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Gabriel Martinelli de Brasil tras convertir el segundo gol ante Japón, en el Estadio Houston, Texas. Foto: Lars Baron /AFP

Brasil le ganó a Japón en la hora y clasificó a octavos de final

Gabriel Martinelli anotó en tiempo de suspiros para los sudamericanos que dieron vuelta un partido que parecía complicado; 2-1 y espera por Costa de Marfil o Noruega.

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Al igual que Canadá el domingo, Brasil ganó con un gol en los descuentos del segundo tiempo para llevarse el pasaje a dieciseisavos de final en resultado 2-1. Ahora jugará con el ganador del partido entre Noruega y Costa de Marfil el próximo domingo. Los asiáticos siguen sin ganar partidos más allá de la fase de grupos en mundiales.

Edificar la complicación

Japón no iba a ser un rival fácil para Brasil; estaba cantado y en el primer tiempo quedó demostrado. Con gol de Kaishū Sano, se fue 1-0 al descanso la selección asiática. El volante interceptó un mal pase de Danilo de la derecha al medio, sobre la mitad de la cancha. Desde que tomó la pelota, condujo sin que nadie le saliera; cuando fueron a ahogarlo, remató cruzado y certero. Alisson se estiró, pero no llegó.

Los nipones se plantaron en un bloque bajo, con una presión intensa y gran trabajo de sus volantes centrales: Sano y Daichi Kamada. Cuando recuperaron y hubo espacios, se animaron. Impusieron condiciones.

Brasil es Brasil

En el primer tiempo, sobre todo luego de recibir el gol, Brasil tuvo alguna situación, pero le costó generar juego. Lucas Paquetá no estuvo claro y Vinicius fue el único creativo. El argumento más peligroso fue la pelota parada.

En el complemento, los sudamericanos dejaron de apelar al juego por abajo y empezaron a enviar balones al área de puestos de 8 y de 10, cerrados al segundo palo. Así llegó el empate con Casemiro, que dejó su zona de balance y se metió en el área para empatar.

Japón sintió el golpe y Brasil parecía seguir de largo; una de Vinicius pegó en el palo y otra la sacaron entre el golero y un zaguero en la línea. Tras el segundo paro de hidratación, los asiáticos volvieron a pararse mejor defensivamente. Vinicius fue la manija, pero no tuvo socios ni espacios y los remates lejanos fueron desviados.

En la última, Brasil recuperó alto, Bruno Guimaraes amagó a pegar, pero metió una asistencia fantástica a Gabriel Martinelli, que remató a la red, poste y adentro para desatar el carnaval carioca. El máximo ganador en la historia de los mundiales sacó el triunfo en la hora y subió un escalón rumbo a su sexta copa.