Marcelo Bielsa ha pasado los días posteriores al debut con Arabia Saudita moviendo las fichas como quien adelanta jugadas en un tablero que todavía no existe. En Playa del Carmen, bajo un calor pesado y con los regadores encendidos, en la práctica del viernes se empezó a mostrar el nuevo boceto para enfrentar a Cabo Verde: un equipo más liviano, más dinámico, con la necesidad de que juegue más cerca del área rival aun sabiendo que, de alguna manera, tendrá que tomar recaudos. Según el entrenador en declaraciones a DSports, enfrente habrá “un equipo físicamente sólido, técnicamente apto y de carácter”, un rival preparado para resistir largo rato cerca de su arco, tal como lo hizo en su debut contra España.
En la mitad de la cancha estará el corazón de la cuestión. Donde jugó Manuel Ugarte, por sus características jugador importante en el barrido y las coberturas defensivas, ahora aparecerá Nicolás de la Cruz, distinto, que pide la pelota entre líneas, gira y acelera. Más allá de que el cambio no se trata de ficha por ficha, la variante es arriesgada porque Bielsa imagina un mediocampo que se instale de entrada en la cancha contraria, que se anime a filtrar, a buscar paredes cortas con diagonales, a romper la monotonía del pase seguro hacia atrás.
Sin Ugarte y con De la Cruz más suelto, Rodrigo Bentancur y Federico Valverde pasarán a ser socios en la mitad de la cancha. La garantía serán sus características: ambos reciben, tocan, cambian de frente, moverán a un bloque bajo de Cabo Verde para que se canse corriendo detrás de la pelota. La prioridad, como explicó el técnico, es “imponer lo que Uruguay es como equipo y la calidad de sus individualidades” por encima del plan de Cabo Verde.
Por afuera, el esquema también se afina. En el lateral izquierdo, Juan Manuel Sanabria asoma como una pieza clave de lo que pretende el técnico. Viña ofrece recorrido y oficio defensivo, pero se lo vio muy impreciso contra Arabia y eso le costó la sustitución, primero, y el puesto ahora; Sanabria, por su parte, tiene más proyección y vocación ofensiva, se atreve con la pelota, incluso tiene mejor centro. Con Sanabria en ese costado y Arabia como antecedente, es buena noticia para Uruguay que la banda zurda tenga un poco más de profundidad.
Del otro lado, en el extremo derecho, aparecerá Agustín Canobbio, un mediapunta que buscará asociarse con el lateral Guillermo Varela, también es un jugador que aprieta arriba, que rompe corto hacia afuera o hacia adentro y que le abre un pasillo interior a Valverde para sus llegadas o tiros al arco.
Con Muslera detrás, Varela, Cáceres, Olivera y Sanabria en la línea de cuatro, Bentancur, Valverde y De la Cruz por dentro, y Canobbio, Viñas y Araújo en la última línea, el equipo se parará mucho más adelantado. La idea es clara: si el otro se mete atrás, que sufra corriendo detrás de la pelota y no al revés, aunque Bielsa ya advirtió que no siempre se consigue en el resultado todo lo que se merece en el juego.
Pero todo plan tiene su contracara y este no es la excepción. Sobre todo con la salida de Darwin Núñez, se pierde un hombre importante para las pelotas aéreas. Uruguay se queda con menos centímetros para defender córneres y tiros libres laterales, por lo que deberá tomar sus recaudos al respecto –más viniendo de tomar un gol de esa forma–. Cada desconcentración en la marca, como la del gol recibido ante Arabia, puede ser una amenaza concreta.
También tendrá que ajustar el retroceso. Sanabria es muy de irse arriba y puede dejar claros en su zona, la que tendrá que cuidar Mathías Olivera o Sebastián Cáceres; Bentancur, si bien está acostumbrado a jugar de volante central, también por sus características puede tomar decisiones de avanzar metros para jugar cerca del área, situación de juego que dejará un claro en el mediocampo si alguno de sus compañeros no ocupa rápido esa zona tras la pérdida de la pelota.
Los riesgos están, pero Bielsa los asume igual porque es un partido clave para buscar los tres puntos. El entrenador elegirá un equipo que se pare más adelante, que tenga más juego, más movilidad y más variantes para abrir la defensa africana, a cambio de aceptar que va a necesitar una concentración casi perfecta cuando la pelota venga por aire o tome con contragolpes a su equipo tirado al ataque. En suma, el que no arriesga no gana.