El sábado se colocó la piedra fundacional del nuevo estadio de Liverpool en Belvedere. En el acto habló el presidente del club, José Luis Palma, quien definió el hecho como un “paso histórico para la institución” y enfatizó la preciada tradición que conecta al negriazul con el barrio y la historia misma del fútbol uruguayo.
Al borde de los pozos que la excavación de la obra –ya en marcha– ha dejado en donde solía estar la cancha, pero con la leyenda “Aquí nació el fútbol uruguayo” todavía en pie en uno de los muros del costado. El acto contó con la presencia de hinchas y socios de Liverpool, así como de varias autoridades del gobierno, como el presidente de la República, Yamandú Orsi, el ministro de Turismo, Pablo Menoni, y el titular de la Secretaría Nacional del Deporte, Alejandro Pereda. También estuvo el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, quien al final del evento tomó la palabra para felicitar a la institución y otorgar un presente, a pesar de la reprobación manifiesta –hubo silbidos y abucheos– de algunos de los asistentes.
Palma comenzó por destacar la fecha, ligada a ese nacimiento del fútbol uruguayo que ostenta el paredón. “¿Por qué se fijó este día y no cualquier otro? Hoy es 15 de agosto. Otro 15 de agosto, hace 116 años exactamente, en este mismo lugar, 11 gladiadores celestes vistieron por primera vez en su pecho este color, que es un símbolo de unidad nacional”, expresó, narrando cómo la selección uruguaya adoptó esta camiseta en esta cancha, que por entonces le pertenecía a “la gloriosa institución Montevideo Wanderers”.
El presidente negriazul hizo un repaso de las veces que la cancha de Liverpool estuvo bajo amenaza, desde una antigua propuesta de construir allí un “hospital del norte” y otra más reciente de un grupo empresarial que quiso poner un shopping.
“La fecha que elegimos va de la mano con el lugar”, expresó. “Es hoy y es acá. No puede ser en otro lado”, enfatizó Palma, y comentó que hubiera sido mucho más fácil elegir otro lugar, porque “arrancar de cero es mucho más económico que sacar 70.000 metros cúbicos de material”.
El dirigente también habló de números: “¿Por qué ahora? Porque tenemos los recursos”. Señaló que la previsión inicial era invertir entre 20 y 25 millones de dólares en el estadio, aunque “ahora vemos que no nos va a alcanzar con 30 millones”. “Pero los tenemos. La previsión inicial era la mitad de lo que habíamos ahorrado todos estos años, por eso no nos disgusta el sobrecosto que estamos enfrentando, porque es en pro de la calidad, de que nuestros sueños se cumplan en totalidad”, expresó.
“El destino quiso que entre tantos liverpoolenses estuviera el doctor Héctor Lescano”, agregó Palma, en referencia al exdirigente frenteamplista y exministro de Turismo y Deporte, presente en el lugar. El presidente de Liverpool reconoció la gestión de Lescano para conseguir “los votos de ambas cámaras para enajenar este predio para nosotros”, una condición a su juicio clave para el proyecto. “Esta es propiedad nuestra, pero es patrimonio de todos”, resaltó.
Según Palma, el nuevo estadio “se va a construir gracias a las transferencias de los jugadores”. “La única virtud que reconozco en mi gestión como presidente es mi trato con los jugadores. Ahí está la plata; a ellos, el agradecimiento”, afirmó, e hizo un recorrido por las significativas transferencias que ha hecho Liverpool durante su mando, hasta llegar a la de Kevin Amaro, concretada, justamente, el sábado (irá a jugar al Genk de Bélgica). “Se firmó hoy, 15 de agosto. Si se habrán alineado los planetas”, apuntó Palma, que aseguró que con esta venta “da para comprar el techo” del nuevo estadio.
Explicó, además, que el estadio tendrá una capacidad de entre 15.000 y 20.000 espectadores, que la construcción será de hormigón armado y que aún no ha sido designada la empresa constructora, aunque “cuatro de las mejores empresas de nuestro país están en carrera”.
Desmintió, asimismo, la versión de que el estadio se llamaría “El bosque azul”. “El estadio va a llevar el nombre de quien ponga más dinero, que va a ser una empresa internacional”, señaló, y citó el ejemplo del Claro Arena de Universidad Católica de Chile y del Más Monumental de River Plate de Argentina.
Para cerrar la presentación, Palma prometió “algo que nadie espera”. “Se trata de un artefacto que adquirí hace muchos años y que mantuve oculto para, precisamente, el momento que yo soñé, que es el de hoy. En Belvedere hubo a comienzos del siglo XX compañías de tranvía, acá hubo una estación, yo recuerdo que el último tranvía salió de esta zona de Belvedere y fue para la Barra de Santa Lucía. Mi padre tenía campo en Casupá, yo iba en tren, me lo tomaba en la estación Yatay, y en esa estación había algo: una campana. La adquirí a través de internet con un coleccionista”, contó, antes de mostrar una pesada campana de hierro con la inscripción “Belvedere”.
“Tengo el sueño, que se va a cumplir, de que cada vez que nuestro equipo salga a la cancha, su capitán haga sonar la campana”, expresó. Después, llamó a Emiliano Alfaro –“nuestro máximo ídolo”–: “Le voy a pedir que le dé la salida al tranvía. Esta vez el destino no es la Barra. ¡El destino es la gloria!”, exclamó, y dejó sonar la campana.
Presentación en la Intendencia de Montevideo
La segunda parte de la presentación del futuro estadio se realizó en la Intendencia de Montevideo, donde se profundizó en los detalles del proyecto El Bosque Azul, el concepto que enmarca la construcción del complejo en Belvedere. Rafael Radi, uno de sus impulsores, explicó a la diaria que el trabajo buscó una armonía y un avance sinérgico entre el desarrollo de una infraestructura deportiva de excelencia y una conexión directa con la comunidad, el barrio y la ciudad, a través del concepto de estadio abierto y de espacios públicos de calidad asociados a la naturaleza. Según Radi, la síntesis de la propuesta queda en una frase: "donde fútbol, comunidad y naturaleza crecen juntos". Radi, además, destacó el trabajo conjunto con Carlos Arcos —el arquitecto que diseñó el estadio de Curitiba para el Mundial 2014—, Daniel Benech y el equipo de Cuatro Nodos.
El libro del proyecto desarrolla la metáfora que le da nombre al proyecto. El Bosque Azul se organiza en capas que replican la estructura de un bosque. Las raíces representan la memoria cultural del club, su ubicación y su solidez institucional; el sotobosque es la vida pública que se genera dentro y fuera del estadio, a través de una "calle activa" que potencia la relación con la comunidad; los troncos son la supraestructura modular que sostiene las tribunas y al público; la canopea es la gran cubierta protectora que corona el diseño; y el ecosistema es la red de flujos sociales y tecnológicos que permite que el estadio "respire" y crezca junto al barrio.
Esa lógica se traduce en un diseño que evita deliberadamente la configuración de un recinto aislado. En ese sentido, habrá numerosos puntos de acceso, coordinación con el transporte público, un estacionamiento con espacios de carga para vehículos eléctricos, y locales comerciales bajo las tribunas conectados con los espacios verdes, sobre las calles Julián Laguna y Carlos de la Vega. El proyecto contempla además zonas de sombra natural, jardines de especies nativas —con valor ecológico y educativo— y una selección de arbolado que incorpora, de manera simbólica, los colores del club: especies de floraciones azules, como el jacarandá, y de tonalidades oscuras en follaje, troncos o frutos, como el timbó.
En materia de sostenibilidad, el campo de juego será de césped híbrido, que combina césped natural con una proporción menor de fibras sintéticas para ganar resistencia y durabilidad sin resignar los beneficios ambientales del césped natural en captura de CO₂ y liberación de oxígeno. Los jardines de lluvia —depresiones vegetadas que captan y filtran el agua pluvial— completarán la gestión sustentable del agua en el complejo.
El cronograma de obra se estructura en seis fases a lo largo de aproximadamente dos años, desde la preparación del terreno y las fundaciones hasta la instalación final del equipamiento tecnológico y operativo. El proceso contempla también una serie de hitos simbólicos: la plantación del primer árbol, como inicio del "bosque"; la llegada de la canopea azul, como momento emblemático del montaje de la estructura; y, finalmente, la inauguración deportiva, con la disputa del primer partido oficial en el nuevo estadio.
El proyecto plantea, según se explicita en el propio libro, una evolución paisajística a largo plazo. Para el quinto año, el complejo presentará la apariencia de un parque establecido; a partir del décimo, el arbolado ofrecerá sombra y biodiversidad plena; y entre los 20 y los 50 años, los árboles alcanzarán un porte maduro, en lo que el proyecto define como "una herencia verde para la posteridad".
