Reconocida por su sensibilidad, la directora neoyorquina Olivia Newman se ha consolidado en la industria gracias a relatos íntimos y buenas adaptaciones literarias. Alcanzó fama internacional tras dirigir First Match (2018), que explora la masculinidad tóxica, la resiliencia femenina y las fallas en el sistema de bienestar infantil, y luego La chica salvaje (2022). Ahora regresa con la entrañable Criaturas luminosas, un drama íntimo adaptado de la novela Remarkably Bright Creatures, de Shelby Van Pelt.

La historia sigue a Tova (una enorme Sally Field), una mujer mayor que, tras enviudar, trabaja limpiando un acuario en el turno de la noche. Allí desarrolla una conexión muy especial con Marcellus (voz de Alfred Molina), un pulpo veterano, algo malhumorado y extraordinariamente inteligente, que vive en uno de los estanques y que, además de ser uno de los protagonistas, es el narrador de la historia.

Es sabido que los pulpos son criaturas fascinantes, dueñas de una inteligencia asombrosa: tienen nueve cerebros, tres corazones y visión de 360 grados, pueden manipular herramientas, son pacientes, analíticos e incluso manejan ciertas ideas del humor (disparan chorros de agua simplemente por diversión). Lo que empieza como una amistad cálida e improbable se vuelve el motor de la sanación de Tova, una mujer marcada por una pérdida. Marcellus es su confidente, y la llegada de Cameron (Lewis Pullman, hijo de Bill Pullman), un joven que busca resolver sus raíces familiares, suma una pieza clave a este extraño rompecabezas. Es Marcellus, observador silencioso, quien conecta los puntos de un antiguo misterio que los vincula, salda viejas cuentas y les muestra cómo empezar de cero.

¿Qué une a una mujer en duelo, a un joven nómada y roto y a una criatura de las profundidades? Esta es la crónica de un reencuentro con la vida: una película sobre humanos narrada desde la visión de un animal superior que aborda con amor y empatía la libertad, las heridas abiertas, las consecuencias de nuestros actos, el duelo, la soledad, las segundas oportunidades, las conexiones azarosas, las familias elegidas y cómo los vínculos más inesperados pueden transformar una vida. La amistad impensada entre Tova, Cameron y Marcellus los lleva a resolver un viejo misterio familiar y a recuperar la esperanza mientras exploran cómo los seres humanos enfrentamos la pérdida y la soledad profunda, pero también la enorme capacidad de renacer y reinventarnos.

Entre el drama y la intimidad, la historia navega sin grandes estridencias, pero con mucho para contar. No hay golpes bajos ni excesos de sentimentalismo: Newman elige filmar desde la sencillez y deja que la emoción fluya sin forzarla. Previsible pero eficaz, esta es ese tipo de película que, sin hacer mucho ruido, se gana un lugar en el corazón. Criaturas luminosas es una de esas piezas delicadas que parecen sencillas al principio, pero habitan un espacio difícil de encontrar y se quedan mucho tiempo después de verlas. Lo que empieza como una historia amable sobre segundas oportunidades y el valor del perdón se transforma en algo mucho más profundo, gracias a una sensibilidad especial y a una actuación de Sally Field que es, sencillamente, magia.

Criaturas luminosas tiene todo ese aire de los 90, cuando las historias se centraban en los vínculos, en los diálogos y en el corazón. No le falta nada: locaciones hermosas, una banda sonora acorde, personajes secundarios con mucha personalidad y varias subtramas que ayudan a armar el rompecabezas. Y, sobre todo, cuenta con un narrador que está en todas y lo sabe todo, que en este caso es, ni más ni menos, un pulpo. Simple, efectiva y muy humana.

 Criaturas luminosas. 111 minutos. En Netflix.