Toronto, Canadá, 10 de junio. Foto: François Nel, Getty Images vía AFP

Foto: Michael Steele, Getty Images, AFP

Canadá: un anfitrión invisibilizado en su primer Mundial

Con 13 partidos al igual que México, pero notoriamente opacado por Estados Unidos, el tercer organizador se contenta con un rol simbólico y las migas de la máxima cita del fútbol.

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En un Mundial de organización compartida no todos los anfitriones tienen la misma jerarquía. En el primero organizado por tres países, Estados Unidos, México y Canadá, eso se pone de manifiesto. Dejando de lado al protagonista, Estados Unidos, que hospedará 78 de los 104 partidos, México y Canadá recibirán la mísera suma de 13 partidos en su territorio, pero al menos el encuentro inaugural será en el estadio Azteca.

Si México parece tener un protagonismo acotado, el lugar de Canadá es todavía más periférico: será sede, sí, pero con una incidencia deportiva, política y simbólica bastante menor dentro del trinomio organizador. Estados Unidos será hogar y base de entrenamiento de 39 selecciones de las 48, México hospedará a nueve, entre ellas Irán, lo que oficiará de terreno neutro diplomático, puesto que la administración de Donald Trump se opuso a que el seleccionado iraní pernocte en suelo estadounidense, a pesar de que debe ingresar al país para disputar, por lo menos, los encuentros de fase de grupos.

Además, ninguno de los 13 partidos que se jugarán en Toronto y Vancouver corresponde a las fases de octavos de final en adelante, por lo que a partir del 4 de julio ya ningún partido se disputará en territorio canadiense. Además, únicamente tendrán su base allí dos selecciones: Canadá y Panamá.

Su participación queda por detrás de México y Estados Unidos, tanto en la jerarquía de los encuentros como en la relevancia dentro del torneo. No obstante, el país tuvo que destinar cerca de 145 millones de dólares a la seguridad por solicitud de la organización del evento, incluso cuando la asistencia multitudinaria de hinchas de todo el mundo tiene cada vez menor expectativa.

Más que fútbol

El Mundial también se inscribe en un contexto económico particular. Canadá reconoció recientemente estar en recesión técnica por primera vez desde 2020, tras dos semestres consecutivos de contracción, aunque la caída ronda el 1% del PIB.

El dato no es menor si se considera el impacto económico que históricamente han tenido los países anfitriones. Desde Suecia 1958 –y con mayor énfasis desde México 1986–, los organizadores suelen experimentar un crecimiento del PIB el año del torneo y el posterior. Sin embargo, ese impulso convive con el riesgo de las llamadas “infraestructuras elefante blanco”, construcciones que luego quedan subutilizadas.

El primer ministro Mark Carney, sucesor de Justin Trudeau y referente del Partido Liberal, ha sido el encargado de liderar las negociaciones internacionales en torno al evento. Carney mantiene buena relación con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, pero un vínculo más tenso con el presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha insistido en referirse a Canadá como el “estado 51”, una declaración que Carney optó por desestimar: “No vamos a responder ni reaccionar a todo lo que publique”, afirmó.

En paralelo, Canadá se prepara para una instancia clave: en julio se negociará la continuidad del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN 2.0) con Estados Unidos y México. Está sobre la mesa la posibilidad de extenderlo por 16 años, una propuesta impulsada por Canadá y respaldada por México, o someterlo a una revisión anual de sus condiciones, lo que mantendría la inestabilidad económica que los canadienses quieren evitar.

Canadá y el fútbol

La historia de Canadá en los mundiales es breve y adversa. En sus dos participaciones –México 1986 y Qatar 2022– perdió los seis partidos que disputó. En la última edición al menos logró marcar su primer gol, pero no alcanzó para revertir una estadística que lo ubica entre los peores registros históricos. De hecho, comparte con El Salvador el dato de haber jugado más partidos sin sumar puntos, y en la tabla histórica de la FIFA se ubica en el puesto 77 entre 80 selecciones, por la diferencia de goles.

Ese recorrido contrasta con su actuación más reciente a nivel continental: en la Copa América 2024, también disputada en su continente, alcanzó el cuarto puesto tras ser derrotado por penales por Uruguay, mostrando una versión más competitiva. El seleccionado canadiense es hoy dirigido por Jesse Marsch, quien asumió en mayo de 2024. El entrenador estadounidense venía de dirigir a Leeds United en la Premier League, club al que había llegado en 2022 tras la salida de Marcelo Bielsa.

Su ciclo al frente de Canadá forma parte de un proceso todavía en construcción, en un país donde el fútbol compite con disciplinas más arraigadas y que se viven como deporte nacional, como el hockey sobre hielo o el lacrosse.

En ese contexto, la FIFA ha tenido un rol activo en el desarrollo del fútbol canadiense. A través de fondos de incentivo con los que impulsó torneos juveniles de desarrollo en las categorías sub 15 y sub 17 desde 2023.

También se han aplicado allí iniciativas reglamentarias promovidas por el organismo, como la modificación del fuera de juego, la nueva ley del offside propuesta por Arsène Wenger –ex director técnico de Arsenal y actual director de Desarrollo de la FIFA–, que establece que la jugada queda invalidada únicamente cuando el atacante está completamente por delante del último defensor en el momento en que parte el pase de su compañero. La medida se implementa desde abril en la Premier League canadiense.

A jugar

En lo estrictamente deportivo, Canadá integrará el grupo B del Mundial 2026 junto con Suiza, Bosnia y Herzegovina y Qatar. En un grupo competitivo, sus aspiraciones parecen moderadas, aunque con margen para disputar la clasificación. Su debut será este viernes 12 de junio a las 16.00 ante Bosnia y Herzegovina, que viene con viento en la camiseta tras lograr su clasificación mundialista ante Italia por penales luego de empatar en el repechaje europeo.

Para una selección con escasa tradición mundialista como Canadá, cada avance será celebrado. Incluso, en un torneo en el que oficia de anfitrión, su desafío principal es otro: golpear la mesa con un resultado deportivo que llame la atención para dejar de ser un invitado dentro de su propia casa.

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