Como si el destino desembocara en el lugar en el que tenía que confluir, la historia de los partidos entre Uruguay e Inglaterra está signada por la paridad y por incrustarse en la historia para siempre en los partidos que han jugado por mundiales, donde la celeste ganó dos partidos decisivos: el de cuartos de final del Mundial de Suiza 1954, el último gol y último partido del Negro Jefe, Obdulio Varela, con victoria 4-2; el del grupo de Brasil 2014, con el retorno de Luis Suárez, sus goles y la victoria 2-1-; y empató el otro, el inaugural en el mismísimo Wembley en el Mundial de 1966.
Es raro, muy raro, pero de los 11 partidos de la historia (empezaron a jugar muy tarde en 1953) he visto ocho de los nueve que se jugaron en mi vida, y un detalle más loco todavía: cinco de ellos los vi en el estadio.
Obviamente, no pude ver el 2-1 en el Centenario de Suiza 1954, porque nací en el último mes de 1960. Tampoco pude ver el de 1964, el del gol de Alberto Spencer en Wembley, en el único partido del ecuatoriano con la celeste. Ese día, jugó la que se llamó la “selección de los chicos”, porque no había jugadores de Nacional ni de Peñarol que estaban en otras competiciones. Nacional, por primera vez, se estaba acercando a la definición de la Libertadores y Peñarol andaba de gira por Europa, fue por eso que en ocasión del tercer partido de aquella gira, que había empezado en Africa con victoria ante Marruecos y seguido en Belfast con derrota ante Irlanda, Peñarol cedió a Spencer para que se pusiera la celeste –había sido internacional ecuatoriano en el Sudamericano de 1959 y por sus actuaciones con la tri fue que llegó a los carbonero–. El más grande ídolo del fútbol de Florida , Jorge Omar Pato Ferreri integraba aquel equipo pero como esa tarde estaba lesionado hizo de comentarista para la radio La Voz del Aire y vio desde la cabina el primer gol uruguayo en Wembley hecho por un ecuatoriano que no volvería a vestir la celeste.
El del Mundial de 1966, el partido inaugural con Horacio Troche, el capitán uruguayo, presentando a sus compañeros a la reina Isabel no lo vi ni ese día –no venía en directo– ni días después cuando lo vieron mis mayores, que en la previa a los fideos amasados en la cocina del domingo en Florida bufaban por lo mal que había jugado aquel equipo de Ondino Viera. Estaba en Jardinera y capaz no dominaba la plasticina, pero si el juego simbólico de la pelotita. Años después, en los 70 lo vi todo en televisión en blanco y negro, y me pareció un gran partido de los uruguayos. Es que Ondino era un gran técnico, el que matrizó en Brasil el 4-2-4 con el que los brasileños años después ganarían todo.
Sí sucedió que el primer equipo europeo que vi en el Centenario fue Inglaterra en 1969 cuando los entonces campeones mundiales ganaron 2-1 en el Centenario. Recuerdo el buzo amarillo y el cerquillo del golero Gordon Banks; ya era un escolar montevideano.
En 1977 me fui al Centenario a ver un gris y alicaído, por no decir espantoso, empate 0-0. Era un liceal con berretines de omnipotente articulando en el camino a la libertad y el miedo a lo primario y perverso de los milicos. Los días y años de la dictadura dejaron esa pátina de grisura que uno no puede sacarse de encima ni en el recuerdo. Uruguay ya estaba eliminado de Argentina 78, pero yo fui con optimismo a tratar de ganarle al equipo en el que estaba al decir del inolvidable relator colombiano del Fútbol Alemán, Andrés Salcedo, que consumíamos semanalmente, al Super Ratón Kevin Keagan. Con cinco jugadores del Defensor del 76, tres de Nacional y un par de Wanderers, más el gran Ildo Maneiro que se lo había llevado Peñarol, casi no atacamos y terminó 0-0.
El del invierno de 1984 fue seguramente el partido en el que sentí que todo era posible para la celeste. Estaba por ser joven padre y el periodismo no era mi ingreso principal. Me hubiese encantado escribir o comentar ese partido en el que según mi viejo recuerdo de joven les dimos un gran vinillo a los ingleses. Con goles del Loco Luis Alberto Acosta y de Wilmar Cabrera le ganamos 2-0 en la helada tardecita del Centenario. Ese día debutó con 18 años Ruben Sosa. Lo disfruté desde la Olímpica tapado con un poncho de campaña de mi viejo; hay recuerdos que abrigan más que la lana.
Unos años después, en mayo de 1990, ya el periodismo escrito y oral era no solo mi principal fuente de ingresos, sino mi sublimación artística y pude realizar la cobertura y la crónica de la maravillosa victoria en Wembley de aquel equipo de Tabárez que le ganó 2-1 a los ingleses con los goles del doloreño Santiago Ostolaza y el salteño José Batlle Perdomo. Una antesala especial para el Mundial de Italia 90.
En 1995 Héctor Pichón Núñez, otro gran estratega, armó un cuadro particular para enfrentar a los ingleses en Wembley en el comienzo de la preparación para la Copa América y planteó una línea de cuatro con Diego Memo López, el Vasco Oscar Aguirregaray, Álvaro Gutiérrez y Paolo Montero por el lateral izquierdo, y el resto, salvo Diego Martín Dorta como eje central, futbolistas creativos; salió 0-0.
Ya dentro de la historia de la diaria, pero no aún en la de Tabárez, en marzo de 2005 la celeste fue a Anfield. Uruguay había quedado fuera del Mundial de Alemania 2006 y no tenía técnico ni selección estable, pero había pactado un partido con el potentísimo equipo ingles en Anfield y allá fue Gustavo Ferrín en ese entonces técnico de juveniles e hizo un partidazo que recién se convirtió en derrota 2-1 en el minuto 95 con un gol de Joe Cole. En la naciente redacción de Paullier aún no había televisor por lo que el partido fue cubierto para algún número 0, en una pizzería de la calle Rivera, en donde todos saltamos con el aún inolvidable gol de Omar Pouso pudriéndola en el ángulo desde 30 metros. Veanlo.
La última vez que jugaron fue en San Pablo en el Mundial 2014 y dificilmente ninguno de los que fuimos contemporáneos de ese partido lo olvidaremos algún día. Fue cuando retornó rápidamente tras la operación de rodilla Luis Suárez, y fue cuando Luis hizo los dos goles con los que inolvidablemente vencimos 2-1.
Veremos que sucede hoy, pero vaya si hay para recordar de los cruces entre los que inventaron el fútbol y los que lo hicieron grande. Hoy habrá otro capítulo, pero hay historias que ya están escritas.