Isabel Lenoir no pudo dormir en toda la noche. “Insomnio, el show, la adrenalina”, enumera en el comienzo de una entrevista matinal en el Café la diaria. “Tengo muchas ganas de volver a casa. Extraño mi cama”, confesará más tarde.
Hija de la actriz María Elena Pérez y del antropólogo y psicólogo Aurelio Gómez, y criada en el Prado en un hogar de “mucho análisis, mucha data y mucha discusión”, la joven cantante (nació en 2000) y compositora reside en la ciudad de Buenos Aires, donde se instaló para la producción de su ambicioso primer LP. Amanda se estrenará en plataformas en 2027 y, por lo pronto, la artista sigue eligiendo a la capital porteña como su lugar en el mundo.
En sus canciones mezcla música popular uruguaya, R&B y soul con asombrosa naturalidad y solidez, en historias de emociones extremas y resoluciones fantásticas. “Ella es de las pocas mujeres de la nueva generación que hacen candombe. Me encanta cómo compone y cómo escribe”, la define elogiosamente Julieta Rada en una nota para la revista Rolling Stone.
En 2023, Lenoir lanzó su primer trabajo discográfico, el EP Piscina libre. En su carrera compartió escenarios con los locales Facundo Balta, Mocchi y Papina de Palma y con los argentinos Nafta y Emmanuel Horvilleur, entre muchos otros. Este año, además, asumió la responsabilidad de abrir el show del panameño Rubén Blades en el Auditorio Nacional del Sodre.
De visita por Montevideo, con motivo de la presentación adelantada de su próximo disco en el Centro Cultural Florencio Sánchez, la emergente cantautora conversó con la diaria.
Quienes vayan a ver tu actuación del domingo tienen la oportunidad de escuchar las nuevas canciones antes de que salgan. No es lo más habitual hoy en día.
Tal cual. Mucho antes de que salgan, en realidad. Vamos a ir largando cortes, pero la salida del disco va a demorar. La idea en parte tiene que ver con toda esta cuestión de cómo se saca la música ahora. A mí me habían recomendado que estrenara el disco más adelante, y la verdad es que yo no quería esperar más. Ya está pronto y quiero que todo el mundo lo pueda escuchar y se divierta con mis canciones. Entonces, pensé: por lo menos hagamos unos encuentros de preescucha. Ya hice uno acá y otro en Buenos Aires. Y con este show siento que estoy haciendo algo más tangible antes del año que viene, que para mí falta un montón.
Además, me voy a dar el lujo de que me acompañe una banda genial: Fede Blois, Andrea Silva y Ximena Bouso en percusión, Gonzalo Palmarín en guitarra, Julieta Taramazo en bajo y Mechi Muniz y Carolina Caserta en los coros. Y también va a estar Baltazar Oliver, que es el productor del disco, en teclados.
¿Por qué se llama Amanda tu próximo disco?
Porque tengo una fascinación por Amy Winehouse; “Amanda” es como sería en español. Y porque para mí, como consumidora de su obra, Amy es un personaje que supuestamente representa todo lo que está mal en una mujer. Tipo: drogadicta, la que caga al novio, la que está todo el tiempo despeinada y con las tetas para afuera. Yo quería hacer un disco sobre todo eso, porque siento que, de alguna forma, todo eso está en todas nosotras. En algunas un poco más, a veces un poco menos. A veces, en algún momento de la vida un poco más, a veces un poco menos.
¿Cuándo descubriste su música?
Cuando tenía 11 años. De hecho, el día que Amy se murió. O sea, yo vi la noticia en la televisión y la empecé a escuchar.
¿Y qué te conectó con ella?
De chica, al principio fueron los sonidos de su música. Esa cosa de jazz y R&B que me gusta un montón. Y ahora, de más grande, también conecto con ella cuando leo las letras de sus canciones, y me doy cuenta de que había encontrado una forma muy fácil de expresar las cagadas que se ha mandado.
Tiene una canción que se llama “I Heard Love Is Blind”, en la que dice algo así como: “Sí, me cogí a otro, pero me lo cogí porque no lo estaba viendo. Y en realidad estaba pensando en vos cuando estuve con él”. Además, lo hace con unas melodías espectaculares.
¿Y vos cómo escribís tus canciones? ¿De dónde salen?
Lo que te puedo decir es que camino y voy cantando. Voy pensando qué letra va con qué letra o qué cierre va con qué cierre. Por ejemplo, con “Mudanza”, que es una plena de mi próximo disco, empecé con “me tienen agotadas las cosas que cambian”. Tenía eso. Entonces, empecé a imaginar una lista de esas cosas que cambian. O sea, armo las letras como si fueran un rompecabezas y en eso, además, siempre tiene que primar lo rítmico. Intento que las palabras y los fonemas entren en un juego rítmico.
¿“Mudanza” nació como plena?
La verdad es que yo siempre quise que fuera una plena, pero no lo veía posible, para arrancar, porque en ese momento no tenía amigos que tocaran ese género. Era una idea que tenía en la cabeza. Justo se dio que conocí a los portorriqueños del taller Toca Plena, que habían venido a Montevideo invitados por las uruguayas del grupo Plena Comunera. Los vi y les dije: “Chicos, tengo esta canción. Me encantaría que la toquen en el estudio. ¿Pueden venir?”. Me dijeron que sí y nos juntamos en la Casa de la Cultura Afrouruguaya.
Otra de las canciones nuevas se llama “Marilina” y es una especie de tango con soul.
Es mi versión del tango, en realidad. “Marilina” apareció cuando conocí La Catedral del Tango, en Buenos Aires. Es un lugar espectacular, te lo recomiendo mucho. Es como si fuera un teatro antiguo, gigante. Subís por una escalera y se abre un galpón que tiene una foto de Gardel, como si fuera un altar, y ahí se puede ubicar una orquesta. Imaginate ese lugar, que a la vez es lo más cutre del mundo, tiene un almacén naturista y es uno de los mejores destinos si querés ir a bailar.
En ese momento, además, yo estaba muy emocionada porque había visto por primera vez a Marilina Bertoldi, que para mí fue como un fuego en el escenario. Quise hacerle una canción a ella desde mi lugar de fanática. O sea, la canción nace de un enamoramiento muy loco y se mezcla esa admiración con lo que me produjo la visita a ese templo tanguero. Me la imaginaba a Marilina toda loba en el escenario, y yo, desde una esquinita, con mi ginebra en la barra, mirando todo. Aunque yo no tomo ginebra y nunca voy a lugares de tango.
La base de “Así nomás” es a puro tamboril. ¿Cómo es tu relación con el candombe?
Mi relación con el candombe es mi propia vida. El candombe atraviesa mi vida porque mediante el candombe bailo, me expreso, camino y pienso. Todas mis canciones están atravesadas por el candombe, más allá de que no sean canciones de candombe. Me preguntabas sobre mi forma de componer: yo voy caminando y haciendo la clave del tambor.
Foto: Alessandro Maradei
Desde hace un tiempo vivís en Buenos Aires.
Me enamoré y me mudé para allá. Vivo en Florida, que está en la zona norte de Buenos Aires. La verdad que por ahí es hermoso, casi como Montevideo. No tengo todo el barullo de la ciudad. Hay pajaritos, árboles.
En una nota para el canal de streaming Topic dijiste que en Buenos Aires, al contrario que en Montevideo, te podías vestir como vos querías. ¿Te sentís menos libre cuando estás acá?
No sé si es que me siento menos libre. Nací acá, tengo toda mi familia y mis amigos acá. Tal vez por eso pienso que me puedo encontrar a alguien que conozco por la calle y eso de algún modo me condiciona. Es como me pasaba con mi pelo. Cuando era más chica me daba vergüenza usar mi pelo suelto, porque quedaba todo alborotado. Ahora estoy en un momento de mayor aceptación de mi identidad y mi vestimenta. Siento que Buenos Aires es un lugar donde te encontrás a cualquier hora y en cualquier lugar con estilos de todo tipo. Entonces, yo también puedo probar y experimentar. Y pasa porque allá la población es más grande. Es más fácil ser anónimo. Acá es mucho más visible todo. O sea, si te ponés algo un poco fuera de lo común, te miran por la calle como si tuvieras algo raro. A mí me encanta encarnar diferentes personajes, pero también hay que aprender a aceptarse.
¿Y cómo te lleva la vida en Buenos Aires?
Yo me fui a hacer el disco con Baltazar [Oliver]. Él es de Salta, pero vive allá en Buenos Aires. Pero a la vez, con mi pareja [el músico argentino, Joaquín Muriel] teníamos que decidir si vivir en Uruguay o en Argentina. Y la verdad es que para vivir en Uruguay prefiero que sea cuando tenga 40 años y cuatro hijos. Ahora, a mis 25 años, me quedo con Buenos Aires.
Allá me gusta mucho estar en mi casa. Porque, además, soy diseñadora en comunicación visual y mi trabajo es muy casero. Es un lugar seguro y es donde me siento más cómoda para crear. A la vez me gusta mucho salir a bailar y curto bastante la noche porteña.
¿Qué fuiste a ver últimamente? ¿Qué estás escuchando?
Lola Parda, me encanta. Y en casa escuchamos pila a Edu Lobo, João Donato y Juan Wauters.
A propósito de bailar, a veces subís frases breves. Por ejemplo, “Bailar y cantar contra la tristeza”. ¿Es tu receta?
Y sí. También por el hecho de vivir en un mundo que cada vez está más caótico. Yo a veces pienso en mis sobrinos más chicos, o en mí, que en algún momento puedo tener un hijo o una hija, y decís: “Qué difícil está la vida en este mundo”. Y encima allá tenemos de presidente a [Javier] Milei.
Yo siento que el baile o el canto, o las expresiones populares colectivas, terminan siendo espacios de soporte, de sostén, de cuidado. Como cuando estás saltando en el pogo: estás ahí en una cosa desenfrenada pero cuidada a la vez.
Más recientemente, subiste un posteo en el que decías: “Estoy muy triste y realmente la única culpable soy yo”, y allí hacías referencia a lo que implica ponerse al hombro la organización de un show como el que vas a dar en el Florencio Sánchez. El mensaje tuvo mucha repercusión. ¿Qué pasó?
Fue hermoso, la verdad. Realmente estaba muy triste. Una invierte un montón de plata y, a medida que las entradas se van vendiendo, la deuda que te generaste comienza a bajar, pero no es fácil. La idea fue exponer algo que vivimos muchos artistas pero que rara vez alguien expresa. Hay quienes creen que ser artista es una boludez, un hobby, una especie de diversión, pero para mí la música es mi vida. Un hobby es trabajar en diseño gráfico y ganar unos mangos con eso. Y en ese sentido, pongo mucha energía en este proyecto. A mi nuevo disco, por ejemplo, le dediqué dos años de trabajo. Y mirá, así me ves también, sin dormir, pero a la vez estoy muy contenta de lo que hago.
Hablamos de lo que te gustan Amy Winehouse y Marilina Bertoldi. ¿Cómo te llevás con la música uruguaya?
Espectacular. A Chabela Ramírez la escucho un montón. Amo a Eduardo Mateo, a Jaime Roos, que lo conocí.
Contame esa historia.
Fue increíble. De esas cosas que me pasan a mí. Como la vez que estaba escuchando a Julieta Laso mientras trabajaba en una oficina y, de la nada, me avisaron que me había elegido para que fuera su telonera. Lo que pasó esta vez fue que abrí un show para Rubén Blades. Yo estaba muy nerviosa, porque era como “¡qué hago!” con esa leyenda al lado mío. Realmente no sabía qué decirle. Me superó la situación. En un momento salgo a un pasillo y veo a Jaime Roos charlando con Blades. Escuchaba que entre ellos se hacían bromas. Yo, totalmente estupefacta. No podía decir nada.
La cuestión es que hago mi show y cuando me subo a un ascensor me encuentro con Jaime Roos solo. Lo miro y le digo: “Vos sos Jaime”. Y él me responde: “Sí, soy yo”. Y fue tipo: “Te amo”. Yo estaba con una amiga y le pedí que nos sacara una foto. Y nada, fue muy zarpado. Él me dijo: “Yo te conozco, te vi en uno de esos Instagram”, una cosa así. Y capaz que nada que ver, ni idea, tal vez me confundió con alguien más. Yo también le dije: “Necesito que escuches mi disco”, y él: “Sí, obvio, recontra”. No sé si lo habrá escuchado, pero el solo hecho de que se haya detenido para hablar conmigo lo valoro muchísimo.
¿Qué soñás que pase con tu carrera artística?
Todo lo que el mundo me quiera dar lo voy a aceptar. Dios dirá. O sea, lo que me tire Dios yo lo atajaré de alguna forma. La verdad es que en ningún momento pensé que podía llegar a lograr muchas de las cosas que me están pasando, como grabar un disco con Baltazar Oliver, que tiene un talento increíble, o estar con Joaquín y compartir con él mi vida en Buenos Aires.
Yo siempre soñé con estar en la ceremonia de los Premios Grammy, ¿viste? Recibir el Grammy y decir: “Mamá, esto es para vos”.
Isabel Lenoir presenta Amanda. Domingo a las 20.00 en el Centro Cultural Florencio Sánchez (Grecia 3281). Entradas a $ 600 en Tickantel. 2x1 para anticipadas y Tarjeta Dorada.
