Amalia Romero.

Foto: Alessandro Maradei

Mujeres en las sanidades del fútbol profesional masculino

la diaria conversó con las médicas deportólogas Amalia Romero y Laura Delgado y la kinesióloga Mayra Jakimczuk sobre la actualidad y los escenarios dispuestos para las mujeres en los departamentos de sanidad.

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Cuando Amalia Romero, Mayra Jakimczuk y Laura Delgado arriban a sus respectivos lugares de trabajo, comparten una misma cotidianidad: en los momentos en que los jugadores se reúnen se desarrolla una dinámica de confianza con comentarios que solo ellos comprenden, y al verlas aproximarse se detienen.

Generalmente son comentarios “subidos de tono”, dijo Amalia, médica y jefa de sanidad de Boston River. “Siempre es ‘ay, esperen que está Amalia’”. Si bien dice que se acostumbró, “me río y hago chistes diciendo ‘juicio, compórtense’, y juego. Lo recibo desde el respeto y una consideración”, aunque reflexionó que, si en su lugar hubiera un varón, entraría en la misma dinámica.

De la misma forma le sucede a Mayra, kinesióloga y responsable del departamento de sanidad de Uruguay Montevideo: “Cuando llego y dicen alguna cosa mal hablada, enseguida es ‘che, está Mayra’; ya saben qué chistes se dejan de hacer delante de mí”, comenta, y agrega: “Naturalmente lo frenan, y alguna vez tuve que frenarlo yo; respetan que haya una mujer dando vueltas; después sacás el drama y todo fluye bien”.

Por otro lado, Laura, médica deportóloga y coordinadora de sanidad de los planteles juveniles sub 16, sub 17 y sub 19 de Danubio, lo interpreta como “comentarios o chistes machistas” vinculados al “machismo implícito en toda la sociedad; no debería ser ‘cuidemos porque está la mujer’, no debería de existir ese tipo de chistes”.

A pesar de que en los últimos años existe una notoriedad de mujeres profesionales en las sanidades de los clubes uruguayos, persisten mecanismos de una masculinización dominante dentro del fútbol y, por momentos, da cuenta de que se visibiliza con la irrupción de la participación de la mujer.

Inicios entre prejuicios y espacios agradables

Los comienzos de la deportología para Amalia fue en 2012, en formativas de Progreso y Racing, para el programa gubernamental Gol al Futuro; luego se dedicó a la primera de Racing, hasta 2018, cuando fue convocada para el plantel principal de Liverpool. En 2019 llegó a Boston River.

Amalia reconoce que tuvo que “ser apadrinada por otro profesional varón que diera las referencias y garantías” para estar en los clubes. También contó que presenció “dinámicas de desigualdad; no todas fueron directas, pero sí se pudo haber percibido como prejuicios o barreras que limitaran el desempeño o la presencia femenina, donde tuviera que mostrar que sí estoy capacitada para trabajar como médico”.

Al contrario les sucedió a Mayra y Laura, que visualizan comienzos amenos. Mayra arrancó como kinesióloga en el fútbol en 2016 por medio de un equipo de conocidos que competían en la Organización del Fútbol del Interior, por localizarse en San José. En 2017 llegó a Uruguay Montevideo por dos años con la recomendación de un amigo, que en ese momento era el capitán del plantel.

Luego se volcó al básquetbol y en Nacional femenino, pero en 2026 regresó a Uruguay Montevideo. “No iba a hacer fútbol este año; primero era para cubrir una licencia y ayudarlos a conseguir a alguien, y después, a las poquitas semanas, que no, que estaba fija”, comentó.

En el caso de Laura, ella tomó contacto con el fútbol haciendo suplencias en tercera división de River Plate y en las juveniles de Atenas, pero luego de egresar como deportóloga en 2020, antes de decretarse la emergencia sanitaria en nuestro país, aparece el ofrecimiento formal de Villa Española –que había ascendido a primera– mediante una compañera de trabajo de una mutualista privada: “Me llamó mucho la atención por la propuesta social y cultural”, expresó, y define que “fue una linda experiencia a nivel humano; caí en un momento complicado [pandemia de covid-19] que dificultó el desarrollo deportivo, y aparte porque hubo casos complicados de familiares y allegados de los jugadores”.

En 2022, con la aparición de discrepancias de un grupo de socios con los lineamientos del club, que derivó en una intervención del Ministerio de Educación y Cultura en el club ante una denuncia que realizaron por incumplimientos, Laura renunció a Villa Española en apoyo a quienes llevaban adelante el proyecto.

Otra cuestión que alentó a que Laura dejara momentáneamente el fútbol fue que a mediados de 2021 quedó embarazada de su segunda hija. En los últimos meses de su gestación pensó que se obstaculizaría el traslado al Villa: “Me muevo en bicicleta a todas partes; correr en la cancha ya era más dificultoso”, relató. En marzo de 2023 aparece la propuesta para formar parte de la sanidad de las formativas de Danubio.

La maternidad en el fútbol

A Amalia, Mayra y Laura las atraviesa la maternidad en un universo deportivo con escasas consideraciones y que carece de reglamentos que lo amparen. Laura es directa en apuntar: “Lo que más me dificultó fue combinar la maternidad y el fútbol. No está contemplado, los tiempos del fútbol son otros, no te esperan, no existe la licencia maternal ni existe el medio horario de lactancia”; aclaró que en los espacios que transitó –y transita– lo respetaron: “Hubo entrenamientos que las llevaba [en el Villa]; ahora [en Danubio], si se me complica, las llevo y es un ambiente familiar”.

Laura Delgado.

Foto: Alessandro Maradei

Al igual que en el momento del crecimiento de cada niño, la coordinación para su educación y cuidado es fundamental, algo que Laura comparte con el padre de sus hijas: “Con mi expareja nos combinamos y nos organizamos entre nosotros siempre”, aseguró. Una experiencia que a Laura la atravesó fue cuando el año pasado viajó con el plantel sub 20 a la Copa Libertadores en Paraguay. Danubio avanzó a fases finales y culminó en el cuarto puesto, lo que implicó estar 20 días fuera de su hogar.

Laura contó que debía comunicarse por videollamada con sus hijas: “Para mí fue duro; te viene el sentimiento de culpa, que estás abandonando; fue justo en el comienzo de las clases”. Es por eso que Laura sabe que no volvería a irse tanto tiempo siendo sus hijas pequeñas (9 y 4 años): “Fue una linda experiencia, pero en términos de tiempo fue demasiado”.

El deber de los cuidados en las mujeres también las traspasa, y, en particular, en el fútbol subsisten tiempos marcados (partidos los fines de semana, entrenamientos diarios, etcétera). Por una parte, se distinguen los roles de género: en las mujeres se espera que acaten esos “tiempos del fútbol” y, al mismo tiempo, que no se deje de lado la maternidad.

Laura narró que “un profe [preparador físico] que estaba en Primera División, y estaba como primer profe, se tomó los diez días de licencia por paternidad y cuando volvió lo pusieron a hacer registro de los valores de GPS”, rebajando sus tareas; “si el hombre falta pierde su lugar; la mujer, lo mismo, pero se espera que el rol de madre sea presente”, complementó. “El fútbol tiene que ser lo más importante y lo primordial; no podés resignar tu vida, no te esperan, y si no lo tomás como la prioridad, fuiste”, indicó.

Del mismo modo opina Amalia, que parte de la postergación de su maternidad viene relacionado con que define como “muy exigente la dinámica del fútbol profesional”. Amalia tiene un hijo de 4 años, y “gracias a que tengo una red de contención que me acompaña y me ayuda cuando no estoy, esto funciona y me permite trabajar, pero quizás si estuviera más sola en lo que es la crianza, sería bastante difícil y hubiera tenido que dejar”, contó.

Amalia trabajó en el embarazo los nueve meses por decisión propia, hasta cuando fue el parto y tuvo tres meses de licencia maternal: “En el club me ayudaron muchísimo y llevaron la situación con normalidad”, explicó. El embarazo le permitió trabajar “como si fuera una policlínica normal”, y define que la experiencia como primeriza “fue linda y rara; me creía superpoderosa y que iba a poder correr hasta el último momento”.

Asimismo, vivió situaciones que hicieron notar su condición de mujer; en los últimos meses de gestación, a los partidos “no entraba corriendo, me quedaba sentada y entraba el kinesiólogo o el fisioterapeuta a asistir al jugador caído; lo que les pedía a los jueces era ‘habilitame un lugar más para que puedan entrar los dos integrantes de sanidad’, además del médico, por si hay que resolver una situación más compleja que requiera dos profesionales, y me dicen ‘no podemos”, expuso Amalia.

Para Amalia era generar “un precedente; esto es una situación nueva, soy una mujer médica embarazada que no puede entrar corriendo a la cancha, ¿qué podemos hacer? ¿Hablamos en la AUF? ¿Generamos un nuevo reglamento para esta situación particular?”, pero la respuesta era negativa. Amalia se sentía en condiciones de seguir trabajando, “no tenía ninguna patología que me implicara reposo; lo único que no podía era correr porque estaba con una panza de ocho o nueve meses y me limitaba en las funciones”, agregó.

Mayra tiene una hija adolescente de 16 años que cuando se inició en la profesión tenía 5: “Es un trabajo difícil, maternar, el fútbol y los tiempos; dejás un montón de horas de tu casa, de llevar a tu hijo a la escuela, de ir a buscarlo, los momentos que dejás, las cosas que te perdés. A mí me tocó ir a la cancha mil veces con ella y siempre fue bien recibida”, expresó.

“A mis compañeros siempre les pregunto, y es un debate que lo abro en los grupos masculinos: si el nene está enfermo, ¿quién falta a trabajar?; ‘no, ¿cómo no vamos a trabajar? ¿Cómo vamos a dejar de venir a entrenar?’ [contestan]. ‘¿Por qué no? ¿Por qué no vas a poder decir me quedo en mi casa porque mi hijo está enfermo?’ [pregunta ella]”, evidenció.

Tiempo de trabajo

Los departamentos de sanidad deben contar con médico o médica obligatorio (de especialidad deportología o traumatología) e integrantes para la rehabilitación; para Amalia, “un staff ideal debería ser con médico, fisioterapeuta, que es de la Licenciatura en Rehabilitación, kinesiólogo, nutricionista y psicólogo deportivo”. En Boston River trabaja todos los días de mañana: llegan a la sanidad, evalúan al jugador, atienden, indican estudios de imagen –radiografía, ecografía, resonancia–, hacen el diagnóstico y, junto con el fisioterapeuta, plantean un plan de recuperación para dejarlo a punto para volver con el grupo; “trabajamos en conjunto sanidad y cuerpo técnico”, resume.

El vestuario, espacio de identidad y consolidación del equipo, se organiza de modo que “ya está re mil aceitado”: en el centro de alto rendimiento Dr. Sergio Pérez Lauro La Sastrería los jugadores tienen un vestuario aparte de sanidad, pegado al gimnasio; se cambian allí, pasan por sanidad y van directo al gimnasio, de modo que en los momentos de cambio o ducha mantienen su privacidad y la sanidad queda aparte.

Mayra Jakimczuk.

Foto: Alessandro Maradei

La relación con el jugador, explica Amalia, es “exclusivamente médico‑paciente”, con la particularidad de que el médico integra un equipo que se ve a diario y genera un nivel de confianza sostenido en el tiempo; después de 14 años de trabajo, dice no sentir presión, aunque admite que al inicio los momentos de competencia le generaban más adrenalina, y que los tiempos del fútbol profesional exigen resolver lesiones más rápido que lo que permiten los tiempos biológicos.

Las condiciones de infraestructura siguen “preparadas para los varones”. Amalia recuerda que no se duchaba en el complejo de entrenamiento y que terminó por adaptarse: “Ya no pretendo bañarme en el lugar donde se entrena, me voy para mi casa a ducharme”. Entiende que no habrá un espacio específico para ella mientras sea la única mujer trabajando en cancha, y que generar una infraestructura para mujeres implica otra inversión; podría usar los vestuarios, pero solo muy temprano o después de que pasen los jugadores. Mayra, con una postura más frontal, se pregunta: “Soy la única mujer trabajando, ¿no voy a pedir nada?”, y sostiene que si no reclama un espacio, estaría “cerrando la puerta a que haya más”; cuando volvió a Uruguay Montevideo rechazó un sector pequeñito sin ventana y decidió armar la sanidad en el vestuario visitante, donde había un espacio enorme.

Mayra también concurre por la mañana a los entrenamientos y se intercala con su compañero de sanidad, kinesiólogo y estudiante de fisioterapia; cuentan con un médico de referencia allegado al club que no va a las prácticas, pero está a la orden, y con la médica del club, que asiste los días de partido. Los jugadores pasan por sanidad antes del entrenamiento, durante y al final si aparece algún esguince, desgarro o distensión. En los encuentros, Mayra va primero al vestuario para chequear que todo esté en orden y “estar a disposición y cerca”, pero espera a que estén todos cambiados, porque “el vestuario es un ritual, un manto sagrado; siempre hay que ver los momentos”. Define el vínculo con el jugador como de “confianza total” y destaca la impronta personal, la credibilidad, la honestidad y el carácter con que una se presenta ante planteles que muchas veces no están acostumbrados a tener mujeres en el equipo, un desafío nuevo año a año. Busca el acercamiento, pero también “marca el límite”, está siempre “apretando el freno y el acelerador”, y siente que, una vez que la ven con respeto como profesional, “todo se da de forma natural”.

En Danubio, Laura comparte los entrenamientos diarios a la mañana con las categorías sub 16, sub 17 y sub 19 en el Complejo Ingeniero Héctor del Campo, en Malvín Norte, y solo se desempeña como médica de los partidos de la sub 19, que juega los viernes, lo que le permite equilibrar maternidad y otro trabajo. La sanidad cuenta con fisioterapeuta, readaptador deportivo –para la transición entre la rehabilitación y la vuelta a entrenar con el grupo–, dos kinesiólogos, nutricionista, psicólogo y trabajadora social, en un equipo mixto en el que Laura también se encarga de gestionar estudios y medicamentos. Dice que en el vestuario siempre se sintió incluida –“previo a salir a la cancha, en la arenga, siempre me incluyeron”– y que en el vínculo con el jugador cuida “la privacidad y la intimidad, el respeto, el lugar y el cuerpo del otro”.

Por las que vendrán

Pese a la visibilidad y el avance de las profesiones en sanidad, encontrar un número importante de mujeres dentro de los departamentos supone una dificultad. Mayra asoma una hipótesis a la problemática de la participación: no se inscribe tanto por la inexistencia de espacios, sino por lo que implican los tiempos del fútbol: “No sé si hay tanto interés, no sé cuántas realmente quieren trabajar en el fútbol, exponerse a todo esto y sacrificar un montón de cosas”.

“Tampoco estoy de acuerdo con que sea una obligación que tenga que haber una mujer. Me parece que tiene que ser por mérito y profesionalismo, pero se tienen que abrir las puertas. Si hay mujeres que quieren trabajar en el fútbol, ¿por qué no están trabajando? ¿Quién les cierra la puerta? ¿Por qué?”, manifestó.

Mayra incentiva a las que quieran ingresar al fútbol dentro de la sanidad: “Que entren, se formen y estén preparadas para la exigencia de trabajar sábado, domingo y el lunes volver; que marquen su impronta, que vayan a buscarlo y que nos apoyemos entre nosotras también, darnos las oportunidades, que si me cierran las puertas en un lugar me apoye alguien que lo tenga abierto”.

Laura, por su parte, sigue la misma línea en cuanto a formarse: “Si trabajás de manera profesional, siempre vas a ganarte el lugar y el respeto que te merecés. Es importante con los jugadores establecer límites en el vínculo para poder trabajar de manera cómoda y explicar todo lo que hacés para tener una buena comunicación. Eso me ha sido efectivo para poder sentirme segura en el lugar donde estoy”.

Amalia alienta positivamente: “El ámbito del deporte y específicamente el fútbol en Uruguay es precioso para trabajar; para el que estudia deportología, es uno de los mejores lugares, porque es donde tenés a la población para la cual te formaste”. Al referirse a la especialidad, con los ojos iluminados y una sonrisa, reflejó: “Que se formen con cariño y esfuerzo, que mostrando lo que sabés hacer, el compromiso, lo que querés a tu área específica, eso se transmite y la gente lo valora. Hoy en día hay muchas más posibilidades, sobre todo para las mujeres profesionales; están abiertas las puertas, mucho más que 14 años atrás”, finalizó.

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