Londres, tiempo presente. Un grupo de obreros que construye un edificio en pleno centro descubre una enorme bomba de la Segunda Guerra Mundial que ha permanecido enterrada sin detonar. Como a la ciudad le cayeron encima miles de bombas durante el conflicto, hay un protocolo preparado para esos casos. Implica el desalojo de todos los vecinos del barrio, poner la zona bajo estricta vigilancia y llamar al ejército, en particular a su equipo de artilleros que ofician de escuadrón antibombas.
Cuando esto ocurre, vemos cómo la policía custodia –de manera no siempre amable– a los habitantes del barrio (en su enorme mayoría inmigrantes) hasta una zona segura, mientras los militares llegan lo más rápido al lugar. Pero hay unos tipos que permanecen en silencio dentro de un departamento, haciendo oídos sordos a los llamados de la policía, a pesar de la amenaza del enorme artefacto explosivo. Se quedan quietos dentro, en la penumbra, y esperan. ¿Por qué?
No vamos a avanzar más en la sinopsis de Zona de riesgo: cuenta regresiva (pintoresca traducción de Fuze, o sea, “mecha”, su título original) porque el nuevo opus de David Mackenzie apuesta a las vueltas de tuerca y giros repentinos, algunos evidentes, otros verdaderamente impredecibles.
Sí podemos decir que tendremos un circo de varias pistas que funcionan al unísono. Por un lado, la unidad militar que examina y se prepara para desactivar la bomba, liderada por un comandante que ha visto mejores días (Aaron Taylor-Johnson); por otro, el cerco policial que busca mantener el barrio seguro, coordinado por una oficial experimentada (Gugu Mbatha-Raw); luego, una de las familias desalojadas en la que hacemos principal foco, sobre todo en el hombre joven que es dueño de uno de los departamentos desalojados (Elham Ehsas); y, por último, los misteriosos inquilinos (con Theo James y Sam Worthington a la cabeza) que rehusaron irse y comienzan a moverse en el instante en que el barrio es vaciado.
Con un pulso magnético, Mackenzie, director de las estupendas Starred Up y Hell or High Water, así como de la reciente Relay, que no llegó nunca a estrenarse en nuestro medio, lleva el complejo argumento sin pausa a lo largo de una hora y media –¡cómo agradezco cada vez más las películas concretas!–, logrando algo notable: atención y tensión plena en su espectador. Cual si uno recorriera la intriga como si fuera una casa, cada puerta nos lleva a una nueva habitación con una nueva perspectiva del misterio (aquí, saber qué está pasando realmente) y hay habitaciones de lo más curiosas e inesperadas.
Con un puñado de actuaciones más que rendidoras –Theo James brilla cada vez más en ciertos protagónicos nacidos de la más tradicional crook story– y un gran guion como respaldo (cortesía de Ben Hopkins), Zona de riesgo: cuenta regresiva resulta una notable sorpresa y un gran hallazgo dentro de nuestra cartelera (usualmente embarcada en franquicias hollywoodenses o el último exitazo de terror que ya llega con audiencia prefigurada). Un relato bien británico, austero, mordaz, adulto y contundente como una bomba a contrarreloj, explote o no.
Zona de riesgo: cuenta regresiva. 98 minutos. En Life Cinemas Costa Urbana.
