A Fabricio Breventano lo persiguen las etiquetas musicales, pero en casi 30 años de música ninguna lo pudo agarrar, salvo la primera, la de el Panki, que lleva cosida a su identidad desde los tiempos del liceo allá en Salto, cuando con la vieja Singer de su madre se afinaba los vaqueros “como Los Ramones”.
Desde entonces, además de punk, ha hecho de todo: rock, murga, tango y todas las mixturas posibles dentro del universo de la música popular. Una especie de síntesis de ese batiburrillo sonoro es el inspirado álbum Popular, publicado en 2018. Tocó en los ómnibus y en encumbrados escenarios. Vivió en Montevideo, Buenos Aires y por ahí, donde la guitarra y los amores lo llevaron.
Hace algo más de un lustro recaló en la ciudad argentina de Rosario, donde formó familia y proyecto artístico con la violinista y cantante Analía Camiletti, y esa yunta parió una crianza y dos discos: Linya (2021) y Siga el baile (2025)].
De regreso a Montevideo, convidado por sus excompañeros de la banda Dónde está el Cátering, que está celebrando 20 años de trayectoria, aprovechó la ocasión para presentar en el sur de Uruguay Un cielo azul que viaja, que viene pescando hace un par de años y que define como “un recorrido musical que navega como las barcas por las venas de nuestro litoral, llevando y trayendo historias hasta los puertos de la cuenca del Plata”. En el espinel vienen enganchadas, entre otras, canciones de su autoría, del correntino Tránsito Cocomarola, del montevideano Nicolás Ibarburu, del entrerriano David Chorne, del santafecino Jorge Fandermole y, por supuesto, del sanducero y centenario Aníbal Sampayo, faro ineludible en la cosmovisión musical del litoral.
Antes de las presentaciones en San José de Mayo y Colonia del Sacramento conversaron a la distancia con la diaria sobre esa identidad litoraleña compartida, la vida familiar binacional y el artiguismo, en definitiva, diferentes canales del mismo caudal.
¿Cómo surge Un cielo azul que viaja?
FB: El germen lo acuerpa el Uru [Ricardo] Fagián, un amigo entrerriano, el percusionista con el que estamos tocando; la columna vertebral de la rítmica de este proyecto es de Ricardo. Es uruguayo, pero vive en Entre Ríos, o sea, como que es un binacional, es de la tribu de los que estamos de un lado y del otro del río. Lo hicimos acá en Rosario, en Concordia y después cruzamos a Salto, gracias al apoyo del Fonam, y lo hicimos con muchos músicos locales, como Nico Ibarburu.
Pero ¿cuál fue la motivación de recalar en esas sonoridades? Ustedes venían transitando más el universo tanguero.
FB: Después de andar buscando también por otros puertos de la música popular de la región, en esta etapa de la vida, en la que también uno forma una familia, tiene crianza, las raíces hacen también pensar un poco de dónde uno viene, dónde uno se crio. Y la verdad que a mis 46 años lo que encuentro en este repertorio es la identidad. La vida me encuentra así, como tirando una cañita al río Uruguay ahí, manso nomás.
AC: Creo que también esta idea de ir hacia lo litoraleño del dúo tuvo que ver con un ensanchamiento de la identidad. Somos una pareja binacional, entonces es inevitable: cruzamos los ríos y atravesamos Entre Ríos varias veces al año. De pronto, como que tuvimos esa visión o epifanía de que las aguas siempre conectaron a los pueblos. No eran la frontera de estos países modernos hace 200 años, 250 años. Para mí el hecho de esa necesidad o esas ganas, de la búsqueda de la raíz, tuvo bastante que ver con esto de que viniera el hijo. Hasta ese momento veníamos transitando otras búsquedas artísticas y lo de ir hacia la raíz nos encontró con el litoral y con los ríos, con que cada uno desde su lugar nos hemos criado mucho cerca del río.
¿Qué cosas sienten que comparten Salto y Rosario?
FB: Tenemos muchas cosas en común. El ritmo de la siesta, la vegetación, los pájaros, los tiempos más tranquilos, más provincianos; más allá de la diferencia entre Rosario y Salto –una es una ciudad es gigante y la otra es una ciudad pequeña–, a escala cada una en sus diferentes países es más o menos lo mismo. No somos capital, pasa por ahí. Nosotros, que hemos andado por ahí con la Ani, por América Latina, nos dimos cuenta de que las capitales son mucho más duras. Entonces nos une esto también, nos desenvolvemos de manera diferente, con mucho menos coraza quizás que al estar en las capitales, donde uno tiene que ponerse el traje de superhéroe para salir a dar batalla.
¿Y las diferencias?
AC: Tienen que ver un poco con las idiosincrasias argentina y uruguaya, porque acá en Argentina muy rápidamente se te arma un piquete, juntamos dos gomas y cortamos la calle, es así. El uruguayo tiene otros tiempos, tiene otra onda, es mucho más tranquilo. Siendo la parte argentina del dúo, la verdad es que he sido beneficiada con esa tranquilidad y con esa forma tranqui que tiene el uruguayo. Sirve el ímpetu argentino y también sirve la tranquilidad uruguaya.
FB: Algo que identifica a las dos partes, a la provincia de Santa Fe por el lado de Analía y la provincia oriental, la Banda Oriental, es el artiguismo. En el medio de estas dos provincias está Entre Ríos, que es la única que mantiene hasta hoy los colores de la bandera de Artigas. Artigas en el Éxodo del Pueblo Oriental acampa en Entre Ríos y de ahí tiene su cuartel general en Purificación; es como una identidad anterior a la historia de estos países oficiales que tenemos. De alguna manera, es una visión política también distinta a como se terminaron de organizar estos estados nación.
¿Cómo se lleva un proyecto artístico que también es una familia?
FB: Creo que esa construcción de familia y proyecto artístico nos ha llevado a practicar la humanidad a un nuevo nivel. Hay momentos difíciles y también satisfactorios. No todo es como lo muestran las redes sociales.
Camiletti Breventano Dúo presenta Un cielo azul que viaja. Viernes 25 a las 21.00 en Genovés Beer Club de San José de Mayo. Artista invitada: Melisa Zang. Sábado 26 a las 21.00 en El Viejo Aro de Colonia del Sacramento. Artista invitado: Matías Lugo. Entrada libre en ambos recitales.