Andrea Kimi Antonelli lo hizo: marcó la pole el sábado, largó bien el domingo, ignoró a la jauría experiente que lo amenazaba en la primera curva, lideró sin problemas, mantuvo la calma cuando los estrategistas le indicaron abandonar la punta momentáneamente, y recuperó la primera posición en el último tercio de la carrera para no soltarlo hasta el final.
Con esa victoria en el Gran Premio de los Estados Unidos, en el texano Circuito de las Américas, el italiano de 20 años quedó a un punto de conseguir el título en 15 días, en México, y así transformarse en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1 (hasta ahora es el alemán Sebastian Vettel, que lo ganó con 23 en 2010).
Podrá argumentarse que Kimi Antonelli pilota un Mercedes, y que el equipo alemán fue el que mejor interpretó el reglamento que se estrenó este año, pero eso no alcanza para explicar la enorme diferencia con la que se impuso a su compañero de equipo, el británico George Russell, que era el favorito al iniciar el año.
Tras Antonelli llegó Charles Leclerc, que fue remontando poco a poco tras la decepción en la última parte de la clasificación el sábado, cuando venía marcando los mejores tiempos sesión a sesión y se desmoronó en la tanda definitiva. Ferrari ha mejorado a lo largo del año, e incluso consiguió dos victorias –una de visitante, en Inglaterra–, pero una vez más la hinchada debe mirar adelante, a falta de un presente exitoso.
Fue el podio más parecido a un posible Top 3 de la categoría hoy, porque el tercer lugar lo obtuvo Max Verstappen. Su Red Bull había sido el auto a batir en las últimas carreras, pero es difícil saber cuánto era ventaja mecánica y cuánto talento individual del neerlandés. Protagonizó los mejores momentos de esta carrera, en el duelo inicial con Lecler y en varias persecuciones. Sobre todo, dejó una maniobra clásica, de esas que quedan en la historia del automovilismo, cuando en la vuelta 47, perseguido por Leclerc y complicado adelante por Lando Norris (McLaren), transformó abruptamente una maniobra defensiva en un ataque mortal que confundió a sus rivales y le valió una posición. Luego la perdería, pero la gloria es otra cosa.
En dos semanas, la categoría llega a Ciudad de México y a Kimi Antonelli le alcanzará con sumar un punto para ganar. Si por alguna catástrofe no lo consigue, tiene cuatro carreras más para volver a intentarlo. Salve, campeón.