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Cultura Teatro y danza
Nicolás Boni. · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Nicolás Boni.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

“Ya no importa si Marcelina se enamora de un hombre o una mujer”: un Fidelio del siglo XX inaugura la temporada lírica del Solís

La opéra cuenta con la dirección musical de Martín García y la dirección escénica de Nicolás Boni.

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A punto de comenzar el último ensayo general, una neblina espesa recorre los pasillos de la sala principal del teatro Solís. Una fila de barrotes oxidados y un alambre de púas se extienden a lo largo del escenario. Al fondo, un paisaje montañoso sugiere un escape hacia otro mundo no menos amenazante.

Dos pisos más arriba, en el ambiente cálido e iluminado de la sala Delmira Agustini, el director escénico y escenógrafo argentino Nicolás Boni y su compatriota el diseñador de vestuario Pablo Ramírez le cuentan a un grupo de estudiantes de educación secundaria de qué irá el estreno de la temporada lírica del principal teatro de Montevideo.

“Es una ópera bastante inusual y es la única ópera que compuso Beethoven. Después de eso, no quiso saber más nada con componer una ópera, porque fue un poco frustrante para él la experiencia. Pero no deja de ser maravillosa. La historia transcurre a fines del siglo XVIII, en Sevilla, y la música les va a encantar”, comienza Boni sobre Fidelio, la obra lírica del célebre compositor alemán, estrenada el 20 de noviembre de 1805, en Viena, e inspirada en la historia escrita por el francés Jean-Nicolas Bouilly para la ópera Léonore ou l’amour conjugal (Leonora, o el amor conyugal), de 1789.

El motor de la trama, que se remonta a un hecho real sucedido en la Revolución francesa, lo carga el personaje de Leonora, transformada en Fidelio con el objetivo de rescatar de la cárcel a su esposo Florestán. Una segunda trama de fundamental importancia incluirá a Marcelina, la hija de Rocco (el carcelero), cuando manifieste su amor por Fidelio.

“La obra habla de un tema universal, el de un detenido desaparecido. Es una ópera política, que permite ambientarla en cualquier momento histórico”, argumenta Boni, para contar que esta versión de Fidelio, con las dictaduras latinoamericanas como referencia, transcurre en algún momento indefinido de la segunda mitad del siglo XX. Para el escenógrafo de extensa trayectoria internacional, trabajar con el equipo del teatro Solís “es como estar en familia”, admite, en diálogo con la diaria. “Hace 16 años yo debutaba como escenógrafo fuera de mi país en este teatro y durante este lapso hice seis producciones en esta sala. Con Fidelio hago mi debut como director escénico, lo cual me hace sentir muy honrado, porque es una sala mítica, que es parte fundamental de la historia del teatro iberoamericano del siglo XX”, afirma.

A los estudiantes de visita por el Solís Boni les remarca una idea central sobre el funcionamiento de una ópera como la que están a punto de presenciar: “Todo esto es como un mecanismo de relojería. La diferencia con el teatro de prosa es que tenemos la partitura y, por tanto, nos debemos a ella. Es como nuestro libreto, pero con una temporalidad que ya está fijada por el director de orquesta”, explica.

La dirección musical de la ópera estará a cargo de Martín García, al frente de la Orquesta Filarmónica de Montevideo, y el espectáculo contará con la presencia del Coro Nacional del Sodre, bajo la dirección de Esteban Louise, y tendrá a siete solistas en escena, entre ellos, la soprano eslovena Sabina Cvilak (Leonora), el tenor brasileño Eric Herrero (Florestán) y la soprano uruguaya Sofía Mara (Marcelina).

A la última, el vestuarista argentino Pablo Ramírez la imaginó como un ama de casa en cuya vestimenta destaca un delantal a cuadros rojos y blancos, y para Fidelio eligió una mezcla de vestimentas policiales y militares, como puede verse en los dibujos a mano expuestos en diapositivas en una pantalla.

En sintonía con el trabajo de Ramírez, Boni adelanta que en esta versión de la ópera hay otras tintas de su encare personal, como recursos dramáticos del neorrealismo cinematográfico italiano “en la definición de algunas atmósferas y personajes”, y un uso expresionista de la luz “a la manera de Giorgio de Chirico”, para plasmar perspectivas forzadas y haces de luces bien marcados que definen la arquitectura escénica de la cárcel.

Además, apunta: “La idealización del vínculo conyugal que hace Beethoven merece ponerse en cuestión a la luz de cómo entendemos la vida en pareja en el siglo XXI. En un mundo de control y violencia, la fidelidad puede ser tanto un acto de amor como una forma de sometimiento. La utopía moral planteada en la historia de esta ópera en la que la mujer debe ser leal y arriesgarlo todo por salvar a su marido puede ser repensada y abrir ciertos cuestionamientos: ¿la fidelidad es la naturaleza del vínculo amoroso o una imposición social? En esta puesta en escena, de pleno 2026, ya no importa si Marcelina se enamora de un hombre o de una mujer, y Leonora también está enamorada de Marcelina”.

Fidelio. 140 minutos con un intervalo. Jueves 21, sábado 23 y lunes 25 a las 20.00 en el teatro Solís. Entradas desde $ 900 a $ 2.500 en Tickantel. 2x1 para la diaria.