Si el puesto de rey de las sitcoms estadounidense puede considerarse en manos de Chuck Lorre (Two and a Half Men, The Big Bang Theory, El método Kominsky), no cabe duda de que el único capaz de disputárselo es Bill Lawrence.

Algo más joven, Lawrence ha cimentado su carrera en una serie de productos muy bien delimitados conceptualmente. Son comedias, sí, pero de las que tienen el componente dramático firmemente asentado. Relatos que nos harán reír pero, en definitiva, también buscan hacernos llorar (usualmente, de emoción antes que de tristeza). Dramedy llaman los gringos a este estilo, un neologismo que hace referencia a la vieja y querida comedia dramática, el arte que Lawrence maneja como pocos.

Libretista de clásicos como Friends y La niñera, la primera creación de Lawrence –en ese caso junto con Gary David Goldberg– fue Spin City, en torno a las desventuras del equipo político que llevaba adelante la alcaldía de Nueva York y que fue protagonizada por Michael J Fox (en uno de sus últimos papeles centrales).

Desde ese temprano producto Lawrence fue pautando lo que serían las marcas distintivas de su estilo: diálogos veloces, mordaces e irónicos, personajes muy bien definidos, una gran mano para ir de la comedia al drama y viceversa; y relación con ciertos artistas que a lo largo de los años se alternaban en sus series (sin ir más lejos, Alan Ruck, secundario en Spin City, es hoy, 30 años más tarde, secundario en Rooster, una de los dos series más recientes de Lawrence).

Después de aquí iría directamente a su mayor éxito: Scrubs. La comedia sobre doctores y enfermeros se prolongó durante nueve años (aunque el último nadie lo quiera recordar) y volvió reinventada en este 2026 (como veremos). Con la serie, Lawrence terminaría por asentar todo lo que le funcionaría en adelante: el humor pocas veces estaría tan aceitado, los personajes tan bien construidos y la emoción colocada en el momento justo, logrando conmover invariablemente.

Si hay una era de oro en su carrera, es la actual. Una racha ininterrumpida de creaciones suyas han llegado a la televisión desde 2019, consagrándolo como un autor imparable, puesto que han incluido éxitos masivos como Ted Lasso y sus tres temporadas hasta ahora (con una cuarta en producción que buscará recuperarse del desastre edulcorado que resultó la tercera); Shrinking, con Jason Segel y Harrison Ford (tres temporadas por el momento); la comedia policial Bad Monkey, con Vince Vaughn (segunda temporada ya confirmada), y las dos que concitan la atención de esta nota: el regreso de Scrubs y Rooster, con Steve Carell.

Ese loco, loco hospital

Scrubs fue durante casi una década el gran diferencial de las series médicas, en las que se abordan las relaciones personales del personal de un hospital y los desafíos de llevarlo adelante y atender la salud del público. En ese ámbito donde surgían dramas románticos (Grey’s Anatomy) o narraciones quizá más realistas, más centradas en lo específicamente médico (los mejores momentos de ER), Scrubs hablaba de lo mismo, pero se lo tomaba bastante más para la chacota.

Es cierto que una vez por episodio, en promedio, Lawrence nos traía a tierra y nos recordaba los costos humanos del trabajo en la salud, pero el elenco encabezado por Zach Braff, Sarah Chalke, Donald Faison, Judy Reyes y John C McGinley era una ametralladora que disparaba chistes constantes y generaba situaciones absurdas. Esencialmente, divertían tanto como emocionaban.

Ocho años duró este éxito hasta que sus principales figuras salieron a buscar otros pastos que imaginaron más verdes. Hubo un intento de pasar la antorcha a una generación de personajes más jóvenes que fracasó rutilantemente, y Scrubs se llamó a retiro en 2010. Fue así hasta este 2026, un año en el que hemos visto ya suficientes revivals de series viejas y secuelas tardías que bien pueden hacernos creer que la televisión está cumpliendo también como máquina del tiempo.

Para esta nueva encarnación de Scrubs se recupera el hospital y la narración se hace cargo de que han pasado 15 años para todos sus personajes. Y aunque hay momentos en los que la magia original se siente, en general se encuentran minimizados por la poca participación de aquel numeroso elenco que alimentaba la serie (Lawrence es un gran escritor de secundarios y logra que todos sus relatos se alimenten de lo coral). Solo el trío protagónico de JD, Elliot y Turk son fijos –Braff, Chalke y Faison–, mientras que las apariciones especiales de Carla o el Dr. Cox (Reyes y McGinley, quien siempre fue lo mejor de esta serie, de este elenco o de este universo) se sienten escasas y casi contraproducentes, porque nos recuerdan lo buenos que son sus personajes, pero también lo poco que aparecen. Hay algunos cameos extra y aparece un elenco de personajes más jóvenes, pero cuesta todavía conocerlos o encariñarse con ellos.

A la nueva Scrubs le lleva algunos capítulos empezar a fluir y es víctima, además, de algo que la supera por completo: la gran mayoría de los aspectos “serios” de su trama –problemas económicos de los pacientes en el páramo de asistencia social que es Estados Unidos hoy, una caída del sistema informático– ya fueron vistos en otros productos médicos actuales mucho más impactantes; digamos que The Pitt llegó para volverse la serie médica más relevante del subgénero. Esto afecta su impacto emocional como mínimo y la hace parecer una involuntaria parodia como máximo.

_Scrubs_.

Scrubs.

Con todo, pasan los episodios y se van acumulando las risas, así que, tratando de no sonar como un nostálgico insoportable, le doy a Lawrence un voto de confianza para que tarde o temprano recupere la magia increíble que tenía esta serie y estos personajes.

Esa loca, loca universidad

Greg Russo (Steve Carell) es un afamado escritor de bestsellers y creador del personaje Rooster, un héroe de acción clásico, recio e irresistible para todas las mujeres. Un día Russo asiste para dar una charla en la universidad donde su hija Katie (Charlie Clive) da clases de literatura. Llega en un momento terrible: Archie (Phil Dunster, veterano de Ted Lasso), el marido de Katie y profesor de historia en la misma universidad, acaba de abandonarla por una alumna (Lauren Tsai). Katie reacciona enérgicamente.

El escándalo amenaza la posición su hija en la institución, por lo que Greg –o Rooster, porque pronto comenzarán a confundirlo inapropiadamente con su personaje– terminará aceptando tomar el cargo de profesor de Escritura Creativa a cambio de que su hija no sea despedida, casi bajo chantaje del decano (nuevamente, el gran John C McGinley, lo que explica por qué aparece tan poco en Scrubs).

La clave aquí es que Greg también tiene su carga de problemas y, aunque no pocas veces sea un bálsamo para el resto de los personajes (entre los que tenemos que sumar a la profesora de poesía que compone Danielle Deadwyler), su experiencia inesperada en la universidad le servirá de gran manera para curar sus propias heridas.

Aquí Lawrence (en colaboración con Matt Tarses) apela a la calidez y al humor justos; es un humor bastante ácido para su norma, pero particularmente eficaz. Logra un delicado balance entre lo sentimental, lo reparador y lo absurdo, con unos personajes perfectamente delimitados –todos respaldados por estupendas actuaciones, con Carell a la cabeza– y la emoción marca de la casa.

Se trata de seres falibles, hermosamente concebidos y con los que uno puede encariñarse casi de inmediato, con alguna excepción premeditada. Además, como en otros productos de Lawrence, aparecen personajes inolvidables desde la periferia y crecen hasta volverse secundarios de gran impacto (la sarcástica Mo o el patético policía del campus Donnie) que aportan su granito de arena a la trama y funcionan incluso como wildcards inesperadas.

Los diálogos brillan excepcionalmente y, cuando la cosa amenaza a pasarse de edulcorada, Lawrence mete el cambio justo y encaja un golpe absurdo o se ríe inesperadamente de lo políticamente correcto. El gran cierre es una referencia la mejor película de todos los tiempos, Qué bello es vivir, y permite entender cuán importante es Frank Capra para la fórmula que desarrolla siempre Lawrence. Rooster deja todo dispuesto para una segunda temporada, que ya ha sido confirmada, pero permite también su disfrute mucho hasta acá.

 Scrubs, décima temporada. Nueve episodios de 25 minutos. En Disney +. Rooster. Diez episodios de 30 minutos. En Prime Video y HBO Max.