Fin de semana Infantiles

Brujas, fútbol y algunos miedos: 13 autoras y 11 narradores para niñas y niños

El lanzamiento de Banda Oriental propone un recorrido por la literatura infantil y juvenil desde 1980 a 2010.

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El año pasado, Ediciones de la Banda Oriental lanzaba Veinte patas, diez colas y tantas lenguas, reedición de la antología de literatura infantil y juvenil (LIJ) que los escritores y maestros Luis Neira y José María Obaldía publicaron en 1977. Aquella selección original presentaba el estado del arte de la LIJ uruguaya en un momento en que ese campo recién empezaba a definirse y consolidarse, y reunía el resultado de una búsqueda en la mejor tradición literaria nacional, en la que los compiladores rescataban y reunían, para ofrecerlo a los nuevos jóvenes lectores de ese tiempo, un conjunto de relatos de enorme variedad y riqueza. Prologado por la escritora Virginia Mórtola e ilustrado por Fidel Sclavo, la reedición de 2025 era, entonces, un rescate fundamental que traía a los niños y niñas actuales una panoplia de autores que incluye de Horacio Quiroga a Juana de Ibarbourou, de Julio C da Rosa a Elena Pesce, de Paco Espínola a Juan José Morosoli, y un largo etcétera.

La reedición de aquella antología era un principio: abría la puerta para continuar recorriendo el camino de la LIJ nacional. Ese tránsito se retoma con la edición, ahora, de Brujas, fútbol y algunos miedos, que abarca la narrativa infantil y juvenil publicada desde 1980 hasta 2010. La antologista, nuevamente Mórtola, dice en el prólogo: “Los textos aquí reunidos muestran el pasaje desde lo rural, en ambiente del campo, y la presencia de protagonistas mayoritariamente animales; una escritura que se vuelve urbana, costera, fantástica, experimental, desfachatada, y donde niñas, niños y jóvenes pasan a ser grandes protagonistas”. Por otra parte, destaca el criterio de organización de la antología en dos secciones diferenciadas –infantil y juvenil– como síntoma de un cambio muy relevante: “La adolescencia aparece como sujeto literario y se consolida la literatura juvenil, con voz, tono y preguntas propias”.

Otro elemento que le da a esta antología un interés especial es que el rango temporal que abarca Brujas, fútbol y algunos miedos incluye la década de 1990, es decir, la década en la que se produce una renovación de la LIJ, un período fermental en el que se publica mucho, surgen nuevos autores, que la maestra, escritora e investigadora Magdalena Helguera definió con una precisión genial como un segundo “salto de sapo” –antes el que había saltado y movido estanterías había sido el protagonista de Saltoncito, de Paco– a partir de la irrupción del querido Sapo Ruperto que creó Roy Berocay. Resulta de interés, varias décadas después de aquel auge, revisitar la producción de entonces, recorrer los autores.

El punto de inflexión que significa la publicación de El sapo Ruperto introduce un punto de vista de cercanía con las lectoras y lectores contemporáneos, signado el lenguaje coloquial, el humor y una temática cotidiana con la que pueden identificarse. Esa potente renovación del campo de la LIJ se nutre de la producción de autores como Malí Guzmán, Magdalena Helguera, Helen Velando, Lía Schenck, Fernando González, Ignacio Martínez, Susana Olaondo, Virginia Brown. La selección que propone Brujas, fútbol y algunos miedos incluye 18 autores, 13 mujeres y 11 hombres. Incluye cuentos y fragmentos de novelas; revisita textos que continúan circulando –es el caso de Ana Zap y Martina Valiente, ambos reeditados por Criatura; de Pateando lunas y Mi mundial, con numerosas reediciones y llevadas al teatro; de El hacedor de pájaros, reeditado con ilustraciones de Denisse Torena– y permite acceder a textos poco conocidos de autores de extensa trayectoria –como El caballo de la plaza mayor, de Germán Machado o Mishiyu, de Ricardo Alcántara–. En todos los casos, es un rescate fundamental que, como toda buena antología, invita a disfrutar de los textos que incluye y, al mismo tiempo, abre la puerta para ir más allá y buscar otros.

Una dificultad que enfrentaba esta selección, teniendo en cuenta que el universo de lo antologable incluía numerosas novelas, era cómo llevar a unas pocas páginas el tono, la trama, la intriga de una novela y que esa pequeña selección resultara legible en sí misma. Una dificultad que la antologista logra salvar: cada fragmento tiene una potencia tal que atrapa a quien lee y, por supuesto, deja con ganas de seguir, y para eso ahí están, fuera de este libro, en librerías y bibliotecas, las obras de estos autores.

El conjunto, cuyo título en tríptico –que sigue la idea del de la primera antología– da cuenta de los temas que aparecen, da cuenta de la diversidad de voces: recoge distintos énfasis, estilos, géneros, perspectivas. Al mismo tiempo, permite comprender y disfrutar de la convicción y la potencia de un momento de la LIJ que produjo una ruptura, que abrió puertas y ventanas que permitieron a las generaciones subsiguientes seguir ese camino –están ahí Sebastián Pedrozo, Federico Ivanier, Camilo Baráibar y Gabriela Armand Ugón, por ejemplo– y que, con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, aparece como un período singular que es posible revisar e investigar.

“La relación entre esta antología y la de 1977 ilumina un pasaje histórico: de la infancia como destinatario a la infancia como sujeto; de la legitimidad otorgada por los textos clásicos al valor estético autónomo de las escrituras contemporáneas; del relato arraigado en la tradición rural al relato que explora los territorios íntimos, urbanos, afectivos y simbólicos. Y, sobre todo, revela que entre 1980 y 2010 nació y se consolidó una literatura juvenil uruguaya, con voz, tono y sensibilidad propias”, sintetiza Mórtola en el prólogo. Del período elegido, el inicio se explicaba por sí solo, en la medida en que el libro continúa a una primera parte; en cuanto al final, se explica que 2010 podría considerarse un nuevo punto de inflexión, determinado por un crecimiento tanto en volumen de publicaciones como en cantidad y diversidad de autores y editoriales, y, sobre todo, con el desarrollo de la ilustración, que pone sobre el tapete el libro álbum y abre un nuevo panorama de la LIJ.

Selección de un período fundamental de la LIJ nacional, Brujas, fútbol y algunos miedos se erige como un hito, un libro de lectura imprescindible que, por supuesto, no se agota en sí mismo, sino que adquiere sentido en su vocación de apertura, de invitación a seguir leyendo.

Brujas, fútbol y algunos miedos: antología de la narrativa infantil y juvenil uruguaya 2 (1980-2010). Selección de Virginia Mórtola, ilustraciones de Fidel Sclavo. 120 páginas. Banda Oriental, 2026. $ 980.

Se presenta en la Feria Internacional del Libro el miércoles 7 de octubre a las 18.00, en la sala Dorada de la Intendencia de Montevideo.

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