“La obra habla de cómo podemos enfrentarnos a algo que no nos animamos ni a nombrar”, dice el director Gustavo Bouzas sobre Hablame de cáncer, el espectáculo póstumo de Diego Soto Díaz (1975-2025). “Por eso empieza diciendo ‘cáncer, cáncer, cáncer, cáncer, cáncer. ¿Vieron? Lo digo y no pasa nada. Estamos acá, hay que enfrentarlo’”.
Bouzas anima al público a verla: “Les puedo asegurar que van a salir reconfortados, no tristes ni angustiados. Quiero que se den esa posibilidad, que les va a ser muy útil. Manejamos la obra para que todos salgan con paz, armonía y enriquecidos con la información que plantea para cuando se tengan que enfrentar –que ojalá no les pase, pero es muy común que le toque a un familiar, a un amigo o a nosotros mismos–, no tengamos tanto miedo porque sabemos algo de ella y no nos paralicemos”.
El proyecto, que Soto empezó a escribir a poco de haber recibido su diagnóstico, y que llegó a ensayar, fue seleccionado por los Fondos de Incentivo Cultural del Ministerio de Educación y Cultura y cuenta con el apoyo de la Unidad Académica de Oncología Clínica de la Universidad de la República. Parte de lo recaudado será destinado a la Fundación Manuel Quintela, que apoya financieramente el desarrollo de los programas de atención, educación e investigación en el Hospital de Clínicas.
El verano pasado, cuando transitaban el duelo reciente, a instancias de la familia de Soto, Bouzas tomó la posta del montaje. Ambos se habían conocido de chicos y se fueron reencontrando en distintas etapas, como recuerda Bouzas: “Su mamá vivía en un edificio que daba al fondo de la casa de mi madre; ahí ellas se hablaban, nosotros ya habíamos nacido, pero yo después me fui para Australia. Lo reencontré en la escuela y cursamos los primeros tres años. Éramos inseparables. Él después se cambió, pero se mudó por el barrio, por Villa Española, y nos seguimos viendo porque él tenía Atari, entonces yo me iba para ahí. Nos dejamos de ver y lo reencontré en una nota que me hicieron por Rescatate en Canal 10, donde él era camarógrafo. Ahí surgió una amistad desde otro lado, como esos primos que no ves hace mucho y te los encontrás y es tu familia. Es fascinante esa conexión. No éramos de salir a bolichear ni nada de eso, sino desde este amor en común que tuvimos por el audiovisual, por el teatro, y nos juntábamos siempre a elucubrar proyectos y cosas que nunca vieron la luz”.
Soto y Bouzas pedían devoluciones acerca de sus ideas y progresos. “A veces me llamaba por algunas ficciones que hacía en Canal 10, y después él fue el director de audiovisual de Rescatame, que fue nuestro primer trabajo en común. Cada vez que escribía algo me lo mandaba para ver qué me parecía. Yo era como su referente en teatro y él era mi referente cuando yo quería hacer algo de audiovisual. Nos comentábamos, teníamos esta dinámica”, sigue Bouzas. “En esta obra fue mucho más fuerte por lo que significaba estar transitando esta enfermedad”.
Soto fue director y realizador audiovisual y teatral, y con esta última pieza buscaba humanizar la experiencia oncológica, reivindicar la fuerza del cuidado colectivo y promover la conversación sobre las desigualdades en el acceso a los tratamientos. “Una de las cosas que él no quería era estar constantemente hablando de cáncer, sino que había más cosas en su vida. Entonces, nosotros no hablábamos de cáncer, hablábamos de la obra. No era ‘¿Cómo estás? ¿Qué te duele?’. A su vez, al día siguiente que diagnostican a Diego, diagnostican a mi hermano, también de cáncer. Entonces yo enfrentaba la enfermedad como acompañante y él como paciente. Él me iba dando también consejos y yo le decía lo del otro lado qué nos pasaba. Fue un lindo complemento y esas casualidades como mágicas y poéticas, que si las hacés en una ficción no te lo creen”.
Bouzas repara en la coincidencia de que el estreno se haya fijado para el 14 de agosto, la misma fecha en que recibió el diagnóstico.
Diego Soto es el autor, y el personaje interpretado por Federico Torrado es Diego Soto, un boxeador que lucha contra Carquino (cangrejo en griego). “Él tenía esta múltiple faceta que es trabajar en los medios de comunicación, en donde es politemático todo”, observa su amigo, que cuenta el detallismo que tenía de separar cada rubro por colores en el libreto. “Le faltaba decir dónde comprar cada cosa”, bromea Bouzas.
“La obra más importante que ha hecho es Inquina, que versa un poco sobre la enfermedad de su padre. Es muy testimonial, pero tiene mucho que ver con esto también. Es un antecedente de Hablame de cáncer. La diferencia es que Inquina es un thriller, tiene una carga mucho más dramática. En esta, para hablar de él mismo elige utilizar el mismo humor que usaba para la vida. Capaz que las temáticas son iguales, pero la forma de contar es diferente”, dice Bouzas.
Con esta historia pretendía aliviar la incertidumbre que envuelve a la enfermedad: “Que a la gente no le pase lo que le pasó a él y lo que me pasó a mí con mi hermano: te dan el diagnóstico y no sabés qué hacer. Y además te dicen ‘cáncer’ y es como decirte, ‘bueno, señor, usted se murió’. Eso te paraliza”, dice Bouzas, que recalca el subtítulo de la obra: “Un monólogo sobre lo innombrable”.
La pieza se divide en rounds. “Intentamos por todos los medios no caer en el bajonazo, en la sensiblería. Es muy fácil hacer una obra sobre cáncer y meterte el dedo en la llaga. Él no quería eso. Él quería decir ‘bueno, amiguémonos. Si está entre nosotros, mirémoslo a la cara y hablemos de ello’. Porque eso también le pasa mucho al entorno del enfermo, muchos amigos desaparecen por miedo. Yo estoy muy feliz con lo que estamos logrando”, cuenta el director.
Por otro lado, reconoce: “El espectador va a entrar en un hospital y al hospital vas porque estás enfermo. Entonces, ya te condiciona de otra manera”. Son 120 lugares por función y están dispuestos alrededor de un ring: “Se tienen que imaginar que van a una velada boxística. Se ve bien de todos lados, hay muy buena acústica, es muy confortable el lugar. El Clínicas tuvo fama de abandono, pero está todo acondicionado, tiene climatización, buen sonido, butacas, es un espacio muy cómodo”.
Hay una pantalla atrás del ring: “En este multiverso que era Diego, la obra está escrita para que el actor interaccione con el audiovisual constantemente”. Aparecen otros personajes y desde allí se marcarán los rounds. “Diego habla de quién tiene la vida comprada, que el 50% de los casos –estos datos están corregidos por la cátedra de oncología– se curan, y el 70% viven muchísimos años. Él hace la broma de que es una pelea bastante pareja: 50-50”.
Hablame de cáncer. Viernes, sábados y domingos a las 20.00, hasta el 30 de agosto. En el piso 19 del Hospital de Clínicas (Avenida Italia esquina Las Heras, cuenta con acceso inclusivo). Entradas en Redtickets $ 660. 2x1 para la diaria. Para mayores de 12.