas”, fue transformando el lugar y se volvió a mudar.

En el cuarto más grande, al frente, se dan pequeños conciertos y presentaciones (hace unos meses recibieron a la poeta Ida Vitale, y el músico Gonzalo Gravina los frecuenta), se exponen pinturas y fotos, las visitas llegan con sus bicicletas. En la sala y cocina, las ollas y las botellas de licor alternan con las camisetas de fútbol colgadas y las guías de Verona o las revistas que se encuentran distribuidas. Escaleras abajo, hacia la salida contraria, el horno de piedra y la producción.

Foto: Alessandro Maradei

La carta está en italiano y, aparte de enfatizar las 24 horas de fermentación de su masa de pizza y de desear buon appetito, a pie de página figura “Montevideo-Milano”. Agazzi es del norte, de una zona que describe con aprecio por su belleza –Lago Maggiore queda entre Milán y Suiza–, y amargura por las dificultades económicas que atravesó su familia. Se fue a España a los 26 años, se empleó en gastronomía, conoció a rioplatenses y decidió venirse con la idea de “cocinar fuerte”.

Adaptó sus recetas tradicionales al gusto local, desarrolló una prepizza que sale en seis opciones –desde $ 440 la marinara– entre las que la parmigiana, con berenjenas y pesto de albahaca, es la de mayor suceso. Además, ofrece dos tipos de lasaña (cuestan $ 560): bolognesa, con pasta fresca a la que agrega semolín, tuco de carne, salsa de tomate y extractos caseros, quesos, vino, romero, y una parmigiana 100% vegetariana que, de nuevo, lleva berenjenas, pero no dividiendo las capas, sino entre ellas. ¿Traición a Sicilia? “¿Qué es clásico?”, se pregunta Agazzi y responde: “Somos 60 millones de personas en un país de 1.000 km de largo, y cambia con cada río, cambia el dialecto, cambian cada costumbre”.

Sirve omelette y farinata como opciones, y en honor a sus raíces, los fines de semana de invierno saca risottos, un poco a su antojo, sobre todo uno de cuatro quesos y crema de almendras, y polentas. Elige hacer el risotto con otro arroz que le gusta más que el ruggiero que se vende para esa preparación; al caldo le está agregando hasta la cáscara de la cebolla, porque le gusta que quede más oscuro. Es un especial, así que sale como quiere.

En Stazione hay tragos tantísimos, como el spritz, originalmente del Veneto, pero extendido al mundo en la última década, y cerveza artesanal Del Barrio, que elabora el futbolista y exdirectivo de Villa Española, Bigote López. De postre, en una suerte de transacción binacional, tienen tiramisú ($ 280) y flan o panqueque con dulce de leche ($ 250).

Foto: Alessandro Maradei

La energía de Agazzi, secundado por el brasileño Fabio Lapastina Nunes a pie del horno, y la cubana Yamirka Barranco Ortiz atendiendo las mesas, impregna los intercambios y esa puntuación de 4.9 en Tripadvisor que lo deja asombrado. “Estamos muy involucrados en la cultura y en la bohemia también”, reconoce, rodeado de colaboradores y amigos con los que está armando una programación de cursos de cocina y de idioma, de shows íntimos y de conversaciones, que irán anunciando.

“Me enamoré de los rioplatenses en España: los encontré como me hubiera gustado que fueran los italianos (y el resto de los europeos también). Me vine al Río de la Plata para dejar un poco la superficialidad europea, el consumismo extremo y acá, sobre todo en Uruguay, te exige un consumismo moderado por lo caro que es”, observa, con perspectiva. “Esto es básicamente un centro gastronómico, recreativo y cultural. Acá quiero hacer cosas sociales: me encantaría meter gente de la calle, junto con un psicólogo, un militar, alguien del Mides, hacer una mesa redonda. Eso se supone que es la gran apuesta que tenemos para los próximos años”, dice sobre el diálogo y la convivencia, mientras invita a sumarse.

Stazione Garibaldi (Garibaldi 2308) abre todas las noches de 19.00 a 1.00. Reservas: 098 636 129.

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