Deporte Fútbol

Leandro Umpiérrez, de Peñarol, y Ramiro Lecchini, de Montevideo City Torque, el 27 de octubre, en el Campeón del Siglo.

Foto: Ernesto Ryan, Agencia Gamba

El peso de las certezas: Torque derrotó a Peñarol y avanza en la Copa Uruguay

Contundente triunfo del equipo de Marcelo Méndez.

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De manera clara y justa, Torque derrotó 2-0 a Peñarol en el Campeón del Siglo y clasificó a los octavos de final de la Copa AUF Uruguay. El equipo celeste fue absolutamente superior a un conjunto aurinegro que quedó eliminado del torneo y no podrá defender el título que obtuvo la temporada pasada.

Marcelo Méndez colocó una alineación alternativa en los papeles, pero con enorme potencial y un rendimiento parejo en todas sus líneas. La firmeza empezó desde el fondo con una labor correctísima del golero Gastón Rodríguez, se respaldó en la zaga con la solidez de Brian Gutiérrez y José Tarán, y encontró salida clara por los laterales con Ezequiel Busquets y Facundo Silvera. En la mitad de la cancha, Gonzalo Montes funcionó como un eje estupendo para ordenar el juego, bien acompañado por Lucas Duré y Sebastián Cáceres, mientras que arriba desequilibraron Juan Quintana, el tanque Nahuel da Silva y Ramiro Lecchini.

Diego Aguirre, por su parte, apostó a la rotación, en la noche en que el vigente campeón se jugaba la posibilidad de seguir adelante en la copa: Sebastián Britos; Brian Barboza, Mauricio Lemos, Facundo Álvez, Thiago Espinosa; Tomás Olase, Jesús Trindade, Franco González; Leandro Umpiérrez, Luis Ángulo y Matías Arezo. Un equipo profundamente retocado que pagó caro la falta de rodaje colectivo frente a la frescura de un rival que entendió cómo jugarle desde el primer minuto.

La oncena visitante fue superior durante todo el trámite. Salvo en los primeros minutos, en los que se vio cierta paridad, el combinado celeste dejó la constante sensación de que estaba para ganar y avanzar. En la primera parte se sucedieron varias incursiones ofensivas, aunque sin la profundidad necesaria como para traducirse de inmediato en una cifra abultada en el tanteador, a pesar de que en las corridas de Nahuel da Silva el arquero Britos debió intervenir para salvar en última instancia. Sobre el sector izquierdo, Lecchini se adueñó de la banda y expuso las fragilidades de un adversario que nunca encarnó la fisonomía de un equipo con peso específico.

El quiebre del complemento

Ya desde la primera parte se advertía la superioridad colectiva y algunos destellos individuales de Torque como para desequilibrar, aunque el marcador se mantuvo en cero rumbo al descanso. Fue al regreso de los vestuarios cuando el elenco de Méndez logró traducir en cifras esa diferencia en el desarrollo: primero por intermedio de Da Silva, quien capitalizó una falta sufrida por él mismo para cambiarla por gol desde los 12 pasos.

Del lado mirasol no hubo reacción ni argumentos futbolísticos para buscar la igualdad, permitiendo que el trámite derivara inexorablemente hacia el segundo tanto celeste. La jugada nació de una combinación estupenda entre Silvera, abierto con panorama por la banda izquierda, y el josefino Lecchini, quien recibió un pase medido como una carambola de billar. Lecchini sacó un remate potentísimo que reventó el travesaño –dejando la sensación en la tribuna de que había cruzado íntegramente la línea–, y en el rebote apareció otra vez Da Silva para empujarla con la cabeza y el hombro, sentenciando el 2-0 definitivo que selló la caída del último campeón.

Antes de la llegada del segundo tanto, el juego estuvo interrumpido durante cinco minutos largos a raíz del lanzamiento de bengalas detrás del arco que en ese momento defendía Britos, una escena que no hizo más que calcar lo sucedido en la etapa inicial cuando custodiaba los mismos palos Gastón Rodríguez. A los artefactos pirotécnicos se sumó la caída de botellas desde la tribuna, obligando al árbitro a detener las acciones y coordinar con el jefe del operativo de seguridad la reanudación.

Lejos de encontrar un revulsivo en la pausa, Peñarol continuó atado a su impotencia, sin fabricar situaciones de riesgo que permitieran intuir siquiera el descuento. En las tribunas del Campeón del Siglo flotaba un clima espeso, un humor oscurecido por este golpe copero que se enlaza con la irregularidad mostrada en el Clausura, un bache pronunciado que la institución aurinegra disimula únicamente a través de la ventaja que todavía conserva en lo alto de la tabla anual.

A Marcelo Méndez, conductor del colectivo que mejor lo ha hecho en Uruguay en esta temporada –como queda a las claras con su excelentísima participación internacional, peleando aún la definición del Clausura y ahora también la Copa Uruguay–, le habían endilgado que no le ganaba a Peñarol ni a Nacional. En los hechos, a lo largo de este año eso había sucedido, aunque las sensaciones dejadas por el conjunto ciudadano siempre transmitieron la promesa de un salto inminente. Esta vez lo hizo con un equipo alternativo y de manera irreprochable, acrecentando la idea de que Torque, pase lo que pase al cierre de los campeonatos, se consolida como uno de los colectivos más trascendentes de 2026 en el fútbol uruguayo.

Tras esta victoria, el cuadro celeste completó la nómina de 16 clubes que disputarán desde este miércoles los octavos de final de la copa y ocupó el último casillero vacante del cuadro. Ya sabe que la semana entrante deberá cruzar la frontera capitalina para medirse con el campeón del interior, Libertad de San Carlos, en el Campus Municipal de Maldonado.