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Maximiliano Araújo, tras marcar el gol del empate durante el partido de fútbol Arabia Saudita y Uruguay, el 15 de junio · Foto: Patricia de Melo Moreira, AFP

Maximiliano Araújo, tras marcar el gol del empate durante el partido de fútbol Arabia Saudita y Uruguay, el 15 de junio

Foto: Patricia de Melo Moreira, AFP

Uruguay cambia el chip: ajustar pensando en Cabo Verde

La celeste dejó dudas en su debut ante Arabia, pero encontró en la reacción del segundo tiempo una versión a la que aferrarse, del otro lado asoma Cabo Verde, un rival que se agranda defendiendo.

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La selección uruguaya ya retornó a su búnker en Playa del Carmen y se mueve pensando en lo que viene. No hay otra, así es un Mundial. Ahora la hoja señalada en el calendario cambia, dice 22 de junio, también cambia el rival, que será Cabo Verde, y se repiten estadio y ciudad, Hard Rock de Miami.

Previo a esta vuelta a la rutina en Playa del Carmen lo primero que surge es la valoración de lo que se vio ante Arabia Saudita. Uruguay terminó con una conclusión que se parece a una moneda: en una cara el fastidio por no poder conseguir la victoria -que nos dejaba como punteros de grupo-, y, al mismo tiempo, del otro lado, la certeza de que en algún tramo del partido apareció un equipo con muy buen juego y que parece ser de donde hay que agarrarse de cara a lo que viene.

El propio Marcelo Bielsa lo dijo al repasar el juego. Parafraseandolo, el primer tiempo fue una versión desdibujada, con poca movilidad, lentitud en la circulación y malas decisiones -o no muy claras- cuando se tuvo el control de la pelota. Uruguay jugó incómodo, lejos de su idea, y el gol saudí lo expuso, porque evidenció errores en el juego aéreo, un equipo partido y un rival que supo leer el momento para golpear.

Todo cambió en el complemento, justamente cuando cambiaron nombres y funciones. Juan Manuel Sanabria entró por el lateral izquierdo y la banda. El zurdo se ofreció, se proyectó, se animó a algo más que custodiar la línea de cuatro, más allá de que suena lógico porque Uruguay estaba en desventaja y tenía que ir por el empate. Bien Sanabria, además dejando en claro que no fue un experimento improvisado ante el bajo rendimiento de Matías Viña, sino que Bielsa ya lo habían probado ahí en entrenamientos anteriores, y se notó. Desde su costado, Uruguay ganó profundidad y nuevas sociedades con Maxi Araújo y el volante que cargaba esa zona.

Por derecha estuvo el otro cambio para bien del partido. Agustín Canobbio jugó como quien sabe que está entrando a un Mundial, estuvo agresivo para presionar, atento a cada pelota dividida, hasta discutió con Dios y todo el mundo. Es cierto que no estuvo del todo claro con la pelota, pero contagió intensidad y carácter. Y eso, en un debut mundialista y 0-1 abajo, fue importante. Su ingreso no solo levantó el ritmo del equipo, sino que también dejó la sensación de que puede ser una opción real desde el inicio.

La entrada de Canobbio llevó a otra variante táctica: Federico Valverde volvió a jugar por dentro. Le sirvió a él y a todo el equipo. Porque mientras estuvo de extremo por derecha Uruguay perdió a su mejor mediocampista en un lugar de la cancha donde que casi no recibió la pelota. Apenas en una jugada —el centro que terminó en el cabezazo de Federico Viñas— mostró lo que podía generar desde ahí. Pero sin embargo, no lo buscaron.

Cuando Canobbio pasó a la derecha y Valverde volvió al centro del campo, el equipo se acomodó. Con Lolo Bentancur como socio cercano y Ugarte sosteniendo el balance, Uruguay comenzó a mandar con la pelota. Valverde apareció entre líneas, probó de media distancia, pisó zonas de remate.

Pensando en lo que viene, ese segundo tiempo debe funcionar como proyección. Para que Uruguay tenga chances ante Cabo Verde necesita laterales con recorrido, extremos que agiten el juego y un mediocampo con su capitán en el lugar donde mejor piensa y ejecuta. El desafío, ahora, será empezar el próximo partido desde esta versión, y no recién cuando lo imponga el marcador.

Otros nenes

Cabo Verde llega como uno de esos rivales que parecen accesibles, pero terminan no siéndolo. Preguntenle a España, que no pasó del cero contra ellos. La africana es una una selección ordenada, solidaria y muy clara respecto a su plan de primero defender, después ver cómo atacar. Por lo visto ante la furia roja, no le incomoda ceder la pelota ni pasar largos ratos del partido replegada cerca de su área.

Ante una potencia de posesión, Cabo Verde ya mostró su libreto con líneas cortas, pocos metros entre defensores y mediocampistas, mucha atención para cerrar los espacios interiores y un arquero protagonista, Vozinha. Además, como conoce sus capacidades, no regala la espalda ni se desarma en presiones altas prolongadas, más bien prefiere un partido largo, de resistencia, donde el rival se vaya desgastando entre pases horizontales y centros previsibles.

Uruguay tendrá que enfrentar a todo eso. No podrá dormir la siesta ni tener errores defensivos como contra Arabia, porque si vamos al punto de la pelota quieta, el método por el cual los árabes atacaron y terminaron haciendo el gol, Cabo Verde la maneja mejor y es uno de sus recursos: van el área con varios hombres cada vez que hay un tiro libre.

Para Uruguay son cuatro días de ajustes. Una victoria lo dejaría prácticamente en la segunda instancia, una derrota le complicaría la vida, lo mismo que un empate, teniendo en cuenta que el rival de cierre será España. Ese rato bueno ante Arabia ya mostró el camino. La verdadera prueba será empezar a recorrerlo desde el arranque contra Cabo Verde, si no quiere volver a correr detrás del partido.

Vamo arriba la celeste.