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Spider-Noir.

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Spider-Noir: Nicolas Cage nació para ser un Hombre Araña de los años 1930

La serie no deja afuera a quienes desconozcan el género.

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Ignacio: No sé vos, pero, más allá de que Nicolas Cage hizo la voz de esta versión detectivesca del Hombre Araña en las hermosas películas de Sony, yo jamás –pero jamás– imaginé que íbamos a tener una serie con actores de carne y hueso, con un Cage de 62 años en el papel principal y en blanco y negro. Y encima, que fuera un homenaje tan disfrutable al género noir que ya viene en el título.

Rodolfo: Si tengo que elegir una palabra para definir el suceso, sería sorprendente. Si bien es cierto que hoy por hoy puede surgir cualquier iteración de cualquier personaje de cómics –o secundario, o villano, o lo que sea–, pensar que tendríamos semejante resultado a partir de algo tan peregrino como es el Spider-Man Noir parece el delirio clásico de un borracho después de la quinta cerveza, cuando empieza a divagar con frases como “¿Sabés lo que le vendría bien a la televisión? Una versión de Spider-Man en los años 30, pero bien noir, con un caso de detectives estupendo, traumas de guerra y hasta una historia de redención y amor”.

El origen

Creado por David Hine, Fabrice Sapolsky y Carmine Di Giandomenico, Spider-Man Noir tuvo su primera aparición en 2009 como parte de la línea de historietas Marvel Noir, que a lo largo de una decena de miniseries imbuyó de esa estética a un montón de personajes conocidos de la editorial. Como en casi todos los universos, el arácnido estuvo entre los más populares, lo que llevó a que apareciera en diversos eventos multiverseros de Spider-Man, que finalmente inspiraron a las dos películas animadas de Sony –seguimos esperando la tercera–. Las historietas eran incluso más crudas, con tramas cargadas de más política que las que luego veríamos en pantalla grande y en televisión.

Ignacio: Hablemos un poquito del género, y te voy a dar la derecha porque me consta que sos conocedor, promotor y cultor de esta clase de historias. Si no me equivoco, aquí están presentes casi todas las características –para no decir clichés– más importantes del género: el protagonista es un detective venido a menos, a cuya oficina llega una femme fatale que lo contrata para encontrar a un hombre, en medio de una trama que tiene capos mafiosos, esbirros brutos, a la Policía y hasta algún político. Todo eso sin mencionar a los tipos con superpoderes. Contame qué te pareció el noir.

Rodolfo: Funcional como mínimo y brillante como máximo. Creo que ahí está una de las fortalezas base de la serie: si sacamos los superpoderes y las máscaras –en rigor, solo hay una: la del protagonista–, tenemos una historia que funciona igual. La investigación, la construcción de su protagonista –ahí es donde Cage está genial, pero volvamos a él luego–, el ritmo y cómo se desarrollan los hechos, todo eso está muy bien construido a partir del guion del showrunner Oren Uziel. Después, y ya entrando casi en el terreno del homenaje, la fotografía, los encuadres y la decisión consciente del blanco y negro –me ahorré la versión color–, todo es un canto de amor al subgénero. Aquí está todo lo que hace funcionar al noir como tal y no puesto por capricho, sino de manera integral. Y no la hace tampoco un asunto de nicho. Creo que es tremendamente accesible.

Ignacio: De acuerdo. No importa desde dónde lleguen, van a ser bien recibidos por esta serie. Y hay que hablar del protagonista, porque Nicolas Cage es único. Tanto, que mereció un capítulo hermoso de Community en el que un personaje se volvía loco tratando de descifrar si era un mal actor o un buen actor –la respuesta es: sí–. La gente detrás de la serie supo perfectamente a quién tenía enfrente y le dio al protagonista un montón de tics clásicos de Cage, que encima terminan justificando dentro de la historia. Jugar y cobrar.

Rodolfo: Voy aún más allá: todo funciona así de bien porque es Cage. A medida que la serie se desarrolla y tenemos incluso los saltos al pasado –toda esa hermosa secuencia en la Primera Guerra Mundial–, empieza a tener más y más sentido que Ben Reilly –el personaje de Cage– sea como es, actúe como actúa y hasta se mueva como se mueve. Es casi una escritura metanarrativa. Me da mucha curiosidad saber cuánto cambiaron los guiones cuando Cage aceptó el rol. Pero, además, no es que Cage se quede en una parodia o versión de sí mismo en la piel de un detective de los años 30. No, el tipo construye tremendo personaje, cargado de defectos, virtudes, matices, elementos que lo vuelven rico y versátil. Y desde la mitad de la serie en adelante el humor está muy bien logrado. Pero no es un humor excesivo, como el que molesta a algunos –te estoy mirando, Nacho– de los productos de Marvel, sino un humor mucho más integrado y funcional.

Ignacio: Creo que vamos a estar bastante de acuerdo porque la disfrutamos muchísimo los dos. Por supuesto que Cage-Reilly está muy bien acompañado, con arquetipos que se funden con personajes conocidos. Lin Jun Li es una Gata Negra de antología, Brendan Gleeson está como pez en el agua como jefe criminal, y particularmente rescato a Jack Huston como Sandman, que no solamente hace uno de los personajes con más grises –todos los tienen, más allá de lo cromático–, sino que supo vivir en esa época en la hermosa serie Boardwalk Empire. ¿En algún momento te pareció que la aventura se volvía... no compleja, pero quizás complicada? Yo lo temí, aunque terminaron haciendo todo bien.

Rodolfo: No. Es que en verdad, si lo mirás en retrospectiva –una vez que culminó todo– no es más que un relato de ambiciones encontradas entre dos fuerzas –los mafiosos vs. los políticos– con unos desgraciados –algunos buenos, algunos malos– que quedan en medio. Hay una estructura que se desenvuelve, sí, y a la que hay que prestarle atención, pero no estamos ante The Wire o Chernobyl. La serie nunca olvida que es un entretenimiento y, así, suma peleas –algunas con poderes, muy bien logradas incluso con poca inversión de presupuesto– tiroteos, persecuciones, etcétera.

Ignacio: Nos faltó hablar justamente de eso: de lo superheroico. Se mantiene muy bien el balance, lo que hace que durante muchos minutos The Spider no aparezca –siempre justificado por el guion–. Sí lo hacen otros matones con referencias súper directas a los villanos de Spider-Man, que terminan obligando a que Reilly salga de su madriguera. Cabe consignar que los poderes de los villanos también están mostrados con estética retro, lo cual termina de consolidar el verosímil.

Rodolfo: Parece que está por confirmarse una segunda temporada y se rumorea que llevaría a nuestro amigo arácnido a la Segunda Guerra Mundial. Aunque eso me entusiasma, una parte mía quiere quedarse un rato más en los 30, en este noir urbano de mafiosos y políticos corruptos, con un nuevo caso que haga que nuestro detonado detective tenga que demostrar una vez más aquello de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Spider-Noir. Ocho episodios de 45 minutos. En Prime Video.