Fin de semana Música

Julieta Rada, Lucila Rada y Matías Rada, el 10 de octubre, en el Auditorio Nacional del Sodre.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Descarga de la nueva generación: crónica del Homenaje a Totem en el Auditorio del Sodre

Con los hermanos Rada al frente, el espectáculo va este domingo por su segunda función.

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A las 21.00 del sábado, la esquina de Andes y Mercedes estaba especialmente alborotada con la combinación del creciente parque automotor, a punto de extenderse a la copa de los árboles y las ráfagas de taxis que apenas si se pueden detener para que bajen los salientes, y el ejército de personas en situación de calle que se acerca a las luces prendidas para hacerse un mango.

En las alturas, la pantalla gigante del Auditorio Nacional del Sodre anunciaba la primera noche del Homenaje a Totem en su sala principal. Adentro, en un palco a la derecha del escenario, una señora rubia de ropa deportiva lleva una gorra tipo Gilligan, como las que usaba Ruben Rada.

Hay una frase que podría servir para este tipo de situaciones. Versa sobre la imperiosa necesidad de señalar la presencia de un elefante en la habitación y sirve para expresar el problema de algo demasiado evidente que nadie está dispuesto a mencionar, por dolor, costumbre o desconcierto.

Se abre el telón. Suena la cinematográfica “Dedos” y el que canta es Matías Rada, que también toca la guitarra. A su derecha lo acompañan el bajista original de Totem, Daniel Lobito Lagarde, que pone la piel de gallina cuando toca el interludio de esa canción, y sus hermanas Lucila y Julieta Rada. A su izquierda, de traje setentero, Federico Dinamita Pereda suma otra guitarra eléctrica. Detrás, una línea defensiva tan segura como la de Peñarol de 1994 es liderada por el compadre de Rada, Gustavo Montemurro, a cargo de los teclados, y ofrece todas las variantes del ritmo, con Tato Bolognini en batería y Santiago Coby Acosta en percusión, más Sergio Martínez, Noé Núñez y Fernando Lobo Núñez en tambores, que aparecerán más tarde.

El concierto, presentado como un Homenaje a Totem, desde el vamos cumple con esa consigna y va más allá: devuelve el espíritu del legendario grupo uruguayo de tal manera que lo que sale del escenario es tan estimulante y fidedigno que genera con facilidad la ilusión de un regreso.

Aclaro. No hay hologramas 3D ni ninguna pista de voz para lograr una lágrima fácil, y eso se agradece. Lo que suena es cien por ciento orgánico y en vivo. En la puesta en escena, los músicos tocan sobre una alfombra de baldosas blancas y negras que emula el ambiente clubero de otras épocas y la tapa del segundo disco del grupo, Descarga.

A espaldas de los artistas, cinco tótems-pantalla primero construyen imágenes del arte del álbum debut del grupo creado por el guitarrista Eduardo Useta y, luego, como sucederá a lo largo de la noche, otra pantalla más grande seguirá el repertorio de los primeros dos LP de Totem con fotos inéditas o muy poco conocidas del grupo, a través de una cuidada labor de visuales.

“Muchas gracias por este momento y por el recuerdo de Totem”, dice Julieta, y luego añade: “Ahora vamos con una canción de mi padre”. Canta “No me molestes” en gran forma, mientras la banda suena súper ajustada, potente y técnica.

En “Pacífico” se inaugura una dinámica que funcionará favorablemente durante todo el concierto. Lucila y Julieta se encargan de la canción a dúo y Matías se suma en la inflexión de “Has pensado que tu vida un día/ no querrá decirte más”. El trabajo vocal en equipo de los tres hermanos resulta original y efectivo, y otorga a estas canciones una versatilidad nunca antes explorada.

Julieta arranca con “Orejas”, de Chichito Cabral, “el mejor compositor del mundo de canciones dedicadas a la pesca”, dice Matías. El ensamble homenajístico se lleva la primera ovación de la noche. Matías brilla en la guitarra y el arreglo de un puente instrumental reemplaza uno de los solos de guitarra por una notable participación de Montemurro en teclados.

Luego resulta emocionante la versión de “Este cielo santo”, cantada por Matías Rada, que cruza al menos tres generaciones, como muestran las imágenes más antiguas de la familia Rada. “Yo te voy a adorar y admirar, quiero que entiendas que te quiero mucho, padre”, dice la canción.

Lucila se destaca en “La lluvia cae para todo por igual”, y los tambores de Sergio Martínez (chico), Noé Núñez (repique) y Lobo Núñez (piano) le imprimen a la noche una vivacidad especial, necesaria para aflojar un poco más los nervios. El Lobo lleva puesta una camiseta de Alcides Edgardo Ghiggia.

Julieta deja una bella versión de “Mañana” y arenga a los presentes, como lo hacía su padre. Lagarde, que se animó a bailar candombe y recibió el mayor aplauso del año, también se arrima al micrófono para cantar “Chévere”, una composición suya basada en un poema del cubano Nicolás Guillén.

La voz de Matías sale de verdad en “Heloísa” y lo que se escucha por los parlantes provoca los mejores augurios, si es que el talentoso músico decide ahondar en esta nueva faceta de voz solista. El show se liquida con “Biafra” y “Descarga”, y una cuerda de tambores.

“Gracias por no devolver las entradas”, bromea Matías. Y Lucila confiesa: “Fue muy difícil y muy hermoso a la vez”, al tiempo que agradece el amor del público hacia su padre.

La gente de pie recibe el bis fuera de repertorio, “Quién va a cantar”. De forma implícita, este concierto viene a responder esa pregunta.

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