En un partido de altísima intensidad y en una contienda de igual a igual que solo se resolvió en la última media hora del complemento, Francia revalidó su condición de selección que puede llegar lejos al derrotar 3-1 a Senegal. Sobre todo en la primera parte, el equipo africano dio batalla para poner en cuestión la victoria de les bleus.
Hay datos iniciales que pueden resultar determinantes para el desarrollo de un partido y otros que simplemente serán un apunte irrelevante en el análisis del juego. Antes de que se cumpliera un minuto de juego, Senegal metió una estocada tan profunda que terminó en un tiro de esquina de esos que levantan el griterío del estadio.
En la jugada siguiente Francia respondió con un pase en profundidad para Kylian Mbappé, que no logró resolver su control lujoso y eso impidió que se fuera derecho al gol. Así empezaba el partido, sin el más mínimo respeto de uno y otro por la enorme capacidad de los rivales.
Partidazo
Fue agresivo y audaz el planteo inicial senegalés, a toda energía. A Francia le costó acomodarse en ese partido: recién cuando estaba próxima la frontera del cuarto de hora inicial los franceses se empezaron a sentir más cómodos con la pelota en campo rival y las pelotas largas a las carreras electrizantes de Mbappé dejaron de ser la única oportunidad.
Pero los partidos de fútbol no son compartimentos estancos donde sucede siempre lo mismo, ni tienen una lógica del juego que implique que cuando un colectivo se vuelca por completo hacia campo rival pasa a ser el dominador absoluto. Nicolas Jackson sacó el zurdazo que alimentó la esperanza africana, a la que dijo no el caño derecho de Mike Maignan, y luego la espalda del golero francés y el azar que llevó la pelota al córner y no adentro del arco.
Después de ese remate de Jackson, el partido quedó en la misma secuencia atractiva y emocionante, ya no por acciones de gol, sino porque era palpable que estábamos ante un enfrentamiento de dos distintas y grandes fuerzas. Por un lado, la escuela francesa de tenencia de la pelota y pases ajustados –aunque en este caso muy lejos del arco de Ferland Mendy–; por otro, los rapidísimos desplazamientos de los senegaleses, que en la última jugada del primer tiempo tuvieron el gol cuando un pase filtrado de Sadio Mané para Jackson permitió el centro atrás, pero la llegada de Ismaïla Sarr terminó siendo un remate por encima del travesaño. Un 0-0 sin muchas acciones de gol, pero con una gran batalla táctica y de juego que hacía pensar en un segundo tiempo con más de lo mismo, pero con goles.
C’est la vie
El segundo tiempo también empezó con una dinámica estremecedora. Esta vez, la primera carga lacerante fue de Francia: en la primera jugada después de salir de los vestuarios estuvo a punto de anotar, aunque la pelota se fue un poco ancha. Esos primeros minutos tuvieron un posicionamiento francés más compatible con lo esperado, con mucha gente de camiseta azul en campo rival y pases acertados o robos esperados. A los ocho minutos, Adrien Rabiot robó el balón y, en una potente carrera por el centro, escorado hacia la izquierda, sacó un remate que se encontró con la heroica salvada de Mendy. Unos minutos después, casi la misma jugada, pero con Mbappé como protagonista, volvió a tener una atajada estupenda del gran arquero senegalés, que cubrió el tesoro de sus 7,32 metros de valla.
Llegando al cuarto de hora del segundo tiempo, el estadio se paralizó cuando un ingreso potente de Mbappé por la derecha fue interceptado con una barrida de Mané, que arriesgó mucho, y el delantero francés cayó como eyectado. El árbitro australiano en el campo consideró que no había falta; después de un par de minutos, el VAR lo invitó a revisarla en la cabina y el juez mantuvo su sentencia de no falta.
La carga constante del elenco francés fue ostensible y tuvo su resultado final en el primer gol del encuentro, convertido por el máximo anotador francés de los mundiales, Kylian Mbappé, quien en su tercera participación había sumado un gol más –después serían dos– para poner la diferencia inicial para Francia. Fue un pase entre líneas, casi invisible, de Michael Olise para la profundidad de Kiki, que, oportuno y resuelto, dio una media vuelta sacando un remate esquinado que venció cualquier posibilidad de Mendy y sentenció la apertura del marcador.
Tras el gol, cambió un poco el guion del partido. Los franceses pasaron a dominar ya no solo el marcador, sino también el juego y la tenencia de la pelota, pero los senegaleses siguieron intentando llegar al arco europeo. El partido se definió en el minuto 36, cuando un pase desde el círculo central, de zurda y de 30 metros, de Rabiot para el recién ingresado Bradley Barcola –que había sustituido a Ousmane Dembélé–, que metió una diagonal incisiva terminó en una definición por encima de Mendy del delantero del PSG y un golazo que puso el 2-0.
No se rindió nunca el elenco senegalés. En el segundo minuto de descuento, puso el 2-1 con una anotación de Ibrahim Mbaye, que se escoró sobre la derecha y, al momento de entrar al área, sacó un latigazo para el primer gol senegalés en el campeonato.
Al final, no valió de mucho porque, inmediatamente después de mover, Francia anotó el tercero cuando Olise habilitó a Mbappé, quien a 25 metros del arco se dio vuelta y sacó un impresionante derechazo para anotar el tercero francés y quedar a nada más que dos goles del máximo artillero en la historia de los mundiales, Miroslav Klose.
Partidazo y gran triunfo del equipo de Didier Deschamps, que otra vez parece hacerse lugar entre los candidatos a avanzar en el torneo.