¿Cómo un maestro de escuela criado en Artigas termina al frente de una banda de pospunk en inglés con repercusión internacional? A Andrés D’Souza, voz de Hangwire, la pregunta le causa gracia: “Cantamos en inglés desde que tenemos memoria”.
La explicación está en el norte. “La música uruguaya llegó muy tarde a Artigas. La primera vez que vi una banda de rock uruguayo allá fue Bufón, y pensé que eran argentinos”, recuerda. Para entonces, él y el guitarrista Federico Texeira ya estaban completamente atravesados por la música de afuera: “Cuando entendimos que había rock en Uruguay, ya nos habíamos acostumbrado tanto a la música en portugués y en inglés que pensábamos en cualquiera de esos dos idiomas”.
Es que antes del boom interdepartamental del rock uruguayo, en el canal local empezaron a aparecer videoclips de Duran Duran, Joy Division y The Cure. A ellos se sumaron bandas brasileñas como Legião Urbana, implantando el germen pospunk en su imaginario. Sin embargo, el contexto empujaba hacia otro lado. “En Artigas la gente tenía ganas de hacer algo pesado, más grunge. No había sintetizadores y la rabia adolescente te llevaba a ese sonido”, analiza D’Souza.
Así empezaron su recorrido como banda grunge y llegaron a tocar en Brasil. No fue hasta años después que Souza y Texeira retomaron viejas maquetas en las que el pospunk seguía latiendo: “Le dije a Fede: ‘Ya estamos existenciales, ya entendemos a Sartre mejor’. La vida nos pegó tanto que nos identificamos más con Ian Curtis que con Kurt Cobain”, cuenta D’Souza sobre los líderes de Joy Division y Nirvana.
La idea fue armar un proyecto más minimalista, apto para un home studio: programar baterías, grabar de forma casera y abandonar los gritos del grunge por un registro más grave. Así nació Farewell, el primer disco de Hangwire.
El material fue un suceso de reproducciones a nivel internacional, con comentarios en redes y prensa de países como Francia o Portugal. Los números se dispararon y la respuesta los obligó a acelerar sus procesos. En busca de ampliar la formación, convocaron a audiciones de bateristas y allí apareció Tomás Airala, quien confiesa haber conocido el pospunk en aquel primer ensayo: “Cuando escuché las canciones no lo podía creer. Fue un antes y un después para mí”.
La banda se amplió a seis integrantes y comenzaron a presentarse en vivo mientras preparaban un segundo álbum mucho más ambicioso. Pero el proceso de composición y registro desgastó la dinámica: “Como cualquier grupo humano, generó roces”, resume Texeira. Finalmente, tres integrantes decidieron apartarse y el trío debió terminar el disco sin bajista, segunda guitarra ni teclados.
No todo lo que brilla es oro
Finalmente, Eulogy for the Nameless vio la luz: un disco doble de 18 canciones que funciona como transición entre su sonido inicial y una etapa futura más cruda y minimalista. “Sacar 18 canciones hoy es un suicidio artístico, pero nuestra integridad vale más”, fundamenta D’Souza, que no tiene vueltas al hablar de influencias: “Hay canciones recontra Joy Division y New Order. ‘The Collector’ es un plagio a Depeche Mode; ‘In-Absentia’, un plagio a U2”. También hay lugar para shoegaze, grunge y rock alternativo.
El problema es que, con la integración actual, el disco resulta casi imposible de trasladar al vivo. Necesitarían reclutar nuevos miembros, invitar músicos amigos o incorporar pistas al vivo. “Nos volvimos una banda de estudio”, se resigna D’Souza.
Esa decisión también está atravesada por el desgaste de sostener una banda independiente en Uruguay. “Todos ganan plata y el músico, que es el que crea, se queda solo con las miradas”, lamenta. “No queremos ser millonarios, pero después de 20 años tocando uno quiere poder pagar la luz, un café”.
La firma con el sello canadiense Artoffact Records parecía una oportunidad para revertir la situación, pero la experiencia reveló el lado menos romántico de la industria musical. “Muchas veces los resultados no son lo que esperabas. Antes de firmar teníamos más reproducciones de las que tenemos hoy”, dice Texeira. D’Souza es aún más tajante y aconseja a los colegas: “Manténganse independientes”.
A pesar de todo, Hangwire sigue adelante. Ya trabajan en un nuevo EP, Less is More, con canciones más cortas y directas. “Queremos volver a conectar con lo que realmente nos apasiona”, dice D’Souza. La pasión se le escucha en la voz, de inconfundible tonada norteña, pero la pregunta es inevitable: ¿por qué seguir intentando? El cantante sonríe y cita a Martin Luther King: “I have a dream. Es el sueño de poder vivir de lo que realmente amamos”.