Juan Manuel Sanabria trota por el Mayakoba Training Center. Tiene cuatro compañeros al lado y trota. De fondo el cinturón alto de los manglares; adentro, en su cabeza, la oportunidad que desean tres millones: jugar un Mundial con la selección uruguaya.
A los 26 años, en un plantel con figuras que atrapan la atención pública, Sanabria corre humilde y confiado. El zurdo, que tiene una versatilidad interesante que le permite jugar en toda la banda izquierda, sea lateral, carrilero, volante o extremo, llega a la Copa del Mundo después de construir una carrera lejos de los focos, sostenida por la constancia, la superación propia y una característica que lo convirtió en un futbolista especialmente valorado por Marcelo Bielsa: la capacidad de correr, presionar y jugar 90 minutos sin bajar la intensidad.
Y Bielsa, por eso y por otros factores, lo considera en sus planes. Lo pone de titular; lo quiere ver ahí, en el funcionamiento con los que pueden entrar desde el vamos. Busca el trillo en un sector donde el entrenador tiene dudas, sobre todo por cómo llegan –justitos con su recuperación de sus respectivas lesiones– Matías Viña y Joaquín Piquerez. Y Sanabria, como cualquiera de nosotros, se ilusiona.
Este soy yo
Sanabria fue un joven talento, de esos que se van prematuros al exterior. La de siempre: los cazadores de talentos lo ven, hacen informes, ofertas, y se los llevan a bajo costo –para el marcado europeo, pero mucho dinero para los bolsillos locales–. En muchos casos, conviene decirlo, esas joyas tempranas después no logran convertirse en superestrellas ni nada que se le parezca. Tampoco es el caso de Sanabria. Sin embargo, el gurí que pegó el salto de Florida a las juveniles de Nacional ha logrado sostener una carrera de buena a muy buena, sorteando y haciéndoles frente a todas las vicisitudes que se le cruzaron por el camino. Por eso, para mi gusto, es un ganador.
Nació el 29 de marzo del 2000 en Florida. Jugó al baby fútbol en su ciudad, en el tricolor floridense, y de ahí pegó el salto a las formativas de Nacional de Montevideo. Por sus cualidades, en el tricolor llamó la atención de sus entrenadores y fue escalando categorías. Su pico máximo fue ganar la Copa Libertadores sub 20 en 2018.
Lo mismo pasó con las selecciones juveniles uruguayas: las hizo todas, desde el Sudamericano sub 15 –en Brasil, con Uruguay subcampeón– hasta la sub 20, a lo que hay que sumarle la participación en la sub 23 preolímpica que intentó ir a Tokio 2020.
El salto
En 2018, cuando todavía tenía el título de campeón de América bajo el brazo, Atlético de Madrid se lo llevó pagando un millón de euros. El traspaso, que hoy parecen monedas, en ese momento fue una de las ventas más importantes de Nacional en materia de juveniles.
Paso a paso, lejos de creer que esa venta con la anuencia de Diego Simeone, director técnico de los colchoneros, era para jugar en el primer equipo, Sanabria cambió de colores pero continuó con la etapa marcada por el aprendizaje. En cierto sentido, está bien que así sea. ¿Cuántos jugadores “apurados” quedaron por el camino?
El zurdo jugó en las inferiores, luego pasó a Atlético B, donde jugó una treintena de partidos para después, con un solo encuentro jugado en el equipo principal, ser traspasado a Zaragoza en 2020, donde con 20 años jugó en la Segunda División. Es cierto que no tuvo continuidad ni se consolidó como titular, pero hay que darse el lugar para pensar que esos pasos resultaron fundamentales para completar su formación y conocer las exigencias del fútbol de élite. Y esos pasos, inexorablemente, lo trajeron hasta acá.
La explosión
Un día apareció México y por qué no bajar un escalón para tomar impulso. Atlético San Luis, una suerte de filial de Atlético de Madrid en México, buscó su préstamo y lo consiguió ofreciéndole continuidad y confianza. Así es el destino o el comienzo de esta historia que sé bien que es verdad: lo que comenzó como una oportunidad para sumar minutos terminó convirtiéndose en la etapa más importante de su carrera –hasta el momento–. Desde que llegó y durante las casi cinco temporadas que estuvo fue titular y pieza clave del equipo. Aquel 5, o hasta 10 de las juveniles de Nacional y de las selecciones uruguayas, se fue afinando y ganando el lugar de ocupar la banda izquierda para todo.
Y acá llegamos a lo que no debería sorprender: Bielsa lo siguió de cerca. El entrenador, acostumbrado a analizar mucha información de todos –todos– los jugadores citables, vio en Sanabria buenos rendimientos y mejores números, a tal punto que en una conferencia, el año pasado, dijo que, en ese momento, “nadie tiene más ritmo que él”.
Más allá del elogio puntual, la situación da pie para entender qué ve el DT en Sanabria, por qué lo considera no solo elegible, sino posible titular entre todas las alternativas que tiene. Y si bien Sanabria no la descosió desde temprana edad en Europa, nunca paró de crecer, de afianzar su recorrido inagotable en los partidos, su versatilidad a la hora del juego, sin problemas para defender o atacar, capaz de sostener presiones altas y por eso cumplir diferentes funciones tácticas sin alterar el funcionamiento colectivo.
Será o no titular en el debut, no lo sabemos. En los diferentes entrenamientos el entrenador lo probó en el lateral izquierdo y también como volante por ese sector. Su versatilidad es un punto a favor para resolver las incógnitas de quiénes jugarán en ese lugar de la cancha, sobre todo si los laterales naturales no están para jugar o si Mathías Olivera es desplazado hacia el centro de la zaga para cubrir las bajas que también hay en ese sector. Bielsa dirá. Sí sabemos que esa consolidación en México le valió la venta a Real Salt Lake, de la Major League Soccer, donde se adaptó rápidamente y mantuvo el nivel que lo acercó a la selección.
El camino de Sanabria fue gradual. Hoy, con 26 años, está atravesando su plenitud física después de juntar experiencia en cientos de partidos y un par de mudanzas. En estos días, mientras Uruguay ultima detalles en Playa del Carmen antes del debut contra Arabia Saudita, él trota y piensa. ¿Y si todo este recorrido desemboca en el escenario más importante del fútbol mundial?