En Valencia, Venezuela, Juventud de Las Piedras empató 1-1 con la Academia Puerto Cabello y, si bien no pudo mantener su posición de clasificación porque Atlético Mineiro venció a Cienciano en Belo Horizonte, quedó expectante y dependiendo de sí mismo en lo que pueda pasar en el último partido, la semana que viene en Cusco, donde enfrentará a Cienciano.
El equipo de Sergio Blanco tuvo un muy buen primer tiempo, en el que sacó una diferencia inicial que sorprendió con el gol del argentino Ramiro Peralta a los seis minutos y recibió un inesperado empate en el minuto 26 por parte de Robinson Flores, quien, ingresando por el lado ciego de la derecha, venció a Sebastián Sosa.
Hizo un buen partido el equipo de Las Piedras, que hubiera quedado mucho más cómodo con la victoria, pero no la pudo lograr.
Inesperado primero, justificado después
Hay cosas que, a veces, la veleta de los partidos no parece indicar y entonces todo tiene un cambio inesperado cuando nuestra mente se iba preparando para otra cosa. Eso fue lo que sucedió con Juventud, que en los primeros cinco minutos había estado sometido por el elenco venezolano, que cargaba sobre el conocido arco sin tribuna de un estadio muy conocido para oncenas uruguayas que han jugado mucho allí en los últimos años, incluyendo el Preolímpico.
Fue a los seis minutos cuando el rochense Renzo Sánchez ensayó el primer ataque del cuadro pedrense —que vistió esa extraña y bonita camiseta turquesa— y, desde la izquierda, hilvanó una jugada larga que terminó con un centro que agarró en media cancha y a contrapierna a Fernando Mimbacas. Este, a contramano, terminó cediendo para quien venía de frente, el argentino Peralta, que hizo dos enganches cortitos buscando el mejor ángulo de remate para su pierna derecha y ejecutó cruzado, venciendo al internacional venezolano Joel Graterol para poner el primer tanto del elenco uruguayo y tomar el crédito de la diferencia para tratar de estar más tranquilo.
Después del gol, Juventud soportó casi con comodidad los embates de los venezolanos y, cinco minutos después, logró aplacar el juego rival quedándose con la pelota y haciéndola circular desde su campo a la media cancha. No lo hizo con la capacidad que pueden tener los colectivos que naturalmente se dedican a eso, sino con cierto peligro y desprolijidad, pero teniendo siempre la pelota, que se sabe que es la mejor táctica defensiva que pueda existir.
El club de Las Piedras trabajó muy bien el juego y, además de tratar de estacionar la pelota lejos de su arco y cerca de la media cancha, generó un par de ofensivas que culminaron en remates de media distancia, aunque pudieron también haber llegado a las redes. En esos 25 minutos iniciales, Gastón Pereiro demostró pinceladas de su calidad y participó de lo trascendente que puede ser para este cuadro en la competencia internacional. Todo eso hasta que, después de la pausa de hidratación —ese miniintermedio para que los técnicos y los deportistas ajusten lo que queda del tiempo—, llegó el empate del club venezolano por parte de Robinson Flores. Fue, otra vez, una acción aislada porque, así como no era esperable el gol inicial de Juventud, de ninguna manera se podía prever que los venezolanos empatarían con ese gol de Flores, cuando Juventud tenía todo controlado y no parecía llegar el empate de la Academia Puerto Cabello.
Los últimos cinco minutos fueron un infierno para el equipo uruguayo, que fue sometido por el ataque de la Academia Puerto Cabello y estuvo cerca de desequilibrar el empate; sin embargo, terminaron yéndose a los vestuarios con el 1-1 y el partido abierto para los 45 minutos finales.
El segundo tiempo empezó sin cambio de futbolistas ni cambios en cuanto a la propuesta, con el dominio de la Academia Puerto Cabello y esta vez con Juventud más volcado atrás y sin poder tener la pelota, lo que representó una incomodidad constante durante los diez minutos iniciales. Blanco, que sufrió la ausencia de su mejor futbolista en los últimos partidos, el zurdo Alejo Cruz —quien, lesionado, ni siquiera pudo viajar a la ciudad de Valencia—, vio que debía reforzar su banda derecha, por donde estaba llegando y desbordando Puerto Cabello. Así dio ingreso al de Ombúes de Lavalle, Federico Barrandeguy, que se recuperó de la lesión que lo había apartado en el último partido de la tercera fase de la Libertadores, y a Juan Martín Boselli, ubicándose como puntero por derecha para tratar de alimentar a Fernando Mimbacas, que durante esa hora larga de partido no había podido recibir ni una sola pelota que le permitiera definir en el área.
Le vinieron bien las variantes a Juventud, que se acomodó mucho mejor en el partido y, además, empezó a sacar jugo de la excelencia de la pegada de Federico Barrandeguy, un lateral capaz de sacar el centro desde cualquier lado y que, además, en la pelota quieta puso peligro desde la esquina. Chapita Blanco hizo dos cambios más para tratar de acelerar el paso, dando ingreso al artiguense Rodrigo Chagas y al canario Bruno Larregui —en sustitución de Facundo Pérez y del rochense Sánchez—, quienes reforzaron la zona de ofensiva del elenco pedrense.
Al final, cuando ya se vio que ninguno podría hacer la diferencia, siguieron intentando, pero quedaron en el empate final 1-1, que deja a los cuatro contendientes de este grupo con posibilidades de pasar a la próxima fase. Juventud está último con 6 puntos y juega ante el equipo de Cienciano, mientras que con 7 están los peruanos, pero también Atlético Mineiro y la Academia Puerto Cabello. Será difícil, por los 3.500 metros sobre el nivel del mar de Cusco, pero posible para ese equipo que ha demostrado estar a la altura de la competencia internacional.