Cultura Ingresá
Cultura

Buenos Muchachos, el 24 de abril en el Teatro de Verano.

Foto: Alessandro Maradei

La emoción de tocar: crónica del regreso de Buenos Muchachos

3 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

Luego de un prolongado silencio, la banda uruguaya brindará esta noche una segunda función en el Teatro de Verano.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Cuando una ausencia de futuro incierto se ve interrumpida por la sorpresa de un regreso anhelado, la velocidad de los recuerdos se acelera de tal forma que terminan chocándose unos con otros: el personaje de la novela La cara del ángel y las tardes en las que alquilaba una habitación de hotel y se compraba sanguchitos; el frío que hacía la noche en que presentaron Se pule la colmena; el video de la langosta en las madrugadas de TV Ciudad; un disco compacto de Amanecer búho envuelto en un sobre de nailon; las columnas del teatro Metro, y unas veladas temáticas y elegantes de su última época que habían aumentado exponencialmente el riesgo de verlos convertidos en Wilco.

A las 21.00 de este viernes en el Teatro de Verano Ramón Collazo, mientras una horda de cuarentones canosos abrigados con sus últimas ropas de aspecto juvenil seguía ingresando a las tribunas del recinto, el show seguía demorado. Con las luces prendidas, una máquina expulsó grandes cantidades de humo mientras por los parlantes se intercalaban sonidos fantasmales y unas pocas notas salidas de un piano. A las 21.15, aproximadamente, y luego de 40 meses sin tocar, Buenos Muchachos regresó a los escenarios.

El primero en entrar fue el baterista José Nozar, el más elevado en las ordenadas tarimas. Con varios focos sobre su cabeza, arrancó el beat machacante de “Coral #5”, en sintonía con los pasos sobre el suelo del resto de la banda. La puesta en escena especialmente sobria y austera, de telón blanco, disipó bastante mi duda principal, pero faltaba una ratificación musical. En “Cecilia” el telón se tornó rosado.

Sin alejarse un centímetro de sus lugares, el cantante Pedro Dalton (Alejandro Fernández), los guitarristas Marcelo Fernández, Pancho Coelho y Jota Yabar y el bajista Ignacio Echeverría, en su figura homogénea y de postal beatlera, me recordaron que una vez el ausente de la noche, Gustavo Topo Antuña –tampoco apareció el tecladista Ignacio Gutiérrez–, había dicho que se imaginaba los shows de la banda “como algo cinematográfico”. En este caso, la imagen sobre el escenario podría remitir al espíritu de Una historia sencilla, de David Lynch, o al rostro simple y amenazante de Clint Eastwood anciano en Gran Torino.

Buenos Muchachos, el 24 de abril en el Teatro de Verano.

Foto: Alessandro Maradei

Simple y al hueso

La intención de la banda en esta vuelta queda bien clara: un lienzo blanco como marco de este regreso, diametralmente distinto del de las apuestas escénicas sofisticadas de sus últimos años, para volver sobre su repertorio con fidelidad y evidentes novedades en su sonoridad. Estos Buenos Muchachos de tres guitarras de primer nivel siguen el camino sugerido en sus dos últimos trabajos, #8 y Vendrás a verte morir, y suenan más rítmicos que nunca. En los nuevos arreglos musicales el baterista Nozar y el atrevido bajista Echeverría resultan clave y modifican notoriamente el sonido de la banda. La ausencia de otros instrumentos, y la forma superclásica y poco desfachatada de los arreglos de guitarras, le suman a una forma compacta que de todos modos le deja lugar –solo un poco, cada vez menos, es cierto– al noise y la psicodelia.

El grupo sigue con “Arco”: “Soy un buen gorrión/ esta noche”, canta Dalton, “puedo destensar/ tenso cuando soy/ soy mi nombre”, declara, y por primera vez, con un puño en alto, saluda al público: “Buenas noches, gracias por la paciencia”. Tocan “Nico Cuevas” y “¿Qué hacés João?”. Ahora Dalton agita a los presentes y se despega del suelo con un salto, en su tradicional baile de torso. “Te extrañaba”, dice el cantante, a la altura del show en el que la banda se suelta a su propio disfrute.

La interpretación del largo repertorio, abundante en clásicos y con espacio para canciones más recientes como “Turto” o “Corso flojo”, es irreprochable y pareja. Suena ajustadísima e inspirada, de apariencia cristalina como las copas con agua cerca de sus lustrosos zapatos. A propósito, me siguen llamando la atención las camisas vaqueras y estrictamente planchadas de Marcelo Fernández. Y si hay algo que conmueve es ver de vuelta juntos a los hermanos Fernández en la parte de “nunca hay frío en la poesía de la muerte” de “La isla era un camalote”; otro momentazo, si hubo uno por sobre los otros.

La sublime versión de “Vos más que vos” arranca con una poda fina en las notas de las guitarras y un ritmo más lento que el habitual. En su segunda parte, el sumun eléctrico, con Dalton y toda la banda ensimismada genuinamente en su música, sirve para ver y escuchar la demanda cómplice de un lado al otro del escenario. Y aun cuando lo dice la propia canción, que ya tiene 20 años encima (“Hoy/ la emoción de tocar/ tiene que erizar/ en cualquier lugar”), el público y la banda sintonizan en los efectos de un hechizo del que no pueden escapar y en el que encuentran algún sentido.

Después de una pausa, vuelven con “Temperamento”, con Echeverría muy cerca de Cliff Burton. “Antenas rubias” tiene el coro de un nuevo clásico, y luego la banda rescata “Un salto en la ciudad”, de Aire rico.

“Gracias por seguir queriéndonos, por estar acá y por el respeto en este tiempo en el que no estuvimos”, suelta Dalton, en respuesta a la emoción de las 5.000 personas presentes. “Los queremos, los amamos y nos vemos en otro momento”, sigue sin mayores precisiones, y se explaya bastante en este regreso de la mano de la música y las metáforas de “Sangre de Arachania”. Más allá de la noche, relata el cantante, ahora aparece el sol. “Nosotros somos ustedes, y ustedes, nosotros”, afirma.

Buenos Muchachos, el 24 de abril en el Teatro de Verano.

Foto: Alessandro Maradei

.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura