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Pequeño manual para conocer a Zerocalcare, el historietista italiano que llega a Netflix por tercera vez

Todo comenzó con un armadillo.

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Todo comenzó con un armadillo. Técnicamente había empezado mucho antes, porque la carrera del historietista Michele Rech venía desde los fanzines y afiches de la movida punk, y hasta llegó a trabajar para DC Comics en un sello editorial digital surgido en pleno auge de los webcómics. Pero lo que catapultaría a la fama a Zerocalcare (seudónimo que tomó de una publicidad de la tele) sería su interacción con un armadillo antropomorfo que representa a su conciencia.

La profecía del armadillo (La profezia dell’armadillo), publicada en 2011, es la puerta de entrada perfecta, y por momentos necesaria, a la parte más importante de la obra de este italiano nacido en 1983. Allí conoceremos a Zero, el protagonista de sus novelas gráficas, que es una versión levemente dramatizada de su persona. Tiene una vida interna muy intensa, pero en lugar de obligarnos a leer infinitos cuadros de texto para conocer sus ocurrencias, creó a alguien con quien conversar. Como lo explica en la primera aparición: “A mi lado está mi amigo imaginario, un armadillo que facilita la comprensión de mis pensamientos y elucubraciones”.

No es el único sentimiento, valor o concepto abstracto que se transforma en personaje, como aquellos monstruos hormonales que eran los diablitos en el hombro de los adolescentes que protagonizaban la serie animada Big Mouth. Cuando recibe un correo electrónico de una amiga a la que no ve hace años, Zero inmediatamente cree que le va a pedir para quedarse en su casa. En la viñeta siguiente aparecen “los demonios de la hospitalidad”, un grupo de monstruos que copan su imaginación con la intención de “devorar la intimidad”.

La mayoría de estos guiños son puntuales, como el búho que encarna sus esperanzas, el rey de Esparta que personifica su espíritu estratégico o el sargento de la película Nacido para matar (1987) que representa su psique cuando busca motivación para hacer unos abdominales. Sin embargo, el armadillo no solamente lo acompaña en esta aventura, sino que se transformará en ladero ineludible durante todas las que vendrían después.

Volvamos a La profecía..., porque allí encontramos otros elementos que dan punto de partida al zeroverso, que no es otra cosa que la vida del autor ficcionalizada. Zerocalcare maneja una honestidad brutal que es parte del atractivo de su obra. Nos presenta a sus monstruos, a veces convertidos en monstruos, y también construye un mundo de relaciones más o menos basado en la realidad. Sin embargo, en ocasiones “protege” a algunos protagonistas de sus historias, ocultando su identidad y directamente convirtiéndolos en animales.

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“Por motivos que aclararemos más adelante, mi vecino tiene aspecto de hiena”, dice en un momento y así lo dibuja. Dos páginas después, en un capítulo centrado en que, como cualquier ser del bien, deja lo más rico de la comida para el final, su amigo le roba la hamburguesa que serviría para sacarle el gusto a nabo que le había quedado en la boca. “A menudo la hiena logra sustraer las presas de otras criaturas aprovechando sus distracciones”, nos cuenta como si se tratara de una enciclopedia. Ahora sabemos por qué el amigo se veía así.

Los ejemplos más divertidos son sus propios padres, separados desde hace años. Quienes comiencen a leer a Zerocalcare desde otros libros no entenderán por qué se ven como aves. “Para proteger su identidad, mi madre tendrá el aspecto de Lady Kluck”, dice. Es una referencia bastante oscura para quienes no tengan suficientes películas animadas de Disney encima: era la gallina dama de compañía de Lady Marian en Robin Hood (1973). Al padre es más fácil reconocerlo, porque está representado como el ganso Sr. Ping, padre de Po en Kung Fu Panda (2008).

Esas herramientas se mantendrán a lo largo de su carrera, con historias que giran alrededor de una idea-personaje: la segunda gran obra es Un pulpo en la garganta y veremos cómo lo acompaña durante toda su vida. Ahora que lo pienso, Big Mouth le debe muchísimo a Zerocalcare.

Después está la trama. La profecía... tiene la característica de estar construida como una sucesión de cuentos cortos, con algunos que son casi un chiste autocontenido, como el vecino de abajo que lo acusa de enloquecerlo con el ruido de los patines (Zero nunca patinó, lo acusa de psicópata, hasta llegar a la divertida resolución final). En medio de todo eso hay una gran historia que comienza con aquel correo electrónico recibido hace seis párrafos. No lo escribió su amiga Camille, sino el padre de ella, para informarle que “no ha podido aguantar. Nos ha dejado para siempre”.

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Así es Zerocalcare. Por cada escena en que aparece recorriendo su apartamento sobre la silla de la computadora y (¡spoiler!) enloqueciendo al vecino de abajo hay historias humanas de mucha profundidad, que no evitan los temas incómodos, sino que muchas veces los abrazan, como el pulpo de la segunda novela gráfica. Zero, el álter ego, va hacia atrás y adelante en su vida todo el tiempo, y la fijación con la edad formativa marca lo, bueno, formativa que es de cara al resto de la vida.

Aquí se concentra en su relación con Camille, desde la noche en que se conocieron, en cómo buscaba señales de que estuviera pasando algo entre ellos (¡la profecía del título!) y en cómo le hubiera gustado confesarle sus sentimientos, con la participación especial de un monstruo que se parece a un médico de la peste negra. En paralelo, en el presente, comunica la peor noticia a los conocidos. Y de esa manera vemos por primera vez a Secco, el ser no imaginario que más aparecerá en esta biografía hecha ficción en grandes volúmenes. Un tipo extraño que se gana la vida jugando al póquer en línea y que luego de cada pelea o malentendido demuestra que la amistad que tienen es a prueba de casi todo.

Hacia el cierre se resuelve el asunto con el monstruo, llamado el Guardián de la Oportunidad, pero el libro sigue siendo una sucesión de anécdotas, esto dicho sin el menor ápice de negatividad. Zero y Secco piensan en un gran gesto que inmortalice a Camille y terminan optando por enviar flores al padre de ella. La última página muestra al grupo en su juventud, tirado en el pasto y soñando con el futuro, como una imagen feliz que contrasta con lo ocurrido, a la vez que permite que ese sea nuestro último recuerdo de Camille.

La fama del armadillo

El cómic fue un éxito y cambió la vida de Zerocalcare. Además de numerosas reimpresiones y reconocimientos, en 2018 se estrenó la adaptación cinematográfica con actores de carne y hueso, uno de ellos metido dentro de un gigantesco traje de armadillo. Más allá de centrarse en los conflictos que siempre han preocupado al autor, como las amistades, el pasaje a la vida adulta y el mundo laboral, mantiene una estructura más clásica de trama y flashbacks, además de buscar una resolución más definitiva que en la historieta, donde su vida ha continuado bajo la lupa durante muchos años.

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Bastante más cercana en espíritu, aunque muy diferente en cuanto a la narrativa, es la serie de Netflix Cortar por la línea de puntos (Strappare lungo i bordi), estrenada en 2021. Al ser una animación, permite desplegar de manera mucho más fiel el zeroverso, a la vez que da rienda suelta a sus pensamientos con una narración en primera persona que va a altísima velocidad. Casi que los subtítulos tienen que hacer un esfuerzo titánico por no quedarse atrás.

A esto hay que sumarle que Zerocalcare hace la voz de su personaje, y también la de todo el resto del elenco, excepto el armadillo (Valerio Mastandrea). Esto nos termina de sumergir en su cerebro y todo se convierte en una gran “anécdota” contada con esperable subjetividad.

La diferencia está en que Zero se reúne con Secco y Sarah (no Greta, como en el cómic) y la revelación sobre Alice (no Camille; se la nombra como homenaje) sucede sobre el final de la temporada. Es una historia diferente, contada con personajes diferentes, pero comparte temas y es mejor puerta de entrada para volcarse a las historietas. Hubo una segunda temporada presentada como serie independiente, Este mundo no me hará mala persona (Questo mondo non mi renderà cattivo), centrada en otros temas que interpelan al autor, como la madurez y especialmente las ideologías violentas. En ningún caso ofrece respuestas, sino que deja preguntas resonando.

En noviembre del año pasado, Netflix confirmó la existencia de una tercera serie animada, o una tercera temporada de las historias animadas de Zero. Dos monedas (Due spicci) tendrá a nuestro protagonista trabajando en un bar junto con Jabalí, un amigo muy desprolijo, “pero los problemas económicos y los malentendidos los ponen bajo presión justo cuando alguien del pasado reaparece”. El estreno está previsto para el miércoles.

De vuelta al papel

La obra de Zerocalcare ha sido traducida al español por Penguin. Más allá de que periódicamente aparecen títulos en papel en librerías especializadas, el sitio web de Penguin Libros Uruguay ofrece ocho títulos del italiano.

En 2012 se publicó Un pulpo en la garganta (Un polpo alla gola), que sirve de excusa para hablar del estilo del dibujo. Más allá del poco tiempo transcurrido entre el lanzamiento de la novela gráfica anterior, quizás por el momento en que fueron elaboradas, se nota una evolución en los trazos y la consagración de un estilo que, con pocas modificaciones, es el que acompaña a Michele Rech hasta nuestros días.

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Lo suyo nunca fue el realismo, más allá de los animales antropomorfos. En este álbum abraza el estilo cartoon, pero se lo nota en un control mucho mayor de cada viñeta y de cada página. La seguridad en el trazo le permite jugar en un arenero peligroso, porque esta segunda aventura transcurre en tres tiempos diferentes: niñez, adolescencia y juventud, pero no es una mezcla de tentáculos, sino que cada uno tiene su tercio bien definido del libro.

Descubrimos que las obsesiones sociales y pop de Zero (¿Zerito?) se arrastran desde la época escolar. “Soy hombre muerto”, dice, aunque solamente sea un niño. La madre lo llevó a comprarse zapatos justo cuando pasaban un episodio nuevo de Los Caballeros del Zodíaco, y es lo único de lo que hablan los varones en el recreo. “Hoy entro oficialmente en el mundo de los parias y los apestados”.

Con una voz narrativa que es su propio Ron Howard al estilo de Arrested Development, vemos cómo desde pequeños se nos pega ese código masculino de apuestas crueles y micromachismos. Y cómo una sucesión de mentiras manifiesta el pulpo del remordimiento, que tardará muchísimo en desaparecer. Están Secco y Sarah (la de la serie animada), hay un cráneo hallado en el bosque y una casa misteriosa con un contenido impredecible. En el medio crecen, se sinceran y en ocasiones maduran.

Olvida mi nombre (Dimentica il mio nome) fue editada en 2014 y retoma el formato de los capítulos cortos, pero como forma de separar momentos de una gran historia que comienza con la muerte de la abuela materna del protagonista y sigue entre eventos tan universales como la limpieza del apartamento que ahora quedará vacío, lo que llevará a preguntarse (bueno, a que Secco se pregunte) cómo llegó ella de Francia al barrio periférico de Rebibbia, que desde hace años funciona como la Springfield de Zerocalcare.

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El intento por reconstruir la historia familiar sirve para rellenar espacios dentro de la vida de Zero, como las peleas de sus padres o la aparición del armadillo, sucesos íntimamente relacionados. La situación hogareña obligará a que la abuela tome un mayor protagonismo durante unos días, que claramente marcó a fuego al autor y lo lleva a reflexiones sobre la construcción de los recuerdos. “El dolor crea agujeros en la transmisión de la memoria. Luego cada uno los rellena como puede”.

Con dificultad termina revelándose una trama casi hollywoodense de nobleza, mentiras y secretos, con la responsabilidad del autor de poner en el papel lo que no haga daño en el mundo real, especialmente su propia madre.

En 2020 llegó Esqueletos (Scheletri), que vuelve a concentrarse en los habitantes de Rebibbia y en el costado rebelde y contestatario de Zero en su juventud, y un tagger que conoce en el metro cuando hacía todo lo posible para evitar la universidad pese a la presión de sus padres. En esta historia conocemos a su amigo Jabalí, el que se viene en la serie animada, que “seguía a rajatabla una escuela psicológica del rollo cognitivista-copulativo”. Básicamente, le da a Zero la misma recomendación para cualquiera de sus problemas: “Tienes que follar” (la traducción es española).

El gran coprotagonista es Arloc, el tagger que viene de una situación familiar compleja y de quien Zero será por momentos su Cyrano de Bergerac, hasta que la realidad asome su rostro más violento y la historia se detenga por varios años hasta llegar a una resolución. Cada una de las novelas gráficas es más densa y extensa que la anterior, pero no escapa del humor y las reflexiones livianas posmodernas. Simplemente nos exige más tiempo para disfrutarlas.

Con Será todo para mí (Quando muori resta a me), de 2024, la historia vuelve a centrarse en la familia y en el pasado de ella, lo cual suele restarle un puntito en mi disfrute personal de la obra. La visita a la antigua casa familiar del lado paterno y la historia de ese pueblo se entreteje con otro misterio de la infancia: aquella noche en que su padre dijo haber peleado con un villano de la serie He-Man y los amos del universo. Por más que los huecos que se llenan en la vida de Zerocalcare sean más pequeños, este álbum demuestra que todavía pueden ser profundos.

Finalmente, este año Penguin recopiló dos historietas cortas de 2017 (Macerie prime y Macerie prime. Sei mesi dopo) con el título Más allá de los escombros. Pese a haber sido dibujada antes, pertenece al período en que el estilo estaba completamente definido, así que no se siente como un retroceso. La historia vuelve a girar alrededor de su grupo de amigos, con la excusa del casamiento de Jabalí y de un llamado para proyectos que podría cambiarle la vida a la mayoría de ellos, si logran ponerse de acuerdo.

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En medio de todo eso, Zerocalcare debe lidiar con una aparición pública cargada de política partidaria, que tiene consecuencias tan fuertes que el armadillo desaparece por un tiempo y su conciencia toma la forma de un panda que guarda un secreto. La historia funciona muy bien y el autor se da el lujo de ir cambiando los puntos de vista para contar la experiencia de sus amigos, pero la “trama paralela mitológica” que tantas veces acompaña a sus novelas gráficas no es tan atractiva. Esa ambientación posapocalíptica aporta poco y ciertamente la calidad de la trama principal es tan buena que no es necesario un monstruo (otro monstruo) que represente la big picture.

Los viajes de Zero

Hay dos volúmenes que merecen su propio apartado porque se alejan temáticamente del resto. Sin perder al narrador en primera persona y presentado como de costumbre, se acercan más a la historieta periodística de creadores como Joe Sacco o Guy Delisle. Comencemos por Kobane Calling, publicado originalmente en 2016 y con el subtítulo en español “Monigotes, palabras y garabatos de Rebibbia a la frontera turco-siria”.

Como si hubiera escuchado la famosa frase del tío de Spider-Man, Zero entiende que con un gran poder viene una gran responsabilidad y acepta viajar a Rojava, un territorio kurdo autónomo con un confederalismo democrático basado en la convivencia étnica y religiosa, la participación, la emancipación de la mujer, la redistribución de la riqueza y la ecología. Allí se encuentra Kobane.

El autor demuestra que lo suyo son los temas complejos, tanto intrafamiliares como de política internacional, y que no puede hablar de lo que no experimenta, así que viaja junto con ayuda humanitaria y nos cuenta de primera mano lo vivido en esa zona de conflicto sin tanto marketing como otras. Encuentra a un montón de personas intentando enderezar la realidad y a otros tantos que apenas pueden proyectar más allá de la supervivencia diaria. En el medio sobreexplica (cómo sintetiza, por ejemplo), en un ejercicio de inseguridad que funciona porque lo viene mostrando desde su primer álbum.

Seis años después llegaría No Sleep Till Shengal (no hubo necesidad de traducir el título). En el Centro Cultural Kurdo de Roma le asignan una nueva misión: “Tienes que ir a Irak. Porque en Shengal están atacando la autonomía de los ezidíes”. Allí también decidieron probar el confederalismo democrático y, por diversas razones bien resumidas por Zerocalcare, nadie los quiere ahí, ni siquiera los enemigos de sus enemigos. La invitación a contar lo que ocurre es “porque cuando nadie dice nada… cuando nadie ve nada… es cuando suceden las matanzas”. A veces se ven en HD y aun así no decimos nada, pero ese es otro cantar.

Si bien se trata de dos historias densas, de centenares de páginas y sobre temáticas que llevan al desasosiego, no faltarán las humoradas y los personajes simbólicos, como la cabeza de René Descartes mantenida con vida dentro de una lámpara de lava. La cabeza flotante le hace un montón de preguntas incómodas a Zerocalcare la noche anterior al viaje, logrando mantenerlo en vela. Ambos viajes tienen encuentros con horripilantes figuras de autoridad, con sobrevivientes de todo tipo, y también tienen datos fríos capaces de dejar sin dormir a los lectores.

En sus propias palabras

“Yo me crie como el nerd del barrio, el rarito”, dijo en rueda de prensa por el lanzamiento de Más allá de los escombros. “Tampoco soy muy hábil socialmente. Así que para no parecerles prepotente a los demás, empecé a reírme de mí mismo. Era como adelantarme: ‘Ya me estoy riendo de mí mismo, no hace falta que también ustedes se rían de mí’. Creo que esa actitud autocrítica me ha servido en mis cómics”.

Sobre las amistades, afirmó: “Las personas que no tienen una comunidad son mucho más vulnerables. Entiendo que es mucho más fácil que acaben convirtiéndose en malas personas o que se derrumben ante el peso de algo que realmente te puede aplastar. Por eso, ahora, con 42 años, sigo insistiendo en que los amigos son muy muy importantes y tenemos que mantenerlos cerca”.

Acerca de sus viajes a zonas de conflicto, dijo a El País de Madrid en 2025 que no es imparcial. “Tomo una causa y la defiendo porque creo que es justa. Eso lo aleja del periodismo. Pero sí que me gusta ser fiel a la verdad y contar los puntos contradictorios de una historia”. Para él, es responsabilidad de un artista “influir en el imaginario colectivo e inspirar a otros a imaginar nuevas formas de vivir”.

En el periódico catalán Ara le preguntaron si trabajar para Netflix no le resultaba contradictorio con su discurso anticapitalista. “Todo me genera una contradicción en mi vida. Empezando por el hecho de que me entrevisten en un diario en el que dos páginas antes alguien pide enviar a unos amigos míos a la cárcel, o la forma en que buena parte de la prensa ha tratado el tema de Gaza en los últimos meses. Pero si quieres hacer este trabajo debes decidir cuáles son tus límites, y los míos son no hacer nada con fascistas ni con quien quiere encarcelar a amigos míos, y tampoco hacer actos electorales”.

La profecía del armadillo. 144 páginas. Reservoir Books, 2025. Dos monedas. Ocho episodios de aproximadamente media hora. En Netflix.