“La banda uruguaya carga con inocultables 32 años de carrera que se pusieron en evidencia en su visita a la capital de Perú. Y si decimos que su trayectoria se nota en escena es porque la agrupación ha encontrado en su vasto tiempo de actividad la fórmula mágica que la conecta con su público más allá de las ausencias y las sombras del pasado”, escribió el periodista peruano Roger Hernández Sánchez en su crónica para el periódico El Comercio del reciente show limeño de No Te Va Gustar.
En febrero el grupo había comenzado otro año laboral con una actuación multitudinaria en la Fortaleza de Santa Teresa, en Rocha, que tuvo al presidente Yamandú Orsi en primera fila. Desde entonces, sus movidas continúan generando una ilusión de omnipresencia más acorde a la de una empresa de éxito monopólico que a la de una simple banda uruguaya de rock.
Por caso, la semana pasada, los liderados por el cantante y compositor Emiliano Brancciari presentaron en su estudio Elefante Blanco, ubicado en Parque Rodó, una nueva versión de “Cielo de un solo color”. Todos los informativos de tevé cubrieron el evento, que incluyó un miniconcierto de NTVG y artistas invitados –nada menos que Jorge Drexler, Hugo Fattoruso y Agarrate Catalina–, con una concurrencia especialmente futbolera.
Pocos días después, el semanario Búsqueda informó que el histórico mánager de la banda, Nicolás Fervenza, había asumido desde enero la gerencia del Antel Arena.
El viernes, además, vecinos de Malvín y Buceo recordaron la fría jornada de invierno del 25 de junio de 1994, “cuando un grupo de amigos se subió por primera vez a un escenario durante un festival solidario organizado por estudiantes para recaudar fondos para la biblioteca popular del barrio”, y colocaron una placa conmemorativa en la plaza Delmira Agustini, “el lugar donde todo comenzó”. Según los promotores del homenaje, aquella noche, con un público de unas 300 personas, la novel agrupación se identificó con su nombre recién inventado, No Te Va Gustar, e interpretó canciones de Sumo, The Beatles, Little Richard, Jimi Hendrix y Divididos.
“Dejo el corazón para no creer que se terminó / Y siento que hoy puede florecer, que no marchitó”, canta Brancciari en “La noche de ayer”, el último hit de la banda, que ya superó los dos millones de reproducciones en Spotify.
Ajeno a casi cualquier cosa que no tenga que ver con el último disco de NTVG, Florecer en el caos, y su gira de presentación –con la que ya recorrió Paraguay, Bolivia, Colombia, Argentina, Ecuador, Chile y Perú–, el cantante abre en su teléfono la aplicación de Zoom y dedica unos minutos de su estadía uruguaya a la diaria.
Después del Mundial, el grupo volverá a viajar para cumplir con más funciones en Argentina, México, Italia, Inglaterra, Dinamarca, Alemania y España, y regresará a Uruguay en diciembre, con tres fechas confirmadas: el viernes 4 en el parque Harriague de Salto, el sábado 5 en la Plaza de Toros Real de San Carlos, de Colonia, y el sábado 12 en el Velódromo Municipal de Montevideo.
El grupo acaba de estrenar una nueva versión de “Cielo de un solo color”. ¿Cómo surgió la idea?
La AUF [Asociación Uruguaya de Fútbol] vino a pedirnos la canción para usarla de manera oficial en este Mundial. Hicieron una encuesta y les dio que la canción que la gente más identificaba con la selección era la nuestra. Para nosotros, obviamente, fue una alegría recibir esa noticia, porque es un tema que no empezó teniendo que ver con el fútbol; los jugadores se lo apropiaron y también se volvió muy popular. Entonces dijimos que sí, pero con la condición de regrabar la canción para que tuviera un sonido más actual, algo nuevo. Además, se nos ocurrió que participara gente a la que queremos y admiramos.
Foto: Cabe, difusión
Invitamos a Jorge, a Hugo y a Agarrate Catalina. Después, cuando ya teníamos lista la canción, hicimos una especie de presentación con un asado y vinieron algunos jugadores de la selección actual y varios de la generación anterior, que fueron quienes adoptaron ese tema como propio.
¿Qué lugar ocupa en tu vida el fútbol en este momento?
El fútbol desde chico es algo que me apasiona. Primero quise ser jugador, pero eso no prosperó. Y sigue siendo algo muy importante, ahora con mi hijo, que es re futbolero y sabe mucho más que yo, como los nombres de todos los jugadores. Es algo que nos une, así que sigo disfrutándolo un montón.
Ahora mismo estás metido en una gira muy larga con No Te Va Gustar, que arrancó en febrero y seguirá durante el año que viene. ¿Cómo vivís esa rutina?
Con mucho entusiasmo. La gira nos ha llevado por varios lugares y nos quedan muchas actuaciones todavía. La verdad es que nos tiene muy felices, sobre todo por cómo entraron las canciones nuevas en el repertorio. La gente las está cantando como si tuvieran años, y a nosotros nos genera un montón de felicidad hacer un disco y que la gente se apropie con tanta velocidad de esos temas.
“La noche de ayer” tiene unos cuantos años. ¿Por qué decidieron incluirlo en este disco?
Esas cosas se dan de manera natural. Nos ha pasado con varias canciones. Cada vez que se viene un disco nuevo nos ponemos a repasar demos viejos. En este caso, me puse a escuchar uno que tenía esa canción y se la mandé a mis compañeros con un audio que decía: “Che, esta me parece que está re buena para incluirla en el disco”. Y esta vez a todos mis compañeros les pasó lo mismo. La habíamos probado en discos anteriores y siempre quedaba afuera.
Con “Tan lejos”, por ejemplo, que es una canción que salió en el quinto disco [El camino más largo, 2008], ocurrió algo parecido: la teníamos desde la época del segundo disco [Este fuerte viento que sopla, 2002].
¿Con qué pensás que tienen que ver esas sintonías?
No sé por qué se da eso. Es como que un día todos nos ponemos de acuerdo y sentimos que a una canción le llegó su momento. Entonces, hay que darles pelota a esas corazonadas.
¿Nunca la habían tocado en vivo?
No, la habíamos grabado en un demo para el disco El tiempo otra vez avanza [2014], pero no la incluimos y no nos dolió que quedara afuera. Más adelante, no le encontramos mucho sentido. Y ahora sí, ya sabíamos que iba perfecto con el resto de la lista. De golpe, una canción se llena de energía, nos renueva algo y encuentra su lugar. Es una de esas cosas mágicas de la música, difíciles de explicar.
Foto: Diego Velazco, difusión
No sé si has leído algunas de las cosas que escribieron en los comentarios del video del tema subido a Youtube. A muchas personas la canción les trae el recuerdo de familiares a quienes perdieron, mientras que otras encuentran ánimo e inspiración en momentos de oscuridad. Supongo que recibirás ese tipo de mensajes por diferentes vías.
Sí, la verdad que es alucinante que pase eso. Y está buenísimo porque no es algo buscado. Uno hace una canción a veces para sacarse cosas de adentro, para hacer catarsis o para lo que sea, y que la gente se sienta identificada, que tome una letra para su propia experiencia personal y le sirva un poquito, ya eso es alucinante.
Leo algunas cosas, me llegan un montón de mensajes por redes. También de gente que conozco, seres queridos que me hablan de esa canción que no tiene nada que ver con mi historia.
¿Cómo se lidia con esa energía que proviene de cuestiones muy personales?
La verdad es que emociona. Me pasa un montón a veces, tocando en vivo, con varias canciones, que ves a alguien que está ahí en el público. Yo no soy muy de mirar particularmente, pero a veces lo noto y me sorprendo con alguien que rompe en llanto cantando o mirando hacia arriba, o lo que sea. Y bueno, a mí me transmite eso mismo y se me corta la voz. No sabés lo que le está pasando o cuál es la historia detrás, porque cada uno interpreta las canciones como las interpreta, pero eso termina, en definitiva, siendo algo muy fuerte también para mí. Me parece re zarpado poder contar algo muy íntimo y personal y que eso termine siendo súper importante para alguien a quien no conocés.
Ya hablamos de la canción más antigua, pero el disco también tiene muchas canciones nuevas, la mayoría muy introspectivas ¿En qué momento te encontró el proceso de composición de Florece en el caos?
Me encontró en un momento de bastante experiencia y de poco miedo de decir cosas. Con el tiempo uno va perdiendo el miedo de exponer sus sentimientos. Creo que al principio me costaba un montón, o a veces hablaba en tercera persona. Y también el oficio hace que también pueda apropiarme de historias ajenas. De hecho, en este disco ocurre así: hay canciones en las que me pongo en el lugar de seres queridos que han vivido cosas o que están viviendo cosas que son muy fuertes, y poder cantar desde ese lugar te lo termina dando el oficio de hacer canciones. Para componer, tengo que dedicarle tiempo a esa tarea. O sea, a veces ocurre de la nada, pero generalmente tengo que agarrar la guitarra, el cuaderno y dedicarle tiempo.
La creatividad es como un músculo que hay que ejercitar. Hay que fomentarla, ponerle combustible y leña, eso es lo que me pasa a mí. Las letras de este disco las compuse en el tiempo libre de los otros compromisos con la banda y de mi proyecto solista.
En algunas notas, particularmente en una reseña de Florece en el caos, de la revista Rolling Stone en su edición argentina, el periodista da por sentado que componés muchas canciones directamente para que sean cantadas en estadios. ¿Hasta qué punto es así? Supongo que no será siempre igual.
No, no es así. Lo que sí es verdad es que cuando hago una canción siempre estoy imaginando que mis compañeros la van a interpretar. Entonces, en ese sentido, en el momento en que estoy grabando o escribiendo algo en el teléfono, ya estoy imaginando cosas de cómo podría sonar esa canción en vivo, y luego, en la sala de ensayo, con tus compañeros, que son las armas con las que contás, empezás a probar cómo suena un tema. Pero no, nunca sabés si después una determinada canción va a llegar a ser de estadio o incluso si la vamos a terminar tocando en vivo.
En este caso sucede que estamos presentando un disco que es bastante directo y para adelante, y se dio que todas las canciones se adaptaron fácilmente, pero no es algo que se dé de forma premeditada.
¿Podés contar algo de la historia de “Si el mar me ve”?
Es una canción de amor, luminosa, de una relación a distancia, de esa incertidumbre que genera la distancia, y del deseo de que ese amor sea recíproco.
¿Cómo eligieron al argentino Nico Cotton para la producción del disco?
Ya habíamos trabajado con Nico en el tiempo en que no grabábamos ningún álbum de la banda. Con él primero hicimos canciones sueltas, que generalmente ya teníamos desde hacía tiempo. Por ejemplo, “Me cansé”, que fue con la colaboración de Zoe Gotusso. Esa vez Nico vino a nuestro estudio anterior y, en una semana o menos, se acopló a la banda; fue muy práctico todo y también quedamos muy contentos por su forma de ser. Para nosotros la parte humana es súper importante.
Después de esa experiencia, yo grabé mi segundo disco solista [La sombra en luz, 2025] con él como productor y también fue una experiencia muy linda. Así que cuando nos pusimos en campaña para armar un nuevo álbum de No Te Va Gustar, tratamos de hacer coincidir nuestras agendas.
Me consta que él también está muy feliz de trabajar con nosotros, porque si bien está acostumbrado a hacer muchos discos de otros géneros, viene de nuestro palo y le gusta la misma música que a nosotros.
“Una vida más” suena un poco diferente del resto del disco. Para vos, sobre todo en la introducción, ¿a qué remite ese sonido?
Para mí es re ochentosa y me lleva a The Cure, no sé, para ese lado. Ya era así al principio, pero más guitarrera. Al final le dimos más protagonismo a un riff de bajo. Es una canción que arranca un poquito oscura y termina siendo luminosa en el estribillo. Es una historia esperanzadora, habla de una situación de salud de un ser querido mío y, como te contaba, la puedo incorporar como una historia propia, pero también la siento muchísimo cuando la canto.
Hace un rato hablábamos de canciones de estadios. ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias como público de grandes recitales?
A los Redondos los fui a ver seis veces. A Divididos los vi en el estadio de Vélez en los 90.
¿Cómo te cayó la noticia de la muerte del Indio Solari?
Con mucho dolor. Si bien son cosas que uno sabe que pueden pasar, la verdad es que no dejo de shockearme y de llenarme los ojos de lágrimas por un montón de cosas, por momentos vividos y porque sigo escuchando hasta el día de hoy a los Redondos. ¿Viste que Spotify te dice qué fue lo que más escuchaste desde que te descargaste la aplicación? Bueno, en mi caso fueron los Redondos. Entonces, no dejó de pegarme muy fuerte. Ese viernes yo estaba cruzando a Buenos Aires y me enteré de la noticia en Colonia.
Foto: @agustindusserre & @arnedonacho, difusión
Por otro lado, también me pasa lo mismo que les genera a muchas personas: una especie de sentimiento de comunión con toda la gente a la que su arte le caló hondo, ya sea por sus letras, por su música o por sus ideas. Entonces, es medio ambiguo el sentimiento: mucha tristeza, pero también satisfacción de ver toda esa gente junta por un artista.
¿Qué recordás hoy de esos shows de los Redondos?
Emoción, amistad, estar con mis amigos yendo a ver algo que nos conmovía. También un poco de adrenalina, porque esas noches de los Redondos eran difíciles, pasaba de todo y siempre era: “Bueno, hasta acá, es la última vez que vengo”, y al final reincidíamos. Los recuerdo con un montón de alegría y como sinónimo de las aventuras de mi adolescencia. Siempre eran shows potentes, de canciones que te emocionan. Nosotros esperamos generar algo parecido en nuestro público y que la gente nos recuerde de esa manera.
