En los partidos de ida de las semifinales de la Copa Nacional de Selecciones, Nuestro Mundial, los locales mandaron en casa. Tanto en San Carlos, donde la blanca esteña logró vencer a la roja pitanga, como en el Dickinson salteño, el valor teórico de la localía y la proyección de lo que vendrá después se cumplió. Ahora, los ganadores tendrán la faena de definir el puesto de finalista del torneo en condición de visitantes.
Ninguno de los trámites ni los resultados finales de los partidos de ida —de definición muy ajustada— quiere decir que Durazno, en el Silvestre Octavio Landoni, o Río Negro, en el Parque Liebig's de Fray Bentos, no puedan dar vuelta la historia. La posibilidad está intacta para llegar a la definición del torneo que se juega desde 1952 y que, como en aquella instancia fundacional, ha incorporado —esta vez por competencia deportiva y algo de azar en los cruces que la antecedieron— a los cuatro campeones de confederaciones que están definiendo.
Defender nuestro territorio, nuestra gente, nuestra bandera hecha camiseta o nuestra camiseta hecha bandera. Esa fue la tónica de una jornada donde el sentido de pertenencia y la presión del pago chico pesaron más que cualquier pizarra táctica previa. En las canchas del interior, ganar el primer chico en el propio estadio no es solo una ventaja deportiva, es una declaración de principios antes de salir a pelear la clasificación en territorio ajeno. Eso pasó, pero en cualquiera de los dos partidos el resultado final pudo haber sido otro. Podrían haber empatado, y hasta la caravana de hinchas visitantes —que en buen número estuvieron contra el alambrado— pudo haber desenrollado el camino de vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja. No fue así, pero los ómnibus y decenas de autos que hicieron ambos recorridos volvieron mansos, con trasnochados interlocutores sobre los que primaba la idea de “lo damos vuelta en casa”.
El este pudo más que el sur
El sábado, en San Carlos, donde se ha afincado estas temporadas el combinado de la Liga Mayor, se vivió un partido de ida y vuelta desde el comienzo. La roja pitanga pegó primero cuando Nicolás Bravo abrió la cuenta sobre los 11 minutos, en la segunda llegada profunda de los visitantes, con un agudo y profundo Stiven Sosa cargando desde la izquierda para ceder el pase-gol. Tras unos instantes de desconcierto, donde parecía que Durazno se adueñaba del trámite, los de Maldonado, Punta del Este y San Carlos reaccionaron y empataron mediante un hermoso gol de Rodrigo Pérez, uno de los hijos del gol.
Para el complemento, el local se ordenó mejor y comenzó a controlar a la visita. Así llegó el desnivel, con un imponente golazo de Martín Manassi de tijera, como si el polifuncional defensa fuera un 9 tras el Botín de Oro. El 2-1 marca la ventaja necesaria para ir a la caldera del diablo del Landoni el próximo domingo 5 de abril.
Agonía naranja en el Dickinson
En el Dickinson, Salto le ganó apenas y con lo justo, pero de forma hermosamente agónica, con un gol de Nicolás Arbiza para el 1-0 en casa. Río Negro se plantó muy bien, le tomó los puntos a la marca tras los primeros diez minutos de asedio local, e incluso pudo anotar si el Rifle Rosano hubiera conectado mejor una pelota que bailaba la danza del gol cuando quedó solo frente al arco de Silvera.
El trámite se hizo entrecortado, con muchas faltas y poca generación de juego en la zona media, obligando a Salto a echar el resto en el tramo final. El partido estuvo detenido por la dura lesión del fraybentino Bryan Osores —que cayó muy mal en un gran contragolpe tripero y fue trasladado a un centro asistencial; posiblemente tenga una lesión ósea—, pero tras la reanudación, con Río Negro jugando con uno menos —ya había hecho todos los cambios—, cuando el reloj marcaba los 105 minutos de juego, Alan Aranda trepó por izquierda tras un buen toque de Araujo y mandó el centro al corazón del área. Allí apareció Arbiza para mandar la pelota al fondo de la red y desatar la locura salteña. La ventaja es mínima, pero permite a los naranjeros viajar con otro aire al Parque Liebig's de Fray Bentos para definir el boleto a la gran final el próximo sábado.
Space Invaders
Con el formato de una maquinita ochentera —es muy buena la historia de la confección de esta cabina por parte del carpintero mercedario Freddy Ortiz, que fue quien la ideó en su taller, porque fue en Mercedes donde el año pasado se incorporó el sistema en la Liga de Fútbol de Soriano—, se incorporó el sucedáneo rápido y menos ambicioso del VAR.
Estas semifinales tuvieron un componente inédito: el sistema de soporte de videoarbitraje, una herramienta que no funciona como el VAR tradicional, sino que se activa a pedido de los entrenadores, que quemaron todas sus tarjetas pero no lograron revertir las decisiones iniciales de los jueces.
Cada técnico dispone de dos oportunidades para solicitar la revisión de jugadas puntuales —gol o no gol, penal, tarjeta roja directa o error de identidad— mediante una tarjeta que deberá entregar al árbitro. Si el reclamo es correcto, la conserva, si no, la pierde.
Hay un quinto árbitro dedicado exclusivamente a gestionar las solicitudes, con el fin de alterar mínimamente el ritmo natural del juego.