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Foto principal del artículo 'Robot emancipada, macho controlador' · Foto: Captura

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Robot emancipada, macho controlador

Compañía perfecta le pone un toque de comedia y terror al comentario sobre relaciones tóxicas.

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2026 parece ser un año fuerte para los thrillers, las comedias negras y el terror. Los tres géneros que gestionan el ciclo tensión-liberación de forma similar, y muchas veces aparecen mezclados. Su buen momento en pantallas y librerías quizás indique algo sobre la psicología colectiva. Como espejo distorsionado de nuestra vida cotidiana, nos podemos identificar con sus historias, a diferencia de décadas pasadas, cuando abundaban formas más extremas, como el gore o el slasher. Ahora se han dejado de lado los clichés del asesino con un hacha para enfocarse en miedos humanos comunes y estructurales: la precariedad laboral, el trauma, el racismo, la obsesión o la soledad (Get Out!, Hereditary, La sustancia, Obsession) funcionan como una válvula de escape que nos permite experimentar el pavor desde nuestro día a día.

Compañera perfecta (Companion, 2025), brillante thriller de terror dirigido por Drew Hancock (Mi ex muerta) y protagonizado por Sophie Thatcher (Yellowjackets) y Jack Quaid (The Boys), tiene todo eso y más. La historia empieza mostrando la idílica relación entre Iris (Thatcher) y Josh (Quaid), quienes se escapan con amigos a una lujosa y remota casa de campo. Sin embargo, la atmósfera romántica se rompe cuando se descubre una oscura verdad sobre su vínculo: Iris no es humana, sino una sofisticada androide de compañía, diseñada y alquilada con el único propósito de someterse y complacer los deseos de Josh.

Josh tiene, además, un plan: ha alterado ilegalmente la programación de Iris no solo para controlar su personalidad y borrar sus recuerdos, sino para usarla con un fin criminal contra el dueño de esa casa. A medida que las cosas se descarrilan, los sistemas de Iris empiezan a fallar, se humaniza y se transforma en un robot que toma decisiones: al cobrar autoconciencia de su realidad y de la toxicidad y manipulación de Josh, se rebela contra su programación inicial para sobrevivir.

Hay un comentario mordaz de las relaciones tóxicas, que desglosa cómo el machismo y la victimización constante pueden convertir el supuesto “amor” de un hombre en un mecanismo de control y manipulación violenta. De Iris se espera simpatía, servicio y sumisión; busca ser aceptada, reconocida y amada y hará lo que sea por la felicidad de Josh. Y Josh (increíble Quaid) pasa de ser el novio más adorable del mundo al tipo más terrorífico: un hombre que se cree con absoluta potestad de hacer lo que quiera con su pareja. La trama transita, con inteligencia y un suspenso perfecto, de secuencias plagadas de situaciones incómodas, silencios extraños y gestos tensos a momentos intensos, retorcidos, sangrientos y extrañamente divertidos.

Como tantas historias sobre androides con inteligencia avanzada, Compañera perfecta explora hasta qué punto la naturaleza humana puede volverse macabra, oscura y despiadada cuando se le dan los medios adecuados y se la libera de toda responsabilidad o consecuencia.

Drew Hancock recurre audaz y magistralmente a elementos de ciencia ficción para explorar los hilos de una relación tóxica, machista y abusiva. E Iris, nuestra heroína robótica, se transforma en un signo de estos tiempos: una inteligencia artificial en reemplazo de cualquier ser humano detestable. La película tiene la gran habilidad de lograr que terminemos empatizando con la máquina y deseando, por momentos, que los robots terminen con todos.

Compañía perfecta. 97 minutos. En Netflix.