No habían pasado dos meses desde la apertura de Cemento cuando Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, obligados por el éxito de Valeria Lynch y sus funciones continuadas en el teatro Astros, tuvieron que mudar la presentación de su disco Gulp! a la discoteca del barrio Constitución. La noche del viernes 23 de agosto de 1985 la banda del Indio Solari y Skay Beilinson arrancó con “Barbazul versus el amor letal”.
“Tal vez la expectativa sobre lo que podían hacer los Redonditos de Ricota en un lugar como Cemento fue superada por la realidad. Patricio Rey es el monarca del underground porteño, y Cemento es uno de los pocos lugares de esta ciudad que superan la intención de ser una discoteque moderna”, comenzaba la crónica para la revista Pelo del periodista Federico Oldenburg, sobre la primera de las muchas actuaciones del grupo platense en el recinto porteño.
Durante 1987 los Redondos se presentaron otras cinco veces y volvieron al año siguiente. Para ese entonces Cemento se había convertido en la referencia absoluta del under porteño, con actividades que mezclaban el teatro, el rock, la performance y el happening desde comienzos de la noche y bien entrada la madrugada, no sin quejas de algunos vecinos.
El Indio Solari aún lleva su barba y no ha agregado lentes oscuros a su presencia, pero son un oso bailarín y un grupo de coristas, entre las oficiales y las invitadas, quienes se roban la atención del camarógrafo en imágenes de archivo incluidas en Cemento, el documental (2017), del director argentino Lisandro Carcavallo, que se exhibirá este sábado en el cine Universitario.
“Esta película surge por una cuestión muy personal que desde hace años me daba vueltas en la cabeza”, cuenta el cineasta en diálogo con la diaria. “Un día estaba viendo una agenda en la que guardaba un montón de entradas de cuando era pibe, adolescente, y me di cuenta de que el 80% de esas entradas eran de Cemento, y ahí apareció la pregunta: ‘¿Qué otros registros habrán quedado de todo lo que pasó ahí?’”, explica Carcavallo, que este año estrenó en su país El infierno está encantador. Gulp, 1985, una continuación documental centrada en aquella primera noche de los Redondos en Cemento.
Cuna del under y el indie
“Sin Cemento el rock argentino de hoy sería impensable”, dice Wallace, cantante de Massacre, en uno de los numerosos testimonios recogidos en Cemento, el documental.
El relato se apoya en un valioso material fílmico que incluye imágenes previas a la inauguración, cuando todavía era una idea de sus fundadores, el empresario y artista Omar Chabán y su pareja, la actriz Katja Alemann. “La verdad es que a ninguno de los dos nos gustaba el rock, pero bueno”, dice Alemann, anticipando con su silencio todo lo que iba a pasar durante casi dos décadas.
Cemento era un galpón gigante sin espejos ni decoración particular o sillones o tarimas, ni luces robóticas, y no tenía derecho de admisión. “Basta de lugares oscuros. La cosa es explayarse en el espacio”, invita Chabán en una nota televisiva recogida en la película. “Cemento era un estado poético”, lo define el actor Fernando Noy, mientras el abogado del rock Joe Stefanolo apunta: “Era como un mundo que se inauguraba, y afuera la Policía, que no entendía, tratando de llevarse gente que para ellos estaba disfrazada”.
La primera parte del documental, que incluye imágenes del grupo Sumo en su actuación de 1987, performances teatrales con cuerpos desnudos y combates de boxeo, se centra en los inicios del lugar, “cuando todavía estaba muy fresca la dictadura”, dice el periodista Juan Di Natale. “De a poco empieza a ser el boliche donde todo el mundo podía acceder a tener un escenario”, reflexiona Mario Pergolini. “En relación con los recintos culturales, fue el primer germen de la democracia”, remarca el comunicador.
Una segunda parte se zambulle en los 90 y en la acumulación de escenas roqueras que comenzaron a coincidir en el mismo escenario: el heavy metal de Hermética, el hardcore de Fun People, el punk y el reggae de Todos Tus Muertos y el rock de trompetas de La Vela Puerca: “Para nosotros era como un sueño tocar en Cemento. En ese momento era la meca, el lugar donde nosotros queríamos tocar como banda del under”, relata el uruguayo Sebastián Cebreiro.
Sobre el final, la película se detiene en la figura del excéntrico Omar Chabán y la clausura de Cemento, provocada por el trágico episodio de Cromañón, otro de sus emprendimientos, que iba a derivar en los años de cárcel y enfermedad del empresario, hasta su muerte, en 2014.
A partir de los testimonios de los músicos y artistas que pasaron por la mítica discoteca, el cineasta construye un retrato de Chabán enfocado en su legado como gestor cultural, y muestra a un personaje comprometido con la faceta artística de su oficio que conservaba buenos vínculos con sus contratados. “Omar tejía las redes para atrapar a los frikis de la ciudad, quería que fueran allí a trabajar y que se hicieran artistas”, lo define el Indio Solari. “Él siempre defendía al más débil y al más raro; esa era la ideología de mi hermano”, expresa Yamil Chabán.
Casi diez años después, Carcavallo, que llegará a Montevideo este sábado para participar en la función, habla de su película como “una historia que merecía ser contada”, y con el paso del tiempo resignifica el documental desde el lugar de “una memoria que construye”: “Acá en Argentina hemos dado muchos pasos para atrás en términos de derechos tanto laborales como sociales”, dice.
“En ese sentido, a nivel cultural, se nota mucho la diferencia de políticas que hay desde el Estado y que bajan hacia el pueblo con el cierre de muchísimos espacios y con una intención de mercantilizar absolutamente todo”, argumenta, y agrega: “Hoy todo es una marca. Un espacio como Cemento refleja lo que implica cuando las cosas se hacen desde otro lugar y con otra mirada, no netamente económica. Cemento se llamaba Cemento, no se llamaba Movistar Arena”, remarca el realizador. “Esto siempre fue igual. Lo que no quieren es que se junten los distintos”, concluye el conductor radial Noberto Ruso Verea en el epílogo del documental.
Cemento, el documental. Sábado a las 20.00 en el cine Universitario (Canelones 1280).