Una de las historias iniciáticas de El Catering (antes llamados Dónde Está El Catering) arranca con una llamada telefónica: “Gurises, ¿se mueven para Valizas? Vamos a tocar a la gorra con Luli. Vengan y se suman”, propuso Fabricio Panki Breventano, en compañía de su amiga Lucía Ceppi. Era el verano de 2006 y, del otro lado de la línea, Álvaro Ubiría no dudó en aceptar la invitación y avisarle a su amigo Santiago Nicolenco.
“Y allá en Valizas nos juntamos los cuatro y actuamos: Santiago con un cajón peruano, la Luli cantante, el Fabri en la viola y yo en el bajo, y nos fue bárbaro con la gente”, rememora Ubiría, guitarrista de la banda, en charla con la diaria. “En ese momento hacíamos murga canción, tango, rock and roll, canciones de Charly García, tocábamos en todos lados y nos empezó a ir bien ese verano”, acota Nicolenco, el baterista de todas las horas.
“Lo de Dónde Está El Catering fue idea del Panki. Inventábamos cosas en el momento, en ese caso jodiendo con los pedidos de una banda grande. En ese plan pasamos todo el verano”, cuenta Ubiría.
La buena racha del grupo continuó con “una novia argentina del Panki” y una invitación para tocar en Buenos Aires, el regreso a Uruguay con otro concierto en el teatro Dámaso Antonio Larrañaga de Salto y la incursión en el concurso Movida Joven, para el que grabaron tres temas y salieron triunfantes.
El homónimo disco debut de la banda salió en 2007 y tuvo “como 60 personas” metidas en la grabación y producción, entre ellos, Max Capote, Rodrigo El Rostro Gambeta (Mala Tuya), Santiago Bolognini (Once Tiros) y Ulises Rivas (Barrio López).
Eran tiempos de MySpace. En sus contactos de la extinta red social para músicos aún se conservan pegadas las fotos de Fernando Cabrera, La Teja Pride y Los Mareados. “En esa época teníamos una impronta de candombe canción y hacíamos alguna bossa nova. Eso luego fue cambiando a rock fusión”, apunta el guitarrista y cantante sobre el sonido de sus comienzos y la evolución hasta su propuesta 2026, que puede apoyarse indistintamente en el funk, el hip hop y el hard rock.
Veinte años después, con algunos cambios de formación y otros dos discos encima, Fuerza (2019) y Error de continuidad (2025), El Catering prepara un show en la sala Hugo Balzo del Sodre. El objetivo es festejar la fecha redonda con 20 canciones y una lista de invitados que aspira a alcanzar la misma cifra e incluir a todas las personas que se cruzaron con el grupo en sus dos décadas “de rock montevideano”.
Otro origen menos soleado
“Siempre fuimos inquietos, rompebolas”, dice Ubiría, y define a la perfección el carácter todoterreno de los integrantes del grupo –que a la par participan, o participaron, en otros proyectos musicales, como la banda de Majo Hernández, la murga La Gran Siete y la comparsa candombera La Roma– y su forma de encarar la música, “como una mezcolanza”.
La amistad de Ubiría y Nicolenco, que hablan con la misma rapidez e intensidad y se complementan con atención, también dice mucho del actual sonido del grupo. “A esa química tenés que agregarle lo que hace Lucía, que no deja de sorprender con sus melismas, y el laburo de Andrés Porres, que es un soldado que nunca te falla”, dice el guitarrista en referencia a la cantante y al bajista de la banda.
Nicolenco aporta que, antes de conocerse con su amigo, Álvaro tenía una banda de punk en Salto. Por su parte, Ubiría puede mencionar dos o tres bandas metaleras, entre ellas, Necrópolis, en el pasado del baterista. “Hacíamos thrash sinfónico”, corrige Nicolenco, y a partir de esa definición se despliega otra de las historias iniciáticas de El Catering, pero mucho menos luminosa.
En Flor de Maroñas, en el cuarto de metalero de la casa de Nicolenco, entre pósters de Metallica, Iron Maiden y AC/DC, comenzaron los ensayos del grupo. “Por un dibujo que tenía en ese cuarto, el Panki había apodado a Santiago ‘Homenaje a Cliff Burton’”, por el bajista de Metallica, evoca Ubiría, y confirma que siguen ensayando en la misma dirección, solo que mudados a la comodidad de un living.
En una ramificación interminable de emprendimientos musicales conectados con El Catering, Nicolenco apunta a Milhouse, una banda de nu metal que compartieron con Álvaro y su hermano Julián Ubiría. Algo de aquel grupo inspirado en el amigo de Bart Simpson podría reconocerse en “No hay nadie”, una de las mejores canciones del más reciente LP de El Catering. “Ese tema es una cosa medio Deftones”, admite el guitarrista sobre un tema que luego muta en algo más parecido a Rage Against the Machine o Velvet Revolver.
“Hay influencias que tenemos incorporadas muy inconscientemente y hay otras que surgen con la idea de un riff, tipo ‘estaría bueno meter acá algo de The Police’”, explica Ubiría. “En la interna del grupo decimos que nuestra intención siempre fue abrir el panorama de lo que hacemos y no cerrarnos”, sostiene el artista.
“No somos una banda de estilo. Nos gusta usar diferentes tachos de pintura”, grafica Nicolenco. “Además”, sigue el guitarrista, “como nos conocemos tanto a la hora de componer, si Santiago prueba con algo y me dice: ‘Hagamos esto, onda Foo Fighters’, yo le puedo decir: ‘Para mí, nada que ver’, pero entiendo exactamente lo que me quiere decir”.
20 años, 20 canciones de El Catering. Sábado a las 21.00 en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional Adela Reta. Abre Escarlatina. Entradas a $ 600 en Tickantel. 2x1 para la diaria