Un gaucho pop, un clasificador obsesivo que se mueve austeramente y con estrategia aterrizó en el Subte como una bomba que explota poniendo orden en el caos. La antología de la obra del escritor y músico Dani Umpi reúne 30 años de su producción como artista visual.
En la sala se encuentran desde los primeros collages de comienzos de los años 1990 hasta piezas realizadas en 2026. “Obra reunida propone una lectura por contagio, continuidad y contaminación. En la producción de Umpi conviven la literatura y la canción, el collage y el vestuario, la cultura pop y los estudios esotéricos, lo superficial y lo hermético, lo sagrado y lo profano. El archivo ocupa también un lugar central en la muestra”, dice el dossier de prensa.
A sus 52 años –en la mitad de su carrera, declara–, era tiempo de una primera exposición retrospectiva. Ahora el Subte luce como un conjunto atiborrado de constelaciones que dan forma al universo Dani Umpi: montajes, música, trajes de escenografía, series de prendas deportivas, fotografías de álbumes familiares intervenidas, videos, mesas de prensa y mucho más. “Más que fijar una trayectoria, la muestra busca seguir la fuerza expansiva de una obra que no deja nada afuera y que continúa produciendo efectos en el presente”, dice la invitación.
El encuentro, al día siguiente de la inauguración el jueves 16, comienza con un intercambio lúdico, hasta que se va poniendo más serio. ¿Una canción? “Alors on Danse”, de Stromae. ¿Una ciudad? Chongqing, China. ¿Un color? El verde. ¿Una estética? El orden en el caos. ¿Una estación? Las intermedias, otoño o primavera. ¿Un artista uruguayo? Fernando López Lage ¿Qué es el pop? Un sistema mutante de códigos compartidos socialmente en amplio espectro.
¿Qué significa queer?
Tengo 52 años, viví el acercamiento al queer con K, cuando se lo tomaba como una imposición para clasificar determinados y determinadas identidades, desde lo que se llamaba las karabelas keer, un concepto impuesto, pero después fue un lugar donde habité y pude vivir, desarrollarme, tener mi comunidad, ser queer.
Por otro lado, está el arte queer. Hay personas en la comunidad que hacen arte abstracto y otras prácticas artísticas que no son necesariamente queer, entonces está todo muy mezclado y eso es lo lindo, porque cuando se baja esa potencia es cuando pierde la fuerza; cuando se la estanca o se la institucionaliza o se la pone como categoría estética empieza a correrse el riesgo de domesticación o de folclorización de lo queer. Cuando se empieza a determinar o asociar determinadas prácticas artísticas o estéticas con lo queer, entonces se corre peligro, se va encasillando a la población queer en un determinado repertorio de prácticas artísticas, que a la vez son indudablemente patrimonio nuestro, entonces es toda una contradicción; por eso cuando se lo quiere enmarcar pierde poder.
Yo siento que soy una persona queer o que hago arte queer, pero a la vez también me enojo cuando no me ponen en otros tipos de arte, porque a la vez sigo un arte pictórico con tradición que puede tener varias fuentes; por ejemplo, sigo mucho a los neoconcretos brasileños, pero mi legitimación entró porque soy queer, entonces si estoy en un contexto curatorial queer, me incluyen, pero si es un contexto curatorial que no es queer, no, entonces eso son todos temas que están en el pensamiento rumiante.
¿Cómo hacés las obras? ¿Tenés un plan de trabajo?
Tengo varias prácticas. Siempre estoy recortando y haciendo collage de manera impulsiva. Cuando vivía en Argentina, que tenía un taller donde iba tipo oficina, hacía cosas más grandes, gigantes, que llegaban hasta el techo, y ahora continúo haciendo. Usaba otros materiales, como las revistas de las farmacias, que era lo que tenía más a mano, porque las revistas en determinado momento empezaron a desaparecer como material. Al tener varias revistas iguales con logos, precios, se fue marcando un repertorio de piezas con otros ritmos: el material te va dando elementos. Hay mucha cosa farmacológica, de marcas de remedios, laxantes, y eso se ve porque siempre uso material que tengo a mano, lo cual determina una estética y una lectura.
A la vez, esos collages crean nuevos relatos. ¿Qué hay de deconstrucción y reconstrucción en tus obras?
Sí, en mi estética, la del orden en el caos, agarro la revista y la descuartizo en cosas que me pueden servir, que son varias y a veces no tienen mucho que ver entre sí. Por ejemplo, recorto los rojos, el rojo de Lichtenstein, de Coca-Cola; hay una serie que es ese rojo, siempre estoy atento cuando aparece ese rojo. Siempre recorto todo lo que sea logo, circulitos, fotos de caras, como la foto del que escribió el artículo, voy teniendo todo ese material separado, soy obse y básicamente soy un clasificador.
Los collages, todos son distintos. Clasifico los verdes, los rosados, los negros, armo las paletas y de ahí voy a lo más abstracto; es una manera de abordar la obra, es todo muy de clasificar. A veces uso silicona caliente y hay que ser rápido al pegar, entonces las composiciones son más espontáneas, me hago el juego de tener que poner sin poder cambiar, es ahí o ahí, un collage que va para adelante, y no estoy viendo las posibilidades de composición. Hay otros que son textos con letritas, de escritura automática, reproducciones, discursos o fragmentos de libros, muy aleatorio. Como el de [José] Mujica, que es su discurso en el G20: lo puse en un jarrón que se quebró y quedó una obra muy dramática que está en la Colección Engelman-Ost, que tomó una dimensión medio trágica. Hay otros collages que son más festivos, más caóticos. Cada obra agarra otro rumbo.
Soy una persona que está todo el tiempo haciendo playlists, toda la música que escucho la clasifico, la pongo en una playlist, todo lo voy recortando y ordenando, y cuando escribo hago anotaciones de cosas que escucho, de frases, y voy armando un archivo que después, de acuerdo con lo que tenga, voy componiendo.
Esta es una muestra principalmente plástica y los materiales que uso inevitablemente reflejan una época, entonces con el tiempo adquiere otra dimensión. Cuando hago un collage yo compongo, pero no pienso que eso en un futuro va a representar esa época.
Foto: Inés Guimaraens
Al mirar la sala hay un área con instalación que parece un paisaje de Rivera, el departamento.
Sí, es muy Rivera, a mí me encanta la frontera. En la adolescencia surgió la posibilidad de mudarnos a Rivera y yo estaba eufórico; no se concretó, pero soy de Tacuarembó, de los que hacíamos el surtido en Rivera, y allá podía comprar los discos, compraba la revista Bizz, tenía mucha conexión con la frontera.
El norte es bien distinto del resto. En los artistas de Tacuarembó se nota que tienen influencia de Brasil, también en la nueva generación, es distinta de la música popular uruguaya, que es más montevideana. Hay mucho de gaucho da fronteira; cuando vas a Porto Alegre es todo tan familiar, no entiendo cómo no existe una relación tan directa con Porto Alegre como la hay con Buenos Aires o con Rosario, cuando Porto Alegre es muy parecido a nuestro norte, a lo gaucho.
¿Serías un gaucho pop?
Podría ser, nunca lo pensé así, pero hay un género musical, gaucha da fronteira, un sertanejo pop, digamos. Hace seis años que estoy viviendo en Maldonado y se escucha la música que a mí me parece de Tacuarembó, no suena en Montevideo, pero en Maldonado y Tacuarembó sí, es algo bien particular.
Es muy evidente lo neoconcreto en mi trabajo, por eso a veces se me asocia mucho con el pop y cuando expongo en Brasil se nota inmediatamente; en Uruguay cuesta un poco más; tal vez ahora sí. Los artistas uruguayos no tienen tanta influencia de la Tropicália, y en mi caso sí, pero es porque soy de Tacuarembó.
¿Cómo te sentís con esta inauguración y esta enorme sala?
Re contento. Fue muy intenso, me enfermé también, pero a la vez es la tercera muestra que hago con Rodrigo Barcos, el curador, entonces siento mucha confianza, y el equipo que se armó con el Subte, con la Fundación Ama Amoedo, con el Espacio de Arte Contemporáneo, fue algo muy interdisciplinario y muy interinstitucional, que funcionó muy bien, y eso me da mucha alegría.
Siempre me sentí muy al margen de ese tipo de cosas, como las instituciones o el arte, y de repente me veo en un lugar bastante central, y me siento contento; el resentimiento de antes, que sentía que no me incluían en nada, muy al margen, muy under, de repente eso cambió.
Es un trabajo que hay que hacer. Con el curador entendí que era el momento de hacerlo y me llevó trabajo conseguir los fondos. Es importante para poder hacer una evaluación y sobre todo proyectar otras cosas y juntar las obras, hacer ese proceso casi museístico de limpiar las obras, de rescate, de sacarle los hongos, que son cosas que aprendí con el tiempo, pero que en algún momento tengo que ver para atrás y ver cuáles son las obras que están bien, cuáles se preservan; todo eso que hay que encarar en algún momento, sobre todo los artistas con mucha cantidad de obra. Y eso se vuelve difícil si no es con un equipo.
En la inauguración dijiste que la muestra es como una bomba que explotó, que no tiene cronología.
Primero, no tiene un orden cronológico; hay piezas contextualizadas, con su ficha, y hay otras que son de colecciones privadas y hay que señalizarlo, pero si fuera por mí estaría todo más mezclado todavía.
Es una muestra donde se ve mucho amor.
Es una sala que tiene mucho amor. Hay retrospectiva del boliche Pachamama y gente que se encuentra en las fotos; eso genera algo de afecto, lugares donde estuve que mucha gente transitó. Propongo un encuentro constante, se encuentran en las fotos que uso para los collages, despierta la memoria basándome en el material que uso.
Los materiales que uso inevitablemente reflejan una época, entonces con el tiempo adquiere otra dimensión; cuando hago un collage yo compongo pero no pienso que eso en un futuro va a representar esa época. Y hay también queridas colaboraciones como el vestido de bolsas de leche de Pilar de Vera, que lo usé en el programa de Omar Gutiérrez, al lado un vestido de Francisca Maya, hay cuadros de Martha Escounder y López Lage, cuadros que dialogan emocionalmente.
¿Y cómo le explicarías a alguien como mi mamá, que es de Tacuarembó, con qué se va a encontrar?
Mi idea es no explicarle nada, que pueda tener una experiencia inmersiva en una forma de crear que es mi mundo. Básicamente es una selección de obras que hice desde el año 2000, y va a encontrar obras, afiches, flyers de los shows, una sala de videos, vestuarios; se construyó una instalación, hicimos unas composiciones a partir de la ropa, mucha fotografía, la presencia de la prensa, hay mesas con prensa de papel, discos, libros, de todo.
Dani Umpi: obra reunida. Curaduría de Rodrigo Barcos. De lunes a sábados de 12.00 a 18.30 en el Centro de Exposiciones Subte (plaza Fabini). Hasta octubre. Entrada gratuita.
