En 2025, Anaclara Alexandrino se destacó con su debut en la dirección de Todos los domingos pienso en renunciar, una filosa tragicomedia que explotaba las perversiones de un call center. La puesta ganó un Florencio en la categoría mejor elenco de comedia y la directora estuvo nominada a artista revelación en los Premios Podestá. Este fin de semana se apronta para estrenar otra historia propia que explora un ambiente laboral concreto: una lavandería.
La dramaturga encuentra que hay una similitud grande entre las dos obras: “Se materializa este mundo de trabajo hermético y rutinario”, dice. Su lenguaje sigue ahí como una continuidad, aunque el proceso que definió cada pieza es bien distinto. La primera fue un proyecto entre amigos, un elenco joven propenso al desborde, a personajes caricaturescos. Esta, en cambio, es el resultado de una invitación de El Galpón para que dirigiera un espectáculo, de preferencia sobre un texto propio. Empezó a escribirla en febrero, a partir de algunas escenas que tenía esbozadas, para tres actrices que elogia y que pertenecen a tres generaciones: Soledad Frugone, Estefanía Acosta y Ángeles Vázquez. Alexandrino egresó en 2019 de la escuela de artes escénicas de la institución y luego integró el elenco, así que asumió la propuesta con la responsabilidad que implica, a la vez que siente que volvió a casa.
“El contexto es solo una excusa para hablar de lo que hay detrás de la situación: son tres mujeres que intentan buscar algo que las salve. Están inmersas en esta rutina, en esta realidad. Todas tienen una búsqueda o un anhelo, algo que necesitan o que desean para completarse. Esta necesidad está fuera de ellas mismas, y lo que sucede en la obra es el mientras tanto, no es que sea una trama en la que vamos viendo cómo es su búsqueda, sino lo que pasa en el día a día. Ellas cargan con eso, pero tienen que seguir viviendo como viven”, explica.
Aquí no compiten por puestos o recompensas, tampoco tratan de escapar de ese trabajo. “Una gran diferencia es que esto es una empresa familiar. Ellas trabajan en una lavandería que se llama Pétalos, que fundó la abuela de uno de los personajes, la administradora. Entonces, hay una carga de herencia en este trabajo. Tiene también una fuerte carga simbólica. Lo toman con mucho sentimiento de identidad y de quererlo, por parte de la administradora y del personaje de la encargada de la lavandería, que es Soledad Frugone; hay una especie de nacionalismo, y esto es importante porque el tercer personaje, la limpiadora, es una inmigrante que interpreta Estefanía Acosta”.
Foto: Alejandro Persichetti, difusión
Es una comedia absurda, asegura la autora: “Creo que ahí hay algo de mi poética, de mi búsqueda, que viene del patetismo. El humor viene de mostrar el dolor, de lo oscuro, lo vacío, la ausencia, y de la rutina, de lo torpe que pueden ser los vínculos entre unas y otras. El absurdo y el humor terminan siendo un reflejo de las miserias que tenemos, más allá de la obra”.
A nivel de imaginario pensaron en la película Todo en todas partes al mismo tiempo, ganadora del Oscar en 2022, pero esta claramente no es una historia de ciencia ficción. La escenografía de Mariana Pereira muestra un fragmento de la lavandería: los lavarropas, su zona de trabajo, lo que está adentro, una puerta de entrada y salida, y se alude a un espacio contiguo, donde están los clientes, pero queda fuera del campo visual de los espectadores.
“Algo importante”, recalca Alexandrino, es que “en la obra hay un simbolismo grande entre sacar manchas de prendas y los traumas con los que ellas mismas cargan. Limpieza, el dejar todo ordenado, como correlación del dolor que llevan adentro, como esas manchas que capaz que no son visibles. En un momento aparece una bolsa de una persona que nunca fue a buscar su ropa. ¿Quién es esta persona? ¿Dónde está? ¿Por qué no viene a buscar sus cosas? Por medio de esta ausencia se genera un paralelismo con la ausencia que tiene cada una de ellas. Algo que está ahí pero de lo que nadie se hace cargo, que nadie saca de ahí. Algo que no se va y que genera una confusión, una molestia”.
Cambio de coloratura
El mes que viene, Alexandrino comenzará a ensayar Tierra Santa, una obra con dos personajes que interpretarán Gerónimo Bermúdez, con quien trabajó en Todos los domingos... y Carmen Laguzzi. “Tengo mucha expectativas, porque tiene un tono, una temática bien distinta y nos presentamos al llamado de Nuestra, en coproducción con el Fidae. Esta semana nos enteramos de que quedamos seleccionados, así que vamos a estrenar en octubre en ese marco”, cuenta entusiasmada sobre el Festival Internacional de Artes Escénicas.
Foto: Alejandro Persichetti, difusión
La obra “va de dos hermanos que viven en un campo en el interior. Sucede a principio de los años 90, cuando en Uruguay hubo una caída del comercio de la lana. Su familia se ve inmersa en la decadencia porque las ovejas están muy mal, se están muriendo, la lana no se vende. Es un poco cómo hacen para sobrevivir, qué decisiones tienen que tomar. Hay un espejo entre las ovejas y los hermanos: digamos que no hay perro guardián, no hay pastor, estas ovejas no tienen guía, al igual que ellos. El corazón de la obra es el sentimiento de identidad con la tierra, con su lugar, hasta dónde defender lo que es suyo, hasta dónde ceder, cuándo la identidad se convierte en una especie de esclavitud, en tener que sostener algo que se está cayendo a pedazos. Se genera la dicotomía de si aferrarse al origen o soltarlo e ir a otro lugar. Hay un tercer personaje, la madre, pero nunca aparece, está en un cuarto y nunca la vemos. Va a ser una obra más densa, con otra tonalidad”, adelanta.
Hay algo mejor afuera. Sábados a las 20.30 y domingos a las 19.00 en la sala Cero de El Galpón. Entradas en Redtickets a $ 650. 2x1 para la diaria.